"Escuche atentamente y no cuelgue, esto es un secuestro y tenemos a..."

Las llamadas suelen ser a un teléfono fijo.
Las llamadas suelen ser a un teléfono fijo. / DM .
  • La Policía confirma que en los últimos quince días se han producido, al menos, dos llamadas en Cantabria para intentar conseguir un rescate con un ‘secuestro virtual’

Suena el teléfono. Lo primero, gritos. Un buen rato. Desesperados, súplicas... "Por favor, ayúdame". Es una voz desgarrada, que no atiende a preguntas, que no dialoga. Sólo grita. Cuesta, de entrada, darse cuenta de que se trata de una grabación, de sufrimiento enlatado. Y antes de reaccionar, mientras rondan a toda velocidad amigos o familiares por la cabeza del que ha recibido la llamada, otra voz –esta vez en directo– lanza la amenaza: "Escuche atentamente, esto es un secuestro y tenemos a...". A quién sea. A veces aciertan con el nombre, con el parentesco y otras le dicen que tienen a un hermano suyo a un hijo único. Porque realmente no tienen a nadie y lo que les importa es lo siguiente. "Queremos que nos de todo el dinero que tenga en casa" o que "baje inmediatamente al banco y saque todo lo que tenga". Y, en caso contrario, amenazarán con "cortarle un dedo" a la presunta víctima.

Lo que buscan es el miedo, el bloqueo mental y la reacción inmediata. La Policía Nacional confirma que en los últimos quince días se han producido dos llamadas de este tipo en Cantabria. Dos intentonas de llevarse un buen pellizco por el llamado ‘secuestro virtual’, muy popular, por desgracia, en países como México.

Las frases están sacadas de una conversación real. De la llamada a un domicilio a media mañana –a un fijo– hace un par de semanas. "En los dos casos de los que hemos tenido constancia sí que lo que les dijeron coincidía con algo concreto, con el nombre de un amigo o de un familiar". O sea, que la referencia de quién, supuestamente, tenían secuestrado coincidía con la de alguien del entorno de la persona que cogía el teléfono, explicaron a este periódico fuentes policiales. Por eso no descartan que se hayan producido más llamadas, pero que no hayan provocado tanto impacto, que fallaran en los datos, y, al final, se quedaran en una mera anécdota al colgar sin ponerse en contacto con la policía para comunicárselo. Intentos al azar sin encontrar coincidencia (a veces se conoce alguna información mínima en forma de datos básicos a través de los perfiles de las redes sociales). No figuran, de hecho, denuncias. Sólo la llamada al 091 para explicar lo sucedido. Esas dos. "Es bueno que se sepa, como prevención. Y lo que recomendamos si esto ocurre es que se cuelgue y que nos llamen inmediatamente", aconsejan.

Se juega con el nerviosismo. Con la reacción de una persona mayor con hijos, por ejemplo. Intentan que tarde en darse cuenta de que la situación ‘no cuadra’, no concuerda. Que el diálogo con el tipo que llama –que habla lo menos posible y con acento sudamericano, en los casos que se han conocido en Cantabria– se derrumba en cuanto se trata de profundizar. Llegado a este punto, lo normal es colgar y llamar a la persona supuestamente retenida. Si se le localiza de inmediato, uno se queda tranquilo. Pero si no responde a la primera, la angustia aún durará un buen rato.

No es la primera vez

No es, en todo caso, el primer intento en la región. El año pasado ya se hicieron públicos otros dos casos. En una misma semana. Con idéntico procedimiento. En el primero se llegó a abonar a los presuntos secuestradores parte del rescate que reclamaban para liberar a un familiar que, según aseguraban, tenían retenido. Se pagaron 350 euros (llegan a pedir hasta 5.000) y luego se denunció la historia.

El segundo afectado no se lo creyó y fue directamente a la comisaría a presentar denuncia. La proliferación de casos a nivel nacional provocó, de hecho, que la Dirección General de Policía enviara en esa época una alerta apara advertir a los ciudadanos.