Miguel Ángel Ortiz y Mireria Echávarri pasean por Peñacastillo a los dos perros que tienen a su cargo, Dana y Guizmo, acompañados por dos de sus hijos, Kevin y Adrián. Kevin fue el impulsor de esta tarea que se reparte toda la familia.
Miguel Ángel Ortiz y Mireria Echávarri pasean por Peñacastillo a los dos perros que tienen a su cargo, Dana y Guizmo, acompañados por dos de sus hijos, Kevin y Adrián. Kevin fue el impulsor de esta tarea que se reparte toda la familia. / María Gil Lastra

Familias pasajeras para los animales

  • El grupo Guapa busca voluntarios que presten su hogar para acogida temporal de perros y otras mascotas

Desde pequeño Kevin demostró gran sensibilidad e interés por los animales. Con diez años comenzó una colección de cromos de perros. En el quiosco, un día que se acercó a comprar sobres, se enteró de que una protectora de Sierrallana buscaba casa para una cocker de dos años. Kevin, el segundo de los tres hijos de Mireia y Miguel Ángel, pidió y suplicó a sus padres que hicieran algo por aquella perra, y sus padres le miraron a los ojos y acto seguido se fueron a la protectora a interesarse por el animal. De la visita resultó la ampliación inmediata de la familia: les pusieron a Dana en el regazo, comprobaron que de cocker solo tenía las orejas, se la llevaron a casa, y lo que en principio iba para ocho días en régimen de acogida se convirtió en una feliz convivencia de doce años.

El hogar de Mireia Echávarri y José Miguel Ortiz, de Kevin y sus hermanos Adrián y Álvaro, funciona desde entonces como casa de acogida temporal: de vez en cuando atienden la llamada de protectoras como Guapa (Grupo Unido Amigos Protectores Animales) y cuidan de un animal durante un tiempo, hasta que encuentra un hogar, días de tránsito como los llama Mireia. «Recibes mucho cariño, a veces es duro despedirlos. Pero es necesario que haya más casas así». Para extender esta red de acogida se organizó una jornada de puertas abiertas en el local 'Estilo Bull', de Santander -calle San Luis, 33-. Una de sus promotoras es María Briones, del Guapa. Esta protectora tiene contacto con 27 casas de acogida en Cantabria y todas, dice Briones, acaban por llenarse de historias extraordinarias.

La acogida permite convivir con un animal -ayudarlo, porque es probable que vengan de padecer situaciones penosas-, pero sin necesidad de establecer un compromiso a largo plazo. La acogida puede derivar en adopción, pero no obliga a ello. Se trata de prestarle cobijo hasta que el perro encuentre un hogar, o similar, puede durar un día o meses, eso se pacta. ¿Y qué necesita una casa de acogida temporal? En realidad, dice Briones, casi todas pueden serlo, porque el requisito principal es tratar con respeto al animal. Hay que tener un mínimo de responsabilidad, dedicación, tiempo y sentido común. No es necesario residir en una gran casa con un gran jardín, pero sí respetarle su pequeño espacio de retiro; sacarlo a pasear en condiciones un par de veces al día; alimentarlo, cepillarlo. Todos los animales proceden de protectoras, han pasado por un veterinario y están 'fichados', añade.

Briones acoge e intermedia para que ocurra. Mide la compatibilidad de voluntarios y animales con entrevistas, y con un test estima qué preparación muestra el acogedor en ciernes. Así se asignan casos, dice Briones, con criterio: se detecta si el voluntario puede cuidar de un perro enfermo, convaleciente, de edad avanzada, grande, si se adaptaría mejor a un perro pequeño, o más joven, o con más carácter o dificultad para convivir con otros animales, incluso con más o menos pelo por eso de las alergias. Todas esas cosas se valoran, explica Briones, incluso en los casos de emergencia. Briones, que puso en funcionamiento Guapa en 2010, detecta muchas mujeres comprometidas. «Son verdaderas heroínas». Habla de muchas voluntarias de Castañeda, Torrelavega, Santander...

Andrea Higuera y su hermana Sofía juegan en una zona verde de Torrelavega con sus perros Jack y Luna, a los que adoptaron, y con Kley (el más grande), uno de los que tienen en acogida temporal.

Andrea Higuera y su hermana Sofía juegan en una zona verde de Torrelavega con sus perros Jack y Luna, a los que adoptaron, y con Kley (el más grande), uno de los que tienen en acogida temporal. / Luis Palomeque

Andrea Higuera vive en Torrelavega. Ha alquilado un bajo en Nueva Ciudad para sus perros y para los que acoge. «Mi motivación son ellos. A mí me llaman por un caso, voy y ya me busco la vida». Tiene 20 años y desde los 16 se ha involucrado con la protección animal. Es dueña de dos perros: Jack, de dos años y medio, al que rescató de un abandono anunciado; y Luna, a la que recogió en estado precario. «Estaba muy maltratada». Andrea cuenta esto por teléfono mientras pasea con ellos. Por el auricular se cuelan los ladridos y sus explicaciones. Tiene además otro perro en acogida al que ha conseguido un hogar en Alemania por mediación de su prima. «Cuando se vaya cogeré otro, y así. En los últimos meses hay más casos de abandono. En verano los dejan en autovías, en perreras. Hay que animar a la gente, hacen falta más casas de acogida».

Briones también anima a involucrarse, y si no es acogiendo que sea de otro modo: ofreciendo el coche para transportar un animal al veterinario; sacando a pasear a los animales; donando material (casetas, correas, comida); promoviendo campañas, incluso diseñando un mero cartel. «Todo cuenta y todos servimos para algo».

Abandono

Según el Estudio de Abandono y Adopción 2015 de la Fundación Affinity, las sociedades protectoras recogieron ese año en España 137.000 perros y gatos abandonados o extraviados, una cifra que ha descendido progresivamente desde 2008, que sigue siendo significativa y que desmitifica el verano como periodo de riesgo.

Un 44% fueron adoptados y un 20% fueron devueltos a sus dueños. Un 10%, sacrificados. Los motivos del abandono fueron: razones de comportamiento (15%), cambio de domicilio (9%), razones económicas (12%) o camadas no deseadas (15%). Para evitar esto último, Briones recomienda la esterilización, y no solo de las hembras, también de los machos. «El nivel de abandono es altísimo» en España y Cantabria. En la comunidad, Briones estima que se dejan a su suerte unos 30 perros al día.

Ana García Rodríguez ha cuidado de unos cuantos. Colabora con la Asociación Galgos de Casa en acogidas temporales. De pequeña era como una flautista de Hamelín: los perros la seguían hasta casa después de una buena ración de juegos y arrumacos. «Mi madre no quería animales, pero acabó con 7 u 8 en casa [se ríe]. Ella buscaba gente para que se los quedaran. Nunca abandonamos a ninguno». Tampoco compra. «Soy contraria a comprar. Siempre hay un perro por ahí que necesita que lo adopten». Ahora comparte casa con dos: Bender, un galgo de dos años, y Noa, una pinscher mezclada. Pasea con ambos a diario, se los lleva de viaje. «Me entiendo muy bien con ellos. Soy feliz a su lado». Anima a la gente a que se preste a la acogida, porque solo se recibe «amor incondicional».

Briones trabaja principalmente con perros, pero si la ocasión se presenta, también con gatos, o se pone en contacto con plataformas especializadas. Rusell Simoni, de Huellas Cantabria, conoce la realidad felina. Los gatos también son susceptibles de entrar en la red de casas de acogida, si bien los mayores esfuerzos se dirigen ahora a la difusión del método CES (Captura, Esterilización, Suelta), encaminado al cuidado y control de las colonias gatunas. Se trata de un método avalado por la Organización Mundial de la Salud. En Cantabria, colectivos como Amigat, Cantabria felina o Vecinos del gato se encargan de difundirlo y de trabajar por la protección de este animal.

Familias de adopción

/ Luis Palomeque

Briones hace varios llamamientos para la convivencia y el respeto de los derechos de los animales. Reclama ayudas a la Administración para, principalmente, medicación y esterilización; que los ayuntamientos habiliten un espacio en el casco urbano para propiciar la acogida; se dirige en concreto al Ayuntamiento de Santander para pedir una playa a la que puedan llevarse las mascotas y que locales y comercios tengan más libertad para aceptar animales. «Si no, esta 'smartcity' se queda coja».

Hace un par de años, Kevin volvió a toparse con un perro que tenía todas las papeletas para un destino fatal. Lo acogieron. Este ser peludo de apenas un kilo y 200 gramos, que se llama Guizmo porque parece un gremlin bueno, es el séptimo integrante de los Ruiz Echávarri. Mireia se escalofría cuando le hablan de mascotas como un complemento. «Son una responsabilidad y uno más de la familia».