Los embarazos no deseados entre adolescentes se han disparado en una década

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/ Laurent Audinet

  • El colectivo enfermero apuesta por "invertir en prevención" ante la presencia "preocupante" de infecciones sexuales en menores, "incluido el repunte de VIH"

El aumento de embarazos no deseados entre los jóvenes cántabros registrado en la última década –el doble que hasta 2007– y la «sorprendente» presencia de enfermedades de transmisión sexual en menores de 16 años ha encendido las alarmas entre el colectivo enfermero, que con las cifras que maneja, a partir de las memorias de actividad de La Cagiga, saca los colores a la Administración sanitaria sobre una realidad que permanece en la sombra y que demuestra «la urgente necesidad de invertir en prevención». Hasta hace diez años, la media de abortos en plena adolescencia en Cantabria era uno a la semana, pero desde aquella fecha ha ido creciendo el número de parejas que se han enfrentado a la amarga decisión.

«Se había conseguido rebajar las cifras y mantener una estabilidad, pero desde 2008 las cifras se han disparado», apunta la enfermera María de Vierna, una de las veteranas ‘supervivientes’ de la antigua Cagiga, que vivió la etapa de auge de aquel proyecto «innovador y pionero» iniciado en los años 80 y, también, asistió a su declive casi fulminante. «Tejimos durante años una tela de araña, con nuestro programa de prevención, que de la noche a la mañana se destrozó». Y las consecuencias se reflejan en las memorias que ella misma se encarga de elaborar año tras año para dar cuenta a la Consejería de Sanidad. En 2011, que fue el peor año de la serie, abortaron 127 menores de 19 años –dos de ellas, de menos de 15–. Cada informe es su forma de abrir los ojos sobre la situación en Cantabria, con la esperanza de que «algún día se recuperen las iniciativas de educación para la salud sexual, que es más barato y rentable que invertir en curación». Y esta es la reivindicación que lanza con motivo del Día Mundial de la Contracepción, en nombre del Colegio de Enfermería, institución que, a través de la Fundación para la Salud, intenta llegar a los escolares con sus cursos para suplir «en la medida de sus posibilidades» el vacío de información existente, con el fin de frenar una problemática creciente.

«No solo ha aumentado la tasa de abortos de forma considerable en la región, sino que asistimos a otro problema importante: estamos viendo enfermedades de transmisión sexual en jóvenes de 15 y 16 años», admite la enfermera, «asustada» ante llamativos casos que llegan a su consulta. «El mayor resultado de enfermedad de transmisión sexual en una persona (cinco infecciones diferentes) se lo he dado a una niña de 16 años, miembro de una pandilla de amigos con libertad sexual, que mantenían relaciones entre ellos sin protección. En mis treinta años de carrera nunca me había encontrado este tipo de casos», sostiene.

La bacteria que más ha aumentado en toda España es la clamidia, «una enfermedad que estudiábamos pero que no veíamos». Sin embargo, «en los últimos cuatro o cinco años hemos visto más clamidias que en las tres décadas anteriores. Tiene tratamiento, pero una de las consecuencias es que puede producir infertilidad. También la sífilis, que había desaparecido en España, ha vuelto, de la misma forma que está habiendo un repunte de VIH (sida)», explica. Por eso, recuerda que «todo el mundo puede venir a hacerse pruebas de sífilis, sida y hepatitis de forma gratuita a La Cagiga, tenga seguridad social o no y sea de donde sea». De hecho, «los centros de salud sexual y reproductiva están justificados porque siempre hay personas que por sus circunstancias personales (es difícil que un adolescente vaya a su médico de cabecera a una consulta de tipo sexual), sus hábitos, horarios... necesitan un sitio más dinámico de asistencia, sin trabas y donde tengan garantizada la confidencialidad».

De Vierna recuerda que «cuando pusimos en marcha el programa de salud de La Cagiga veníamos de unas cifras de aborto más altas que en España y conseguimos reducirlas y mantener una estabilidad, hasta que en 2008 aquella estructura que habíamos ido creando se rompió de golpe». La gráfica que refleja la evolución de los últimos veinte años indica el resultado del «esfuerzo», mientras los datos nacionales de interrupciones voluntarias del embarazo subían sin freno. Entonces, la media anual se situaba en torno a los 500 abortos en la región. Una media que se mantuvo hasta 2007 y que en solo tres años se duplicó, hasta los 1.064 casos de 2010, que al año siguiente alcanzó el techo de 1.185. El detonante fue la «desaparición» del proyecto emprendido por el equipo de La Cagiga. En aquella época las riendas de la Consejería de Sanidad las llevaba la socialista Rosario Quintana.

«Se dejó de hacer educación para la salud en la escuela, que es muy importante, y que es la única forma de prevenir». A su juicio, «este es un trabajo enfermero puro, que hay que potenciar». De Vierna recuerda que en La Cagiga, creada en 1984, se fundieron dos proyectos: el plan estatal de orientación familiar (los COF) y, al mismo tiempo, un proyecto, liderado por Domingo Álvarez, para la atención de la salud materno-infantil para Cantabria, en el que participamos un grupo de enfermeras, matronas, un sexólogo y una trabajadora social, que nos relacionaba con todas las ong, asociaciones y grupos de atención a personas en situaciones de riesgo».

Pero, además, acudían a todos los centros escolares que lo requerían, «porque la Consejería de Educación nos tenía como recurso». De esa forma, «llegábamos a unos 3.500 chicos adolescentes de toda Cantabria, controlábamos así las edades de mayor riesgo. No éramos un centro de atención a los jóvenes específicamente, pero éramos un centro joven porque más del 70% de la gente era menor de 25 años. Nos conocían y acudían a nosotros». La Cagiga llegó a ser el centro de España que más píldoras postcoitales proporcionaba: 4.000 al año, frente a los 300 de hoy en día. «Fuimos pioneros. Lo dimos antes incluso de que fuera legal –no era ilegal, pero sí alegal–. Y hay que tener en cuenta que por cada mil tratamientos de postcoitales que se dan, se evitan 53 embarazos no deseados, solo en 4.000 ya están evitando más de 200», apunta De Vierna. El escenario ha cambiado, porque «ahora no somos los únicos que damos la píldora del día después, sino que es de libre dispensación en farmacia y se puede facilitar en los centros de salud, pero lo importante de aquellos años era el hecho de captar a la gente, de que nos vieran como un referente, donde consultar dudas y problemas».

«Ni amigos ni internet»

Las encuestas realizadas entre las chicas que demandan la píldora del día después indican que, «mientras en 2008, el 84% respondían que sabían de esta pastilla porque se les había informado en el colegio, ahora apenas dice esto un 30%. La mayoría se enteran a través de amigas». En este sentido, la enfermera avisa del «peligro» del boca a boca. «No les llega la información correcta, la prueba es que muchas piensan que es una bomba hormonal, que no se puede tomar más de un número de veces, que es abortiva... cuando hoy en día hay evidencia científica clara de que no lo es, que no tiene ninguna contraindicación y que se puede tomar todas las veces necesarias. Lo que pasa es que no es un método tan efectivo. Mejor que tomarla varias veces seguidas, es tomar la pastilla anticonceptiva, es más seguro». Lejos de estar de acuerdo con quienes apuntan que hoy en día los jóvenes tienen más medios para estar informados, opina que «no es verdad. En internet está toda la información, sí, pero hay que saber buscarla. Tienes que tener una orientación para saber a qué páginas recurrir».

La escalada que reflejan las gráficas de abortos en Cantabria ha invertido la tendencia en los últimos tres años, siguiendo una evolución paralela a la del conjunto del país. Sin embargo, De Vierna aclara que «no se debe a la implementación de medidas de prevención, sino que se apunta a otros factores, aún en estudio, como podría ser el descenso de la población inmigrante como consecuencia de la crisis».