No hay día sin infarto

Imagen de archivo del Servicio de cardiología crítica de Valdecilla.
Imagen de archivo del Servicio de cardiología crítica de Valdecilla. / Roberto Ruiz
  • El "envejecimiento" y "la falta de educación sociosanitaria en los jóvenes" impiden rebajar las cifras de incidencia de las enfermedades cardiovasculares

Para cuando acabe de leer esta información –contando con que lo haga rápido– se habrán producido medio centenar de muertes en el mundo provocadas por enfermedades cardiovasculares, a razón de 32 por minuto. Con motivo del Día Mundial del Corazón, la Sociedad Española de Cardiología lanzó un mensaje recordatorio con las recomendaciones preventivas, especialmente dirigido hacia los segmentos de población que podrían evitar caer en estas estadísticas si controlaran su dieta (alimentación saludable), prescindieran del tabaco e incorporaran el ejercicio físico como una rutina diaria. Solo así podrán rebajarse las cifras que han convertido a las enfermedades cardiovasculares (corazón e ictus) en la principal causa de muerte en el mundo, con 17 millones al año.

En Cantabria, la media de fallecimientos por este diagnóstico se sitúa alrededor de los 1.600 anuales, un balance solo superado desde hace tres años por el cáncer. Juntas son las responsables de la mitad de las muertes que se producen cada año.

Lejos de avistarse un cambio de tendencia, el jefe de Servicio de Cardiología de Valdecilla, Javier Zueco, explica que «los datos de morbimortalidad de las enfermedades cardíacas se mantienen estables» porque, pese a los avances terapéuticos y a nuevas técnicas que han mejorado el pronóstico de los pacientes, «donde más crece la incidencia en los extremos poblacionales: entre jóvenes y entre los ancianos».

El cardiólogo sostiene que «el progresivo envejecimiento está haciendo que nos encontremos con enfermedades degenerativas tardías que antes no llegaban. Por ejemplo, estamos viendo pacientes a los que les empiezan a fallar las válvulas biológicas aórticas que se les colocó en su día, con más de 75 años, entonces indicadas porque eran menos agresivas que la cirugía, aunque de duración más limitada (10 años) que las mecánicas (antes la gente se moría antes de que se desgastaran)». En esos casos, lo que se hace es introducir un implante dentro de la válvula. Actualmente, el volumen de pacientes por encima de los 75 años supone cerca del 30% de la actividad del servicio de Valdecilla. Y no hay un día sin infarto, siendo octogenarios el 20% de quienes lo sufren. «Hay que reconocer que el gasto en gente mayor es muy importante en Cardiología, y la sociedad debería ser consciente del esfuerzo sanitario. Pese a las circunstancias económicas y a la escasez de personal que puede haber en determinadas épocas del año, el sistema es capaz de mantener en un buen nivel la labor asistencial», señala Zueco.

Un ejemplo es, precisamente, el balance de las válvulas percutáneas, con un coste de 18.000 euros cada una. «Desde que empezamos a colocarlas, hace ocho años, ya llevamos 250. La tasa media en España se sitúa entre 30 y 40 por millón de habitantes, mientras que en Valdecilla vamos a llegar este año al doble, lo que demuestra que somos eficientes», apunta.

El problema del tabaco

El otro colectivo que más preocupa a los médicos son los jóvenes, que «son la prueba de que falla la educación sociosanitaria. El tabaco todavía es un problema hoy en día, empiezan a fumar a edades tempranas y a la larga vienen las consecuencias». Los médicos recomiendan, asimismo, vigilar la alimentación, controlando el consumo de productos de alto contenido en grasa; sustituir el dulce por la fruta, mantener el consumo de bebidas alcohólicas dentro de los límites recomendados por los profesionales de la salud.

Como referente nacional en trasplante cardiaco, el servicio de Valdecilla tiene entre sus próximos retos los dispositivos de asistencia ventricular –más conocidos como corazones artificiales–. «Tenemos que tener en cuenta que cada vez hay menos donantes y que es preciso buscar alternativas que permitan proporcionar una salida a nuestros pacientes. El futuro va por ese camino», concluye Zueco.