Desamor ante notario

Los notarios de Cantabria han casado a 29 parejas. Por el contrario, en sus despachos han roto su relación otras 86.
Los notarios de Cantabria han casado a 29 parejas. Por el contrario, en sus despachos han roto su relación otras 86. / Ignacio Perez
  • Los fedatarios cántabros han cursado un total de 86 divorcios y 29 bodas desde la entrada en vigor, en julio del año pasado, de la denominada Ley de Jurisdicción Voluntaria

  • Dos de cada tres parejas que entran en una notaría para definir su estatus sentimental salen separadas

Los 38 fedatarios del Colegio Notarial de Cantabria, al que próximamente se incorporarán tres más, han cursado un total de 86 divorcios y 29 bodas desde la entrada en vigor, en julio de 2015, de la Ley de Jurisdicción Voluntaria, que atribuye a los notarios la capacidad de separar o unir a una pareja siempre que haya mutuo acuerdo entre las partes y no existan hijos menores o con una discapacidad. Vista con la prudencia aconsejada, la cifra revela que, por el momento, dos de cada tres parejas que entran en cualquier notaría de Cantabria para definir su estatus sentimental salen separadas.

Alumbrada con el objetivo último de descongestionar los juzgados, liberándolos de asuntos en los que no hay contienda entre las partes, la Ley de Jurisdicción Voluntaria ha puesto en manos de los notarios una herramienta de gran utilidad para reducir a la mínima expresión los trámites que una pareja debe realizar si pretende divorciarse o contraer matrimonio.

Sin embargo, lo ha hecho a medias y a hurtadillas. A medias porque las notarías todavía no están facultadas (lo estarán en julio de 2017) para tramitar el expediente matrimonial, lo cual no evita a los contrayentes su paso por el juzgado. Y a hurtadillas porque, a diferencia de los procedimientos de divorcio -que requieren de un abogado puesto al día en las normativas vigentes y, por tanto, sabedor de que su cliente puede divorciarse ante notario-, los de matrimonio no precisan de un letrado que le informe al suyo de que, de la misma manera, pue-de casarse ante notario.

Esto, el escaso recorrido burocrático que se ahorran quienes desean contraer matrimonio por esta vía, por un lado, y su desconocimiento de la norma, por el otro, justifican el hecho de que en la actualidad, transcurridos ya casi trece meses desde la entrada en vigor de la ley, el número de parejas que salen de una notaría casadas sea considerablemente inferior que el de las que salen divorciadas.

Al menos eso ha deducido el decano del Colegio Notarial de Cantabria, José Corral, que quiere pensar que, «conforme pase el tiempo», las cifras de bodas en las notarías «se irán equiparando a las de los divorcios».

Corral, que asegura que en su notaría de Castro Urdiales ha autorizado en los últimos cuatro meses «más bodas que divorcios», reconoce que esta no será la tendencia general hasta que la ley no dé a los fedatarios plenitud de competencias a la hora de poder celebrar una boda, o sea, hasta que los expedientes matrimoniales puedan tramitarse sin salir de la notaría.

«Entonces sí, es probable que las solicitudes de matrimonio se multipliquen en nuestros despachos», augura el decano, que entiende que las parejas interesadas en casarse «van a saber apreciar la agilidad» que ofrecerán las notarías frente a otras instancias.

Privacidad

«Y no solo la agilidad, que también, sino la privacidad que proporciona», añade al respecto Pablo de Torres. En su despacho de Muriedas se firmó una de las primeras bodas celebradas en una notaría de Cantabria. Para no serle infiel a la estadística, después ha aprobado dos divorcios y, por lo que cuenta, está ya a punto de autorizar el tercero.

De Torres piensa que las parejas que van a casarse a una notaría persiguen principalmente la discreción, un elemento que el decano no excluye del perfil de los contrayentes -«esta vía la utilizan tanto parejas que solo acuden con sus testigos porque desean una boda discreta como parejas que acuden con familiares y con amigos», afirma Corral- y al que también hace referencia otro más de sus colegas.

«Considerando que una boda es una fiesta de la que la pareja quie-re hacer partícipe a todo el mundo, hacerla en una notaría puede parecer, además de un poco frío, un acto propio de quien busca privacidad», reconoce Jesús Mantilla, que todavía no ha celebrado ninguna en su despacho de Reinosa. Al contrario. «Yo solo he aprobado divorcios», dice el notario. Cuatro, en concreto. «El primero, la misma mañana en que entró en vigor la nueva ley». Si no fue el precursor en Cantabria no anduvo lejos.

«Pero llegarán», concluye Mantilla, seguro de que el año próximo conseguirán equilibrar una estadística en la que solo despunta el divorcio se mire desde donde se mire. Da igual si desde Castro Urdiales, donde el decano cuenta las horas, si desde Maliaño, si desde Reinosa o si desde San Vicente de la Barquera, donde el notario Nadal Pieras, que ha autorizado cinco divorcios, solo ha aportado una boda a la causa matrimonial.

«Y porque era un amigo», dice. «Sabía que la ley nos iba a autorizar a los notarios a aprobar bodas y decidió esperar a que pudiera casarle», explica Pieras, que lamenta el desconocimiento que hay de la norma. «Eso y que todavía no podamos realizar todos los trámites requeridos está afectando a la firma de bodas», conviene el hombre, que da fe del desamor ante notario.

«Suena un poco frío, pero teníamos que casarnos así»

Si la Ley de Jurisdicción Voluntaria no hubiera existido, y el notario no le hubiera podido casar, es muy posible que Martín hubiera tenido que rechazar una oferta de trabajo en Níger, donde hoy trabaja como ingeniero. El chico y su novia, Yazmín, habían pensado en contraer matrimonio después de este verano, «pero recibí una oferta para irme a trabajar a Níger y luego a Chad» y la cosa se complicó.

Martín y Yazmín.

Martín y Yazmín. / DM

«En algunos países árabes no aceptan el status de pareja o novios, así que si queríamos irnos juntos teníamos que casarnos» y hacerlo lo más rápido posible para no perder esa oportunidad. Martín, castreño, preguntó en el ayuntamiento de su municipio, «pero no nos daban cita hasta tres meses después». Y en el juzgado de la localidad, donde tampoco les dieron una fecha próxima aunque sí una pista certera. «Allí nos enteramos de que podíamos casarnos en la notaría», donde la pareja contrajo matrimonio el pasado día 6 de mayo. «Fue un poco frío, pero teníamos que hacerlo así».