La bahía va y viene

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Con la pleamar, el agua se quedó cerca de los límites del muelle. / Andrés Fernández

  • El coeficiente más alto de las mareas vivas de septiembre siembra los paisajes de costa de imágenes poco frecuentes

Ni Moisés –el de Los Reginas, no el de la Biblia– fue capaz de abrirse paso con ‘la pedreñera’ por la bahía. Más que nada, porque con la bajamar de media mañana, casi no había agua a la vista. Lo milagroso, en este caso, no hubiera sido hacer camino entre las olas, como ese Charlton Heston con largas barbas en ‘Los diez mandamientos’. Lo increíble era flotar y no quedarse atascado en un fondo mucho más visible que de costumbre. Fue un sábado de mareona en septiembre. La más viva de las que quedan este año. Ideal por la tarde para irse por el Cubas, pero que peló la postal a los que, asombrados, se pusieron a sacar fotos cuando menos altura tenía el Cantábrico.

Los que miran la tabla a diario la tenían apuntada. Mareas, septiembre. Ellos saben lo que pasa. A eso de las diez y media de la mañana, una estampa descarnada. Siguiendo con las cosas de la Biblia, ideal para caminar sobre las aguas. Desde el Balneario de La Magdalena hasta la isla de La Torre, casi sin mojarse los pies. Un paseo distinto. Y a los que miraban desde Somo o Pedreña les costaba encontrar la orilla en el horizonte, entre moluscos pegados a los muros y barcos con todo a la vista por falta de líquido en el que ocultar los bajos. La estampa de un gran buque, en el Puerto de la ciudad, fue de las más comentadas. Una mole con el casco azul sobre poco más que un charco. También las de las dificultades para los Reginas o los bajos del muelle santanderino, desdentados y desnudos. Transitables como rara vez lo son. Llamativo, como todo el escenario.

En las mediciones, coeficiente 111. No es el más alto del año, pero sí de los que quedan hasta que termine. Y, desde luego, el más llamativo de todo septiembre –el viernes fue de 107 y hoy será de 109–.

Ya por la tarde

Ni Moisés –el de Los Reginas, no el de la Biblia– fue capaz de abrirse paso con ‘la pedreñera’ por la bahía. Más que nada, porque con la bajamar de media mañana, casi no había agua a la vista. Lo milagroso, en este caso, no hubiera sido hacer camino entre las olas, como ese Charlton Heston con largas barbas en ‘Los diez mandamientos’. Lo increíble era flotar y no quedarse atascado en un fondo mucho más visible que de costumbre. Fue un sábado de mareona en septiembre. La más viva de las que quedan este año. Ideal por la tarde para irse por el Cubas, pero que peló la postal a los que, asombrados, se pusieron a sacar fotos cuando menos altura tenía el Cantábrico.

Los que miran la tabla a diario la tenían apuntada. Mareas, septiembre. Ellos saben lo que pasa. A eso de las diez y media de la mañana, una estampa descarnada. Siguiendo con las cosas de la Biblia, ideal para caminar sobre las aguas. Desde el Balneario de La Magdalena hasta la isla de La Torre, casi sin mojarse los pies. Un paseo distinto. Y a los que miraban desde Somo o Pedreña les costaba encontrar la orilla en el horizonte, entre moluscos pegados a los muros y barcos con todo a la vista por falta de líquido en el que ocultar los bajos. La estampa de un gran buque, en el Puerto de la ciudad, fue de las más comentadas. Una mole con el casco azul sobre poco más que un charco. También las de las dificultades para los Reginas o los bajos del muelle santanderino, desdentados y desnudos. Transitables como rara vez lo son. Llamativo, como todo el escenario.

En las mediciones, coeficiente 111. No es el más alto del año, pero sí de los que quedan hasta que termine. Y, desde luego, el más llamativo de todo septiembre –el viernes fue de 107 y hoy será de 109–.