Unidos contra el cáncer de mama

  • Un equipo multidisciplinar del Hospital Valdecilla «llevará de la mano» a las mujeres durante todo el proceso, «desde el diagnóstico hasta el alta»

Acortar el tiempo de angustia hasta la confirmación del diagnóstico y guiar a la paciente «de la mano» durante todo el proceso, primando una cirugía de mínima intervención y facilitando una medicina cada vez más personalizada. Son las bases sobre las que echará a andar la Unidad específica de tratamiento integral de cáncer de mama de Valdecilla. Solo falta cerrar protocolos y empezar a funcionar como un todo, para acompañar a la mujer «desde el diagnóstico al alta», destaca la ginecóloga Yolanda Jubete, que coordinará a este equipo multidisciplinar, integrado por ginecólogos, cirujanos generales especializados en mama -con Fernando Herranz a la cabeza-, cirujanos plásticos, oncólogos, radiólogos, patólogos, radioterapeutas y una psico-oncóloga. «A partir de que se detecta una lesión y la biopsia confirma la sospecha, la paciente será remitida a esta unidad, que físicamente tendrá tres consultas en Valdecilla Sur, desde donde se coordinará todo su seguimiento. Lo que perseguimos es que entre el diagnóstico y la cirugía no pasen más de quince días -reducir al máximo el periodo de incertidumbre-, y que la mujer no esté dando vueltas de una consulta a otra, sino que seamos los profesionales los que nos desplacemos», explica.

Un cambio en el modelo de asistencia favorecido por la integración del servicio de Ginecología, antes ubicado en la Residencia. Además, la Unidad quiere favorecer que «el resultado cosmético de la cirugía esté a la altura de lo que demandan las mujeres. Hasta ahora hemos estado más preocupados en curar el cáncer, que pendientes del bisturí, cuando se puede practicar una cirugía mínimamente invasiva, garantizando la misma supervivencia y con un resultado cosmético excelente, que es muy importante sobre todo cuando la enfermedad llega a edades jóvenes». Jubete apuesta de forma decidida por la que apunta «puede ser una unidad estrella» de Valdecilla, de la que se van a beneficiar todas las pacientes de Cantabria, que al año suponen más de 250 casos.

Marta Sarabia, paciente que superó el cáncer de mama

"Superar el cáncer me ha hecho más fuerte, ahora cada día es un regalo"

Mamá, te vas a morir? ¿Se te va a caer el pelo? Solo imaginar la mirada de ese niño que espera las respuestas, mientras su madre coge fuerzas para explicarle que «estoy malita y que me tienen que operar para curar el cáncer de mama», hace que se encoja el corazón. La escena la recuerda Marta Sarabia con emoción, aunque confiesa que «no fue difícil. Mi marido y yo nos sentamos en el sofá con mis dos hijos, que entonces eran pequeños, y se lo transmitimos de forma natural. Incluso vinieron al hospital a celebrar conmigo el día de mi cumpleaños». Ellos fueron lo primero en lo que pensó cuando escuchó la palabra cáncer. «Emocionalmente, asimilarlo cuesta mucho, sobre todo cuando no sabes cómo está de avanzado el tumor. Piensas... ¿me moriré? ¿habrá tiempo para curarlo? La cabeza te da muchas vueltas, es inevitable». La enfermedad irrumpió en su vida a los 43 años. «Fue en una revisión rutinaria. En mi caso, no es que yo me detectara un bulto sospechoso, sino que vieron que tenía microcalcificaciones. Primero me quitaron un trozo y después todo el pecho, aunque eso no me importaba, no me resultó traumático para nada». De hecho, aún tiene reciente la reconstrucción.

«El apoyo psicológico, que encontré en Amuccan, fue muy importante para mí. En casa no me han visto llorar casi nunca, pero hay momentos del proceso en los que necesitas desahogarte y compartir tus miedos». Nada más recibir el diagnóstico se abrió un abismo de incertidumbre, «en el que esperas a que te digan si el tumor está localizado o si hay matástasis, un término que a mí me angustiaba mucho, por ese temor a tener algo más...», señala.

Han pasado seis años desde el mazazo y hoy Marta derrocha «ganas de vivir», porque la enfermedad está superada, aunque tiene muy presente que le ha tocado «luchar muy duro». Quienes la conocen destacan que es «un ejemplo de superación». Una mujer independiente -en este tiempo su matrimonio se terminó- que afronta la vida tras el cáncer con «ilusiones nuevas». «A raíz de la enfermedad, cogí pánico a conducir, hasta dejé de ir al supermercado. Pero he conseguido remontar, estoy contenta y, sinceramente, creo que no me puedo quejar, hay que quedarse con lo bueno, me queda mucho por vivir». Marta, que regenta junto a su hermana el restaurante que lleva su apellido en Escalante, insiste en la «importancia de la detección precoz. Hay que ir a mirarse, porque cogido a tiempo se cura». Defiende que, «con cariño y con amor de la gente que te quiere, de todo se sale. Mi padre me decía que tenía que ser fuerte y ahora soy yo la que le da fuerzas a él, que es quien sufre la enfermedad. Superar el cáncer me ha hecho más fuerte, te hace tirar para adelante. El carácter no te cambia, pero sí tus prioridades. Ahora cada día es un regalo».

Toñi Gimón, presidenta de Amuccam

«Compartir lo que nos pasa ayuda a normalizar la situación»

Como una «premonición», Toñi Gimón participó del nacimiento de la Asociación para la Ayuda a las Mujeres de Cáncer de Mama (Amuccam) antes de que tuviera que enfrentarse al diagnóstico. «Son cosas del destino. En febrero presentamos la asociación, constituida por un grupo de mujeres que vimos la necesidad de comunicación de las pacientes con esta patología y nos planteamos ¿por qué no hacemos algo?Solo unos meses después, en noviembre, me operaron», señala, desvelando así un matiz que pocos conocen. Al frente de una organización que ya cumple 16 años, admite que «más de una vez» se ha planteado dar el relevo, «porque he sido testigo de muchas cosas, y es muy duro ver que se van compañeras», aunque al final «mi compromiso personal me empuja a seguir». Con motivo del Día Internacional del Cáncer de Mama, una fecha «para reivindicar una sociedad más activa, cohesionada y justa, que apoya iniciativas generadoras de igualdad, generosidad y solidaridad», reitera el apoyo de Amuccam a la investigación y la innovación, defiende los programas de detección precoz y se acuerda de ese 8% de mujeres con peor pronóstico, «porque detrás de cada caso hay un proyecto de vida, y es tremendo».

Como contrapartida, subraya los avances que han hecho posible «el cambio impresionante en la calidad de vida de las pacientes. Mejor no tener ningún tipo de cáncer, pero de tener uno, que sea este, que tiene un futuro más esperanzador». A través de la asociación, que cuenta con más de 800 socios, «hemos sido capaces de visibilizarnos, de que cualquier mujer que se enfrente a esta enfermedad sepa que puede contar con nosotras. Cuando vienen a la primera cita, no hacemos preguntas. Hablamos. Nos entendemos con solo mirarnos. Compartir lo que nos pasa, ayuda a normalizar la situación y a dimensionar el problema».Ella misma recuerda «aquella mañana soleada» en la que abandonaba la consulta con el diagnóstico retumbando en sus oídos. «Salí parada, pero enseguida me dije ‘el mundo sigue’... y me fui al trabajo; lo mejor que pude hacer. Es verdad que dicho así parece fácil, pero cuesta». Apunta que «a veces hay familias que se asustan incluso más que una misma, por eso viene bien desahogarse con gente que entiende mejor que nadie lo que estás viviendo».

Ana de Juan, oncóloga de Valdecilla

«Cerca del 90% de las pacientes diagnosticadas se curan»

Cerca del 90% de las pacientes con cáncer de mama se cura». El dato por sí solo es una llamada a la esperanza que resalta Ana de Juan, oncóloga de Valdecilla. «Estamos ante una enfermedad muy frecuente –cada año se diagnostican 25.000 casos nuevos en España– con una curabilidad muy alta gracias al diagnóstico precoz, favorecido por las mamografías (programa de cribado). Diagnosticar la enfermedad localizada aumenta las probabilidades de curación». No obstante, matiza que se trata de una patología heterogénea, con subtipos tumorales, cada uno de los cuales tiene «diferentes pronósticos y distintas estrategias terapéuticas». Así, explica la oncóloga, cuando el tumor está localizado –se detecta de forma precoz– puede bastar con tratamientos locales, que actúan sobre él (cirugía y radioterapia). De lo contrario, hay que recurrir a tratamientos sistémicos, como la quimioterapia, el bloqueo hormonal o anticuerpos monoclonales, dirigidos frente a dianas concretas. «Estos últimos son los tratamientos biológicos, que están diseñados para bloquear sustancias o proteínas específicas. Son más selectivos y tienen menos efectos secundarios». Es decir, impiden que se multipliquen las células del tumor, pero no afectan a las células sanas, mientras que la quimioterapia tiene una alta toxicidad porque no discrimina. Frente al cáncer de mama, en este terreno «el fármaco más novedoso es el trastuzumab, que ha cambiado la historia natural de uno de los subtipos: el ERD2», añade la doctora. De otro lado, «tres cuartas partes de los tumores son susceptibles de recibir tratamientos de hormonoterapia» (comprimido oral que la paciente toma durante cinco años y que bloquea el ciclo celular del tumor). Unos y otros, pueden ayudar a que «el cáncer de mama se llegue a cronificar». Todo ello mientras se consigue «descender la quimioterapia y afinar mucho más su indicación gracias a los test o perfiles génicos. Estas pruebas nos dicen si ese tumor tiene un alto riesgo de recaída, en cuyo caso se indicará la quimioterapia, o si no es necesaria». Se cifra en torno al 15% la tasa de pacientes que recaen a corto o largo plazo. De ahí que, como cada año, se insista en la detección precoz, la mejor garantía de curación.