La morosidad en las comunidades de vecinos de Cantabria no desciende

Núcleo de viviendas en Santander.
Núcleo de viviendas en Santander. / Javier Cotera
  • De los 25 millones de euros que deben los propietarios de pisos en la región, cinco corresponden a los bancos

El nivel de impago por morosidad soportado por las comunidades de vecinos en Cantabria se mantuvo invariable en 2015 respecto al año anterior: 25 millones de euros es la cantidad adeudada por los propietarios de los pisos, cinco de los cuales corresponden a los bancos.

El ‘Estudio global sobre la morosidad en comunidades de propietarios 2015’, realizado por el Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas, revela que en España se produjo un retroceso global del 2,32% hasta fijar la deuda en 1.812 millones, siendo las entidades financieras responsables de 377. Una tendencia a la baja que no se ha producido en Cantabria, que, junto a La Rioja, es la única comunidad de España donde la morosidad no ha descendido ni una décima.

«Es un varapalo para nuestras expectativas», destaca Alberto Ruiz-Capillas, presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Cantabria. «Me sorprende que no haya descendido, porque la sensación que teníamos los colegiados es que iba a bajar, porque al menos en las comunidades administradas por colegiados sí que los bancos habían agilizado el pago de las cuotas y el resto de vecinos, con el inmenso esfuerzo de la reclamación, de la mano izquierda, pues habían ido pagando.

El motivo de que no haya bajado puede ser que en Cantabria hay todavía muchas comunidades de vecinos que tienen un parque de vivienda bastante viejo, sin administradores profesionales, y también que tenemos mucha segunda residencia, sobre todo en la zona oriental, un tipo de vivienda donde se descuida más el pago de las cuotas», explica.

Cantabria repite en 2015 los mismos 25 millones de deuda que tenía en 2014, pero si se echa la vista más atrás, la evolución es alarmante: 24 millones en 2013 y 20 millones en 2012, por lo que en los últimos tres años ha crecido un 25%. Y sorprende, al menos cuesta creer, que los bancos, que manejan en su cartera millones de euros y que exprimen al máximo a los propietarios en el pago de las hipotecas, se hagan los remolones a la hora de pagar el recibo de la comunidad de vecinos. Cinco de esos 25 millones de deuda en la región corresponden a las entidades financieras propietarias de pisos, un 6,7% menos que en 2014, pero cinco millones aún.

Detrás de estas astronómicas cantidades se esconde otra realidad más preocupante: el deterioro progresivo de los edificios, ya que las comunidades no pueden realizar las obras de rehabilitación y mantenimiento necesarias, lo que aumenta la posibilidad de algún incidente. «Si no hay suficiente dinero para pagar las cuotas, ¿cómo vas a pagar las derramas?», se cuestiona preocupado Ruiz-Capillas, que espera que, entre «la mayor presión» que están ejerciendo los ayuntamientos para realizar las tareas de rehabilitación y la posibilidad que permiten ahora los bancos de pedir préstamos a las comunidades, como personalidad jurídica, para acometer esas obras, este peligro no se convierta en una triste realidad.