La vivienda, los servicios y el empleo marcan la edad de los ayuntamientos

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Dos jóvenes, Isaac y Eva, pasean con sus mascotas por las calles de Cartes. / Luis Palomeque

  • Cartes, Meruelo y Piélagos encabezan el ranking de los ayuntamientos más jóvenes de la región, que cierran Lamasón, Peñarrubia y Rionansa

El precio de la vivienda, la calidad de los servicios, las oportunidades profesionales y un emplazamiento estratégico han propulsado a los ayuntamientos de Cartes, Meruelo y Piélagos hasta el ático del ranking que ordena a los municipios cántabros conforme a su tasa de envejecimiento convirtiéndoles, por este orden, en las tres localidades más jóvenes de toda la comunidad autónoma. En el sótano, sin acceso posible a ese elixir de la eterna juventud, Lamasón, Peñarrubia y Rionansa encanecen con rapidez.

Según los datos recolectados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el mes de marzo de 2016, Cartes es, con diferencia, el ayuntamiento más joven de Cantabria. No solo tiene la tasa de envejecimiento más baja (10,00 de cada 100 habitantes tienen más de 65 años) sino que, además, tiene los índices de rejuvenecimiento más altos (20,32 de cada 100 habitantes tiene menos de 15 años).

A esos baremos se acercan únicamente otros tres ayuntamientos: Meruelo, que tiene una tasa de envejecimiento de 12,07 y un índi- ce de rejuvenecimiento de 17,07; Piélagos (12,28 y 19,69) y Entrambasaguas (12,67 y 18,60).

Al sur de la estadística se asoma Lamasón, que es, también con diferencia, el más viejo de Cantabria. Con la tasa de envejecimiento más alta (40,73 de cada 100 habitantes tienen más de 65 años), tiene uno de los índices de rejuvenecimiento más bajos (4,11 de cada 100).

En estos guarismos, más o menos, se mueven también los municipios de Peñarrubia (36,75 y 6,94), Rionansa (35,87 y 4,64) y Vega de Liébana (35,31 y 6,68), que preceden a Lamasón en el listado de ayuntamientos con la población de mayor de edad.

Por supuesto, que Cartes sea el municipio más joven y que Lamasón sea el más viejo no es producto de la casualidad.

Reos de sus propias posibilidades –y, en menor medida, de las políticas llevadas a cabo en este sentido, algunas más acertadas que otras– los ayuntamientos tienen la edad que les marcan el precio de su vivienda, la calidad de sus servicios, su oferta laboral y su localización, los cuatro ejes motores que desplazan a la población de uno a otro lado transformando a los municipios en vergeles o desiertos.

De esas cuatro fuentes rejuvenecedoras, precisamente, ha estado bebiendo en la última década Cartes, que, según su alcalde, Agustín Molleda, no tiene nada que ver con el de hace quince años.

«El abaratamiento en el precio de la vivienda que se produjo durante los años 2006 y 2007 nos permitió ganar en tan solo cinco o seis años 2.000 habitantes», la inmensa mayoría «matrimonios muy jóvenes» que se instalaron en el municipio llegados de todos los núcleos poblacionales de la cuenca del Besaya. «Esos matrimonios –añade– han tenido hijos» en los que el Ayuntamiento se ha volcado dándoles todos los servicios educativos y sanitarios necesarios.

«Hemos sido los primeros en crear un banco de libros que garantiza la educación primaria por 40 euros, tenemos en proyecto la ampliación del colegio de ‘La Robleda’ para garantizar la educación pública gratuita, hemos convocado becas de apoyo a los universitarios y ayudas para la compra del material escolar, hemos abierto nuestra guardería entre las siete y media de la mañana y las siete y media de la tarde a precios muy asequibles, hemos reducido hasta un 20% las tasas educativas, culturales y deportivas, hemos facilitado el transporte público y gratuito al centro educativo ‘Manuel Gutiérrez Aragón’...» recita Molleda, que cree que el Ayuntamiento está realizando un enorme esfuerzo por «conservar una población de futuro dentro de un enclave arquitectónicamente del pasado».

El empleo

El precio de la vivienda también tuvo que ver en el rejuvenecimiento de Meruelo. «Las primeras normas subsidiarias facilitaron la construcción de viviendas unifamiliares», recuerda el alcalde, Evaristo Domínguez. «Y muchas personas que entonces trabajaban empleadas en empresas de Ajo, Isla, Noja y Santoña decidieron venirse a vivir a nuestro municipio».

Eso, continúa, motivó al Ayuntamiento a explorar nuevos caminos por los que seguir atrayendo habitantes preferentemente jóvenes. «Sabíamos que Leche Celta quería abrir una factoría en el Cantábrico, así que nos marchamos a Galicia y trajimos esa fábrica», que hoy emplea a un centenar de trabajadores que se domiciliaron en Meruelo, donde la creación de un polígono industrial, en el que han desembarcado pequeñas y medianas empresas, y la apertura del vertedero regional, con una plantilla de 160 operarios, han hecho el resto.

«Con el canon que el Ayuntamiento obtiene por el vertedero –apostilla el regidor– hemos financiado una serie de servicios públicos, principalmente educativos, que nos han permitido fijar una población numerosa y joven al mismo tiempo».

La localización

Aunque la vivienda, los servicios y el empleo, esto en menor medida, también han resultado determinantes en su fase de rejuvenecimiento, el tercero en el ranking, Piélagos, debe el aspecto jovial de sus gentes a su localización.

«Vivimos a menos de quince minutos de Santander y Torrelavega, lo cual ya es una enorme ventaja», dice la alcaldesa, Verónica Samperio, que entiende que eso, la ubicación estratégica del municipio, unido al precio del suelo, más asequible que en las dos grandes urbes, «y a los buenos servicios que el ayuntamiento le presta a sus vecinos», son reclamos más que suficientes para las familias jóvenes que desean tener a su alcance todas las comodidades sin que ello perjudique a su economía.

Igualmente bien comunicado con la capital, «a 25 kilómetros», Entrambasaguas es un municipio «muy atractivo para los jóvenes», dice su alcaldesa, María Jesús Susinos, que, como el resto, identifica en el precio de la vivienda «una de las claves» del aumento de este tipo de población en un municipio que ya gira sobre ella. «Ese crecimiento se ha visto reflejado, por ejemplo, en el colegio, donde las matriculaciones de alumnos han pasado de 145 a los 400 actuales».

Para ellos son «los numerosos parques infantiles que se han construido a lo largo de estos últimos años», «las cinco escuelas deportivas que se han abierto» y «una ludoteca de la que actualmente se benefician más de 200 niños», dice Susinos.

Barreras

Aunque también ofrecen vivienda barata, servicios y, en algún caso, empleo, Lamasón, Peñarrubia, Rionansa y Vega de Liébana no han podido sortear ese gran obstáculo que para ellos supone su ubicación.

«Los vecinos de Lamasón vivimos a 40 kilómetros de San Vicente y a 20 de Puentenansa». Y eso, ciertamente, es un handicap. «Los niños se tienen que levantar una hora antes que los demás para llegar a tiempo al colegio», lamenta el alcalde, Luis Ángel Agüeros, que quiere facilitar suelo público a los jóvenes ganaderos para que puedan construir estabulaciones. «Aquí tenemos ocho chavales que, si les facilitamos algo las cosas, echarían raíces», confía.

Bastante más pesimista, el alcalde de Peñarrubia, Secundino Caso, admite que la población más joven «vive allá donde le dan servicios», principalmente sanitarios y educativos. «En el balneario –explica– trabaja medio centenar de personas, pero solo ocho viven el municipio. El resto reside en Potes, en Unquera o en San Vicente, que es donde tienen viviendas baratas, servicios y mejores comunicaciones».

Y resignado, el alcalde de Vega de Liébana, Gregorio Alonso, que cree que el problema de su municipio está asociado a su escasa capacidad para generar actividad económica, reconoce: «Aquí están naciendo más osos que personas».