Más vida para los ríos

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Los ejemplares liberados, todos ellos juveniles, llevan implantado en la boca un microchip que es como su DNI. / Javier Cotera

  • La Consejería de Medio Rural repoblará con 230.000 ejemplares de salmón y trucha los seis principales cauces de Cantabria

La Consejería de Medio Rural, Pesca y Alimentación va a repoblar los ríos de Cantabria con la suelta de 230.000 ejemplares autóctonos de salmón y trucha, especies ambas «bajo mínimos» en casi todos los cauces regionales como consecuencia de los devastadores efectos de las riadas registradas durante los últimos inviernos.

Repartidos tácticamente por los caudales del Asón, del Pas, del Nansa, del Deva, del Besaya y del Miera, una buena parte de los salmones nada ya con la vista fija en el Atlántico Norte y la idea de volver a casa tras una agotadora remontada que la naturaleza solo permitirá culminar a uno de cada mil. Una buena parte, y no todos, porque el calendario de sueltas programado para el año en curso todavía no ha concluido.

A punto de terminar la fase de liberación de los 47.665 ejemplares de trucha incluidos esta campaña –se han soltado las unidades previstas en el Asón (14.745) y en el Miera (30.834) y están pendientes solamente las apartadas para el Nansa (2.086)– los guardas de la Consejería están ahora concentrados en el ciclo de suelta de los 182.901 ejemplares de salmón previstos esta temporada, proceso que ya han acabado en el Asón y el Miera, que aún está por comenzar en el Nansa y que está en pleno desarrollo en el Deva, en el Besaya y en el Pas, donde ayer liberaron 4.291 unidades.

«Son juveniles micromarcados», dicen Juan Cobo y Rafael Obregón mientras revisan el cargamento. E hijos, todos, de los 80 salmones reproductores (machos y hembras) que habitan los tanques de agua del Centro Ictiológico de Arredondo, dedicado a la cría en cautividad de salmón atlántico para mantener estable la población de esta especie en los ríos de Cantabria.

Más vida para los ríos

/ Javier Cotera

¿Micromarcados? «Sí. Micromarcados», recalca Cobo enfundándose el traje de agua con el que va a adentrarse en el coto de Riolargos para ayudar en una primera suelta de salmones.

«Cada ejemplar que sale del centro lleva implantado un microchip. Si el pez sobrevive y es localizado, ese microchip nos dice exactamente cuándo se liberó y en qué lugar e, incluso, a qué familia pertenece; si a la de los reproductores del Pas, a la de los reproductores del Nansa... Es como su DNI», explica Cobo, que sonríe cuando se le pregunta por el proceso de colocación de esos implantes.

«Pues se los colocamos en la boca y de uno en uno». Y repite. «De uno en uno». Considerando que el Centro Ictiológico de Arredondo produce anualmente unos 200.000 ejemplares, «esto es algo que cuesta creer», admite el experto, que matiza: «Usamos anestesia». Antes de iniciar el procedimiento «echamos en los tanques un anestésico y aprovechamos su efecto sobre los peces para colocarles el implante».

"Bajo mínimos"

Cultivados, criados, engordados y debidamente filiados en el centro, los 4.291 ejemplares de salmón que transportaban ayer Cobo y Obregón nadaron las frías aguas del río Pas con la ayuda de Ángel Toribio, Vicente de la Fuente y Pablo José Sáiz –tres agentes del medio natural– y bajo la supervisión del jefe de sección de Conservación de la Naturaleza, Enrique Merino, que no oculta que la población salmónida está «bajo mínimos».

Según él, «los efectos de las riadas de los últimos inviernos han causado graves daños a los salmones porque casi todas coincidieron con la época de desove», aunque al estropicio también han contribuido «la acción del cormorán y la garza» (grandes depredadores de los ríos) «y, por supuesto, la mano del hombre», que, a su manera de entender, «ha causado una importante merma en la población de los cauces» de las más variadas formas y maneras: «los vertidos contaminantes, las construcciones inadecuadas o la desatención de las riberas han tenido mucho que ver».

Por eso, Merino piensa que el esfuerzo repoblador que cada año viene realizando la comunidad autónoma en todos los ríos de la región «no servirá de nada si entre todos no corregimos este tipo de actuaciones, que tanto daño están generando a la fauna fluvial».

Apoyado sobre las estadísticas, que desde hace años le dicen que uno de cada mil ejemplares liberados logra remontar y volver a casa («puede ser que no llegue ninguno o que lo hagan ocho», puntualiza) el jefe de sección del departamento de Conservación de la Naturaleza se mete en el río hasta las rodillas con un caldero repleto de peces y la esperanza de que, en dos años, alguno de ellos aparezca para recompensar el esfuerzo realizado con su sola presencia allí.