Los hosteleros temen que la euforia por los últimos datos sature el mercado

Terrazas llenas, una imagen habitual este verano
Terrazas llenas, una imagen habitual este verano / I. Pérez
  • El número de negocios se disparó en los años de bonanza. Un 40% de los alojamientos rurales está en venta

Ponen un ejemplo. La fotocopia de una conversación habitual en cualquier grupo de amigos. «Imagínate. Una cena, unos quince, que están con las copas. Si alguien pregunta a quién le apetecería montar un taller mecánico, casi nadie le haría caso. 'De eso yo no entiendo', dirían. Pero si uno pregunta a quién le apetecería montar un bar o una casa rural les parecería bien. Nadie se para a pensar que de eso no entienden. Que si el turismo va como un tiro, que si fíjate cómo ha estado Santander este verano, que si métete en hostelería y no te complicas...». A continuación exponen los datos.

Desde finales de los noventa el número de alojamientos rurales en Cantabria se ha multiplicado por cinco. Es el caso más llamativo. Buena parte de esa subida se produjo antes de 2008. Un 'boom'. Luego, el alza -mucho más modesta- se ha mantenido en base a muy pequeños negocios (se nota porque el número de plazas disponibles apenas sube) y a personas que han buscado en el sector un último recurso contra la crisis o el paro. Un 'de perdidos al río'. Conclusión, más del 40% de los alojamientos rurales está hoy a la venta.

«Estamos encantados con los datos de este verano. Nos estamos recuperando y con la economía como está en España y Cantabria volvemos a ser un espejo. 'La hostelería va de maravilla', comentan. Pero tenemos que controlar esa euforia. Que cada cual abra el negocio que quiera, creemos en la libre competencia, solo pedimos que se informen, que se asesoren». Lo explica Ángel Cuevas, el presidente de la Asociación de Hostelería. Alerta por alegría desmedida. Y porque eso puede llevar a más de un disgusto y a la «saturación del mercado».

Si uno toma como punto de partida 1998, se puede ver la evolución. Los años 'dorados' y la crisis. Bajan los hostales porque su modelo de negocio ya no encaja tanto, pero suben todos los demás parámetros en la casilla de Alojamientos dados de alta en la Dirección General de Turismo. Como un 'tiro' hasta el 2006 o 2008 y en menor medida después. «En 2006 o 2007 todos éramos millonarios y estaban pendientes de permisos municipales, proyectos... Ya estaban metidos en obra y ya no iban a echarse atrás», expone Cuevas para explicar que aún se prolongaron las aperturas ya metidos en la crisis. Además, en ese período, las grandes inversiones se cambiaron por pequeñas apuestas, que no suponen en el sector muchas camas, datos relevantes.

«Se han abierto negocios sin hacer estudios de mercado. Con inversiones de uno o dos millones de euros y sin que salieran los números. En cualquier rincón abrían una casa rural. Hay establecimientos que trabajan bien noventa días y de eso no se vive todo el año». Cuevas insiste en la libre competencia, pero pide prudencia.

Para abrir cualquier negocio en el sector hay que contar, al menos, con un 45% de recursos propios. O sea, que si te vas a gastar dos millones, debes tener como poco 700.000 euros «o la galleta es monumental». Eso y tener en cuenta que las amortizaciones en Cantabria tienen una media de catorce años. «Claro que tenemos miedo a la saturación. Puede pasar teniendo en cuenta que hay muchos gremios que van mal y creen que el turismo es la solución de todo».

Con un matiz. «La hostelería no va genial. Hemos tenido una buena temporada y sí que hemos recuperado mercado. Pero la rentabilidad no es la que era y nunca se habla de la dificultad para hacer frente a las hipotecas, de las amortizaciones... No es muy positivo contar que todo va maravilloso», añade Jesús Blanco, de la Asociación de Turismo Rural. Él se mueve en el sector del 'boom'. De 122 establecimientos en 1998 a 666 en la actualidad. «Los que se dejen llevar por la euforia sin asesoramiento lo van a pasar mal y acabarán poniendo su negocio en venta», advierte.

Están los alojamientos, rurales o urbanos, y también las cafeterías o los restaurantes. Hay más que antes, pero la subida no es tan llamativa. «Aquí se producen muchas altas y bajas. Negocios que en estos tiempos cambian de manos muy rápido. Cierran a los tres meses y los abre otro», analiza Cuevas. Y no es difícil ver el cambio de rótulo en un mismo local de la ciudad. Hasta seis o siete veces en pocos años.