"Esta semana de vacaciones escolares trae un sobreesfuerzo de organización y más gastos"

«Sin mi madre, esta semana sería imposible». Eva Casado se queja del problema de conciliación de este calendario. En la foto, con su marido, Jesús Mancebo, y sus hijas Sofía y Eva.
«Sin mi madre, esta semana sería imposible». Eva Casado se queja del problema de conciliación de este calendario. En la foto, con su marido, Jesús Mancebo, y sus hijas Sofía y Eva. / Roberto Ruiz
  • Varias familias cuentan sus dificultades para hacer frente a la primera semana libre del calendario lectivo que se estrena en Cantabria

«Esta semana de vacaciones es un sobresfuerzo de organización y más gastos». Habla Ana Cereceda, vecina de Vargas y madre de tres niños a quien su empresa ha hecho «el favor» de cambiarle el turno de trabajo, de manera que esta semana no irá a su empleo por la mañana y sí por la tarde, cuando su pareja ya esté en casa para hacerse cargo de los niños. «Este calendario es horroroso. Suena bonito lo de equipararse con Europa pero, ¿había que empezar justo por las vacaciones?», se pregunta.

A esta familia su centro escolar, de Torrelavega, le hizo llegar numerosas opciones para esta semana, si bien todas suponían «una complicación» añadida y, en especial, la ludoteca «era muy cara: tendría que haber pagado 44 euros por niño por estos días. Es un desembolso con el que no cuentas y, sobre todo, ¿no se trata de que los críos descansen? pues hacerles madrugar para llevarlos aquí o allá no parece mucho respiro para ellos».

Esta madre apunta, además, que su hija mayor (de ocho años) no ha levantado la vista de sus deberes «desde El Pilar. No ha salido a jugar de la cantidad de tareas que tenía». O sea, que también ha habido sobrepresión por parte de los profesores «para poder hacer pronto unos primeros exámenes. Para ella, un sinvivir. Para mí, un desacierto total».

Este tipo de críticas ya las tenía descontadas la Administración educativa regional cuando decidió implantar un nuevo calendario escolar que se estrena estos días tras un primer bimestre de clases. El consejero de Educación, Ramón Ruiz, ha defendido la fórmula de las 175 jornadas lectivas con cinco paradas (noviembre, Navidad, febrero, Semana Santa y verano) contra viento y marea, convencido de que los estudiantes de Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato y Formación Profesional (94.080 en total) necesitaban un mejor reparto de los tiempos de aprendizaje. En este primer caso, para que ni ellos ni el profesorado lleguen con la lengua fuera a la parada navideña.

Pero al echar a andar el cambio, los padres –las madres– no acaban de verle los beneficios. Porque se han visto obligados a cambiar sus jornadas establecidas de vacaciones, a pedir días libres extra, a cambiar turnos de trabajo, «a tirar otra vez» de abuelos (de abuelas, mayormente). Porque no ven como «soluciones efectivas» las numerosas opciones que se les han dado en forma de ludotecas y programas gratuitos en museos y bibliotecas, «que obligan a contar con transporte o a reajustar horarios que no siempre son posibles por motivos laborables», declara Jorge, residente en Cueto. A otros les parece «demasiado pronto para romper a los críos más pequeños (y a los no tanto) una rutina» recién iniciada.

Y eso que para no provocar grandes problemas de conciliación con el cierre de colegios e institutos, Educación, ayuntamientos y asociaciones de padres y madres de alumnos han tejido una red de iniciativas alternativas, en la idea, repetidamente señalada también por el consejero Ramón Ruiz de que esta semana debe ser para sacar la nariz de los libros de texto y aprovechada para actividades más allá de las paredes de las aulas. El titular de Educación tiene claro –además– que los colegios no deben cargar, en exclusiva, con el peso de la conciliación familiar.

Un discurso loable sobre el papel que en muchas casas choca con la cruda realidad. Una madre de tres hijos que prefiere no dar su nombre cuenta que en su centro concertado (los Escolapios de Santander) le ofrecieron un plan de conciliación para tres días que costaba 45 euros por niño con lo que esas jornadas le hubieran supuesto un gasto adicional de unos 130 euros. El colegio no logró reunir el número de alumnos necesario («les ha pasado a varios», señaló la presidenta de la Concapa, Mónica Haro) y esta familia se ha repartido los días. El padre estará en casa lunes y martes y la madre los tendrá con ella a partir de mañana.

Esta profesional es muy crítica con la Consejería de Educación. «Dicen que así nuestro calendario se adapta al de los países más desarrollados de nuestro entorno. La cuestión es que en Europa también están más desarrollados que nosotros en conciliación. Aquí han puesto el carro antes de los bueyes».

«Estoy a favor»

No pone pegas Basi Solórzano, porque desde el minuto uno se organizó las vacaciones para esta semana. Es empleada en una empresa que le ha dado «facilidades para coger estos días, la verdad». Basi y su marido se han llevado a las niñas (cuatro y siete años) a una casa rural en Asturias, a disfrutar del otoño haciendo rutas de montaña. «Estoy a favor de esta semana. Si sirve para que desconecten, estupendo». Solórzano cruzaba los dedos para que su colegio (el público Marqués de Estella de Peñacastillo) no pusiera a las crías un montón de deberes para estos días. «Agradezco que no haya sido así».

A la vuelta, no obstante, todavía las dejarán un par de días con los abuelos. Los abuelos, de hecho, son otro gran recurso a veces muy a pesar de sus hijos. La santanderina Eva Casado hubiera querido enrolar a sus niñas (escolarizadas en La Salle de Santander) a la ludoteca de Numancia, porque hubiera usado a su padre, que trabaja cerca, de taxista. Pero ni siquiera pudo acercarse al centro a inscribirlas ni enviar a nadie a hacerlo «y nunca me cogieron el teléfono». A Casado le escandaliza «lo mal organizada que está la sociedad en general para conciliar». Ella ha reducido su jornada laboral para adaptarse al ritmo de sus dos pequeñas (también de cuatro y siete años) y, aun así, siente que vive con el agua al cuello. «Sin la ayuda de mi madre, sería imposible. Cuando somos dos padres trabajadores, no llegamos a todas las vacaciones escolares ni con los días de asuntos propios».

Elena Pascual y Olivia García, de Maliaño son otras dos madres que recurren de continuo a sus madres o suegras. La primera tiene una niña de dos años y, la segunda, un hijo de tres. Ambas tienen la misma pregunta: «¿Eran realmente necesarias estas vacaciones tan cerca del principio del curso?». Pascual dice que su hija todavía se están adaptando al centro público al que acude (Juan de Herrera del Alto de Maliaño), con el que está muy contenta y que es posible que estos cortes cada dos meses no estén mal «cuando abran más centros sin límite de plazas». Este año, sin embargo, le parece «todo muy precipitado».

A García le «molesta» todo el trabajo realizado hasta ahora para que el niño se adapte a la rutina del colegio, «porque después de esta semana habrá que volver a empezar».