La actividad del Seve Ballesteros vuelve a la normalidad tras tres días de niebla

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Las vistas.

Pasadas las diez y media de la mañana, el cielo se ha despejado en Santander y los vuelos del Seve Ballesteros operan con normalidad. / ROBERTO RUIZ

  • El primer vuelo de las 7.30 horas de esta mañana -con destino a Madrid- ha sido cancelado porque anoche fue desviado a Bilbao, pero el de Mallorca de las 9.30 horas ha despegado sin problemas

  • El Seve Ballesteros se convirtió en una improvisada estación de autobuses para trasladar a los pasajeros

Este martes. 1 de noviembre, Santander ha vuelto a amanecer cubierto por una espesa cada de niebla que desde hace dos días afecta el tránsito en el Seve Ballesteras. El avión que tenía que haber despegado hacia Madrid a las 7.30 horas ha sido cancelado, pero el problema viene desde anoche cuando este avión, que tenía que haber 'dormido' en el Seve Ballesteros, no pudo aterrizar y fue desviado a Bilbao. Por este motivo el vuelo de esta mañana no ha salido. Pero el de las 9.30 horas con destino Palma de Mallorca ha despegado sin problemas, ya que la niebla empieza a dar una tregua al aeródromo cántabro.

El resto de los vuelos programados siguen en pantalla, aunque según aseguran desde Aena "muchas veces depende de cómo lo vea el propio comandante del vuelo", así que a esta hora -pasadas las ocho de la mañana- no se atreven a augurar qué ocurrirá con los aviones que están programados en la agenda del día. Desde Aemet creen que la densa niebla irá perdiendo fuerza a lo largo del día, pero su director, José Luis Arteche, asegura que este fenómeno resulta de difícil predicción..

Unos días en Londres y el domingo por la tarde, en casa. Buen plan. Y seguro que lo fue, pero en el vuelo de vuelta, a eso de las siete y media, ya les soltaron la ‘palabra mágica’: niebla. Santander se puso imposible y el comandante dijo que, en principio, se iban todos a Santiago de Compostela. La cosa al final no fue para tanto y acabaron en Valladolid. Pero eso de acabaron fue un decir porque hasta la una de la mañana no les metieron en un vehículo de camino a Santander. En taxi, porque los dos autobuses que encontraron se quedaron cortos para el pasaje. Total, que a las cuatro de la mañana en casa. Es la historia de María del Pilar Moreno, pero hay muchas.

Hasta 38 vuelos –entre los que no pudieron llegar a Santander, los que despegaron desde otra parte y los que ni siquiera partieron– se vieron afectados por una niebla --además del primero de la mañana de este martes- que se cosió a las pistas del Seve Ballesteros desde el sábado y que ayer mismo siguió dando guerra toda la mañana y a última hora de la tarde. Un muro. Las compañías trataron de solventar los problemas sobre la marcha y el aeropuerto se convirtió en una estación de autobuses improvisada. Una faena.

El sábado, a ratos. Unos vuelos sí y otros no. Pero el domingo no libró ninguno. El aeropuerto no cerró, pero estuvo paralizado en cuanto a salidas y llegadas, algo que se prolongó hasta última hora de la mañana de ayer, lunes, y que se repitió por la noche tras la tregua que dio la niebla cerca de la una de la tarde.

En el arranque de la semana, de entrada, el primero del día a Madrid ya se había retirado de la programación la noche antes. «Lo miré en casa y llamé por teléfono. Me dijeron que esperara un mail de confirmación que no me llegó y me reubicaron en el siguiente vuelo». Lo comentaba Belén Fernández mientras esperaba el autobús. A Madrid, pero vía Bilbao. Fue el tercer bus que salió de la terminal porque dos más salieron antes con los pasajeros que viajaban a París (curiosamente el último día en funcionamiento de esta línea de Vueling). «Nosotros somos de Bilbao y hemos venido esta mañana desde allí a coger el avión». Ida y vuelta. Los chicos se lo tomaron con humor. «Venimos de Valladolid a traer a los chiquillos y ya escuchábamos en la radio que había problemas...». El matrimonio despedía a sus chavales mientras el personal del Seve contaba y recontaba. «¿Queda algún pasajero por ahí?».

«Vamos en autobús, nada de avión». Eso lo gritaba una cría que iba dando saltos de alegría... «No le gusta nada lo de volar», explicaba su madre. Y voló, pero desde Bilbao. Fue la historia repetida en los cuatro vuelos del lunes por la mañana. Londres fue el que generó más dudas –y más nervios–. Porque el desvío se confirmó sobre la bocina, lo mismo que el traslado hasta Vizcaya en bus. Y porque el aparato iba prácticamente lleno. Mucha gente.

«Está intentándolo», «se va»... Los pasajeros se conectaron a la aplicación de internet que permite seguir el vuelo en directo. Allí, pegados al mostrador en el que el personal de Ryanair hacía lo que podía. «Nosotros tenemos todo gestionado, pero tenemos que esperar órdenes de la compañía. Tengo muchas ganas de darles una buena noticia...». La chica dio la cara en todo momento y cuando anunció que, por fin, le daban el visto bueno para que viajaran en bus hasta le aplaudieron. «Lo que no pueden hacer es esperar hasta el último momento para decirnos las cosas», comentaba Elisa Solar ya tirando de la maleta para ponerse en una cola en la que se juntaron unas 160 personas.

Y de algo parecido se quejaba María del Pilar Moreno (la que venía de Londres el domingo y acabó en Valladolid). «Abrieron el aeropuerto para nosotros. Sólo había dos guardias civiles y uno estaba en chándal. Fueron para eso. El avión se fue y una persona de Ryanair nos iba diciendo a cada hora que iban a venir autobuses a buscarnos. A las nueve y media, a las diez, a las once... Al final llegaron dos a las doce y media y nueve nos quedamos fuera porque no cabíamos. Un matrimonio de Gijón prefirió quedarse allí y a cuatro chicas vascas y a nosotros nos metieron en unos taxis. A las chavalas les dejaron en el aeropuerto a esas horas. Una odisea gorda... Sé que es una compañía de bajo coste, yo he viajado mucho con ellos y jamás ha pasado nada ni nos han dejado tirados. Pero si a las ocho menos cuarto ya sabían que íbamos a Valladolid, podían haber prevenido mejor las cosas».

Los efectos de una niebla que nadie puso en duda. Ayer, a primera hora, cruzarse con alguien por los alrededores del Seve era como ver a un fantasma. Sombras. En Aena dejaron claro que sus sistemas funcionaban perfectamente. El ILS que cambiaron hace pocos meses. «Niebla extrema».