Altamira dice adiós a Lasheras

fotogalería

Las hijas de Lasheras, Marta y Ana, tras recibir la Orden Civil de Alfonso X para su padre. / Celedonio Martínez

  • El Museo rinde homenaje a uno de sus mayores valedores, fallecido en abril en accidente de tráfico

Altamira ha dicho este sábado adiós a uno de sus mayores valedores. José Antonio Lasheras, director del Museo desde 1991, falleció en accidente de tráfico el pasado 26 de febrero y desde entonces se esperaba la despedida oficial de la que tanto tiempo fue su casa. Su sustituta al frente de la institución, Pilar Fatás, ha ejercido de maestra de ceremonias en un acto cargado de emoción, recuerdos y anécdotas. Unas 200 personas, entre familiares, amigos, colegas y autoridades, han llenada la carpa blanca montada para la ocasión muy cerca de la entrada del Museo, en Santillana del Mar: el rincón que se convirtió hace más de 15 años en la “segunda casa” de José Antonio Lasheras, como recordó su hija Ana.

Ha sido la voz grave del propio Lasheras la que ha roto el hielo en su homenaje. Sobre una gran pantalla blanca se han proyectado imágenes recogidas por José Luis López Linares para el documental 'El maestro de Altamira', de Morena Films. Un montaje estremecedor en el que ese otro maestro de Altamira que fue Lasheras recorría la cueva en solitario mientras desvelaba secretos, reflexiones, sueños y ambiciones. Así, bajo el color ocre de los milenarios bisontes, casi oculto por las sombras de la gruta, agachado, los dedos apenas acariciando un grabado en la pared, Lasheras ha dicho adiós a su manera a la cueva a la que dedicó su vida.

Tras disparar las emociones con el discurso soñador que siempre afloraba cuando Lasheras hablaba de Altamira, ha llegado el turno de las otras despedidas: las de los compañeros que le ayudaron a conocer la cueva. A defenderla y a protegerla.

La primera en tomar la palabra ha sido su mano derecha en el Museo, Pilar Fatás. “Fue mi maestro”, ha dicho con la voz siempre a un milímetro del llanto la actual directora de Altamira. Tras un breve repaso a la trayectoria profesional de su maestro, que comenzó en 1979 cuando Lasheras terminó sus estudios en Zaragoza y se lanzó a la investigación arqueológica, Fatás ha elegido los versos de Alberti que a veces recitaba Lasheras para elevar a Altamira al cielo de la lírica: “Abandoné la cueva cargado de ángeles, que solté ya en la luz, viéndolos remontarse entre la lluvia, rabiosas las pupilas”. Así te has ido, José Antonio, ha respondido a esos versos Fatás. “Cargado de ángeles y nuestras pupilas rabiosas de tanto llorarte”.

Julio Novo, comisario en su día del proyecto museístico y actual consejero delegado del Consorcio para Altamira, ha puesto el foco en el papel “fundamental” que jugó Lasheras en el desarrollo de lo que es hoy en día el Museo de Altamira.

El catedrático de Bellas Artes Pedro Saura, uno de los artífices de la neocueva, ha ofrecido un retrato más íntimo del exdirector de Altamira. “La primera vez que nos vimos me dijo que no podía hacer ni una foto más de la cueva, que ya tenía muchas. Yo insistía en que necesitaba otro tipo de imágenes para replicar el relieve de la piedra, pero no hubo manera”, ha explicado para dar a entender hasta qué punto defendía Lasheras la conservación de la cueva original. “Luego nos fuimos haciendo amigos, hasta el punto de que se enfadaba si se enteraba de que venía a Santander y no dormía en su casa”. Las palabras de Saura iban acompañadas de imágenes personales sobre el proyector. En la última aparecían bajo el techo de la neocueva el propio Saura, José Antonio Lasheras y la artista Matilde Múzquiz, también fallecida. Los tres fueron, cada uno con sus habilidades, los padres de la réplica. “Dos de ellos ya no están”, ha recordado Saura con la emoción a flor de piel. “La neocueva les ha trascendido, como supongo que me trascenderá a mí”.

Carmen de las Heras, conservadora del Museo de Altamira, ha escogido un par de anécdotas para recordar a quien fue su jefe durante tantos años. “Recuerdo cómo recorría la cueva nada más llegar. Una y otra vez, hasta conocerla como la palma de su mano”, ha explicado con una sonrisa. “También me acuerdo del día en que encontró una punta de sílex en una grieta entre dos piedras. Recuerdo la ilusión con la que lo contaba, la ilusión por encontrar algo que habían dejado allí hace 20.000 años”.

De las Heras ha hablado también del compromiso del exdirector con la investigación en dos vertientes: la conservación y la arqueología. El empeño de Lasheras por actualizar los estudios sobre la cueva terminó, de hecho, con una portada de la revista Science. Gracias a esa investigación, apoyada en dataciones realizadas con el método 'uranio-torio', se calculó que las pinturas más antiguas podían tener 35.600 años. Estas dataciones abrieron nuevos interrogantes en torno al origen del hombre.

El último en intervenir ha sido Felipe Criado, director del Instituto de Ciencias del Patrimonio. El investigador del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) no ha podido evitar emocionarse al recordar a su colega y al leer las palabras que han escrito otros investigadores para recordar a Lasheras.

El acto de homenaje terminó con la entrega de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. El secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, entregó la medalla a las dos hijas de Lasheras, Ana y Marta, que acudieron al acto junto a su madre, Pilar. Ana Lasheras dio las gracias a todos los presentes: “Es un orgullo poder ver el respeto, el cariño y el reconocimiento de colegas y amigos aquí, en la que fue su segunda casa, nuestra segunda casa”.