Lágrimas por quienes no volverán

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La emoción por los seres queridos no se ocultó ayer en un día señalado para el recuerdo en Ciriego. / Javier Cotera

  • Los cementerios se llenaron de gente mayor que dice que los jóvenes «abandonan esta tradición»

  • El mantenimiento de las costumbres y la decisión del Papa por el destino de las cenizas protagonizan las charlas en los camposantos

«Esta tradición ya sólo queda en los mayores». Una mujer se afanaba ayer en adornar una tumba en el suelo en el cementerio de Geloria (Torrelavega). Allí tiene enterrados a sus padres, a su marido y a un hijo. Tiene 82 años: «Comprendo que los jóvenes tienen otra forma de pensar, pero hay que recordar de dónde venimos para saber a dónde vamos y quiénes nos cuidaron en esta vida», filosofa esta mujer. Y es cierto que la media de los visitantes ayer a los cementerios de la región superaba los 40 años, algunos con lágrimas pensando en quienes ya no volverán a su lado.

Pero había otras cuitas. Varios vendedores de flores estaban reivindicativos porque «con esto de las incineraciones y las flores artificiales de los chinos las ventas han bajado a la mitad». Los floristas se quejan de que en estos días «no tenemos el negocio que nos permitía tener las tiendas abiertas el resto del año». Y es que cuantifican en un 20% los ingresos anuales que en esta semana significaba para ellos por la tradición de Todos los Santos.

Todo influye. Hasta el tiempo meteorológico. Algunos cementerios costeros habían puesto en duda si celebrarían los actos religiosos que se suelen oficiar por la tarde del día 1 de noviembre, y en este caso no eran las tradiciones religiosas quienes los ponían en duda; la niebla de los días pasados no aventuraba nada bueno. El párroco de Suances, Baldomero Maza, celebró ayer la misa de las 12.30 horas en recuerdo de los difuntos de su parroquia, y temió no poder rezar el tradicional rosario, a las cuatro de la tarde, por culpa de la niebla que tapó hasta ayer toda la costa de Cantabria, ya que su cementerio está a pocos metros de la mar. Finalmente, como si de un pacto con los fieles difuntos se tratara, el día amaneció limpio, soleado y hasta caldeado, dando lugar a una triple celebración religiosa, tradicional y festiva.

Los cementerios claves de Cantabria, además de por preservar los restos de los antepasados, por su historia y arquitectura notable, tuvieron especial relevancia. Santander -Ciriego- Comillas, Laredo o Castro Urdiales se han convertido, además de lugar de encuentro sentimental con los fallecidos, en iconos culturales y arquitectónicos. Y es que el Día de Difuntos, no es sólo referencia para una conmemoración personal y familiar, es también un negocio, y de las 'flojeras' actuales del mismo se quejan los profesionales de la jardinería. Como en años anteriores, han vuelto a denunciar la competencia «ilegal» que «sufren» por quienes, al margen de los canales 'oficiales', venden flores a menor precio y hacen su particular agosto en noviembre.

Y también estuvieron los precios y las decisiones papales en las charlas de camposanto. Un entierro cuesta de media 3.500 euros. Según un reciente estudio de la OCU las tarifas que barajan las tres principales funerarias de Cantabria -servicios más inhumación- oscilan entre 3.681 euros y 3.738 euros, inapreciables diferencias. Y están al alza: entre 2003 y 2015 el precio de un entierro sencillo había subido más de un 50%. El ataúd es el apartado más caro: un modelo común cuesta entre 600 y 2.600 euros, pero la media ronda unos 1.200 euros. Las flores tienen cuantía muy variable, pero una corona mediana supera los 100 euros. El alquiler del tanatorio por 24 horas (es habitual que sean hasta 36 horas) cuesta algo más de 500 euros.