"Es vergonzoso que aún no sepamos qué prueba nos espera para entrar en la Universidad"

De izquierda a derecha, Julia Gutiérrez, Óscar Gutiérrez, Paula Sustacha, Víctor Vázquez, Nerea de Diego (detrás), Sara Gutiérrez e Irene Correa, en un aula de la UNED
De izquierda a derecha, Julia Gutiérrez, Óscar Gutiérrez, Paula Sustacha, Víctor Vázquez, Nerea de Diego (detrás), Sara Gutiérrez e Irene Correa, en un aula de la UNED / Andrés Fernández
  • Los alumnos de 2º de Bachillerato denuncian su frustración: "No sabemos a qué atenernos, cómo prepararnos, la incertidumbre que vivimos es horrible»

"Es vergonzoso que a estas alturas del curso no sepamos qué prueba de acceso vamos a tener, cuáles son los contenidos de los que nos vamos a examinar, quién la va a hacer... No sabemos a qué atenernos, cómo prepararnos, la incertidumbre que vivimos es horrible", asegura expresiva Irene Correa, estudiante del IES Villajunco de Santander en una opinión que podrían suscribir cualquiera de los alumnos de 2º de Bachillerato de toda España, 3.400 de ellos cántabros, que a menos de siete meses de su celebración desconocen cómo será la evaluación que determinará su futuro. Porque aunque las dos nuevas reválidas que entran en vigor este curso de la mano de la discutida Lomce -la de la ESO y la de Bachillerato- no tienen efectos académicos este primer año de cara a la obtención del título, la de Bachillerato sí marcará el acceso a la universidad para aquellos que quieran realizar estudios superiores.

Los contenidos y los criterios que guiarán esta reválida -o lo que finalmente se termine realizando- siguen formando parte nada más que de un borrador objeto de debate y discusión entre el Gobierno central, que ha vuelto a confiar el Ministerio de Educación a Íñigo Méndez de Vigo, y las administraciones autonómicas, que piden en su gran mayoría que se realice una prueba "semejante" a la PAU (la antigua Selectividad) ante la falta de tiempo para poner en marcha la nueva evaluación final con el curso ya avanzado.

Después ya habrá tiempo de negociar un pacto educativo de cara a los próximos años, en el que los Ejecutivos regionales gobernados o cogobernados por el PSOE, entre ellos Cantabria, exigen la desaparición de todas las reválidas impuestas al final de cada etapa educativa, tal y como volvieron a manifestar esta semana. "Es una irresponsabilidad que los alumnos aún no sepan cómo se va a celebrar la prueba de acceso a la universidad y es tremendamente preocupante el desconcierto que ha creado el Gobierno nacional en toda la comunidad educativa", sentencia al respecto el consejero cántabro de Educación, Ramón Ruiz.

Y en el medio de todo este lío, convertido también en pugna política, se encuentran los alumnos de 2º de Bachillerato, en la actualidad los principales perjudicados por una indefinición ante la que se sienten impotentes, frustrados y preocupados, además de molestos porque su voz no sea escuchada.

"Ya de por sí 2º de Bachillerato es un curso bastante duro y agobiante para encima no saber hoy en día en qué va a consistir la prueba ni las asignaturas de las que nos vamos a examinar -cabe recordar que la reválida en este ciclo prevé evaluar de materias de 1º y 2º curso-. Somos auténticos 'conejillos de indias'", afirma Sara Gutiérrez, que agradece el apoyo que está encontrando en los profesores de su instituto, el IES Valle de Camargo, que "nos transmiten tranquilidad y nos dicen que si llevamos bien el curso nos va a salir bien la prueba, sea como sea". "Los docentes y el director nos intentan quitar preocupaciones y dar confianza, pero no saber qué va a pasar en junio genera una incertidumbre innecesaria, además de inexplicable", asegura su compañero Víctor Vázquez.

"Los profesores se están partiendo la cara mirando y preguntando todos los días si hay alguna novedad, nerviosos porque no saben qué dar, cómo darlo", intercede de nuevo Irene Correa, que añade otro motivo de protesta. "Nosotros en Filosofía estamos estudiando a Marx y en otras comunidades a otros autores; la reválida va a ser un caos organizativo", señala en referencia a que este año es el Ministerio quién determinará las asignaturas a examinar, los contenidos y los estándares de aprendizaje, dejando a las comunidades autónomas las fechas y las preguntas, cuando hasta ahora eran los profesores universitarios los principales responsables. "La administración no ha puesto un examen en su vida".

Quieren ser escuchados

'Injusto' es otro de los términos más empleados por los estudiantes de 2º de Bachillerato para definir la situación en la que se ven inmersos. "El año pasado un alumno tenía la seguridad de qué es lo que iba a hacer, pero nosotros no tenemos ni siquiera la certeza de las asignaturas en las que nos van a examinar en las reválidas; es una auténtica injusticia", expresa Óscar Gutiérrez, de los Escolapios. A su lado, su compañera Paula Sustacha asiente con la cabeza mientras escucha. "Es totalmente injusto lo que estamos viviendo los estudiantes, somos los más perjudicados, casi a fin de año no sabemos todavía a qué nos vamos a enfrentar. Además, deberían tenernos más en cuenta y preguntarnos antes de tomar decisiones", manifiesta.

"Los políticos sólo piensan en dejar su huella al llegar al Gobierno, implantando leyes para que se sepa que han estado ahí, pero sin tener en cuenta a alumnos, profesores... Cuando se sienten a negociar el pacto educativo me gustaría que tuvieran en cuenta al colectivo al que afecta principalmente y el que sabe lo que debería hacerse porque lo vive cada día", añade Óscar Gutiérrez sumándose a una reivindicación histórica. "Necesitamos que nos den voz a los estudiantes, que no sean ellos los que decidan sin preguntar a nadie. No se dan cuenta de que es nuestra educación y de que somos los mejores para hablar lo que sentimos del sistema educativo y de las carencias que tiene. No se nos escucha para nada, con decir que somos demasiado jóvenes para opinar es suficiente", critica por su parte Correa. "El sistema educativo necesita una reforma de principio a fin, pero atendiendo las necesidades de todos. En vez de hacer continuos retoques a las reválidas para no reconocer que la Lomce es un fracaso, lo que hay que hacer es un pacto educativo de Estado que esté por encima de los distintos gobiernos", sentencia.

Solución, al menos, parcial

Excepto Sustacha, que es capaz de encontrar algún "beneficio" pedagógico en las reválidas, el resto enumeran variadas razones para defender la supresión total de las mismas: desconfianza en el sistema de evaluación continua y en el trabajo realizado durante todo el ciclo, "falta de respeto" al profesorado, costosa y difícil organización, pruebas "segregadoras" para el alumnado, "clasistas" y hasta "franquistas"... Pero como saben que ésta es una dura batalla a largo plazo, todos piden que, al menos, este año se congele temporalmente su aplicación mientras se busca un pacto educativo que defina de forma más clara el futuro. "Lo más adecuado, a estas alturas del curso, es prorrogar un año más la PAU", resume Sara Gutiérrez. Con su metodología conocida, su organización y examinando solamente de materias de segundo curso. "Es lo más conveniente, mantener lo que se hacía hasta ahora, y que durante este tiempo intenten llegar a un pacto, decidan si se mantienen o no las reválidas, y de qué manera serán, para que la siguiente promoción conozca con antelación a qué se van a enfrentar, que no sufran lo que nos está pasando", detalla Víctor Vázquez.

"Imposible"

Pero desde el Ministerio de Educación ya se han encargado de anunciar que es "imposible", porque el cambio en la estructura de los estudios de Bachillerato "impide" la aplicación de la antigua Prueba de Acceso a la Universidad, que "ha sido derogada por la reforma educativa". Los gobiernos y hasta las universidades ya han reaccionado pidiendo entonces que la nueva prueba -que no reválida- sea "lo más semejante posible a la Selectividad" en un pulso incluso hasta etimológico en el que nadie parece dispuesto a ceder, aún menos desde el Gobierno central, porque cualquier paso atrás supone reconocer un fracaso de la Lomce que no están dispuestos a asumir, pese al rechazo que ha encontrado por parte de la mayoría de la comunidad educativa, tal y como demostró el apoyo a la huelga y a las manifestaciones del 26 de octubre, que en Cantabria sacó a la calle a estudiantes, padres, profesores, sindicatos y a la Administración.

Julia Gutiérrez, responsable de enseñanzas medias del Colectivo de Estudiantes (Colest), uno de los convocantes de esa jornada de huelga, manifiesta que el sector educativo ha dado suficientes muestras de que "no quiere la Lomce ni las reválidas, ni cree en ellas. Esperemos que todos juntos podamos cambiarlo". Estudiante en el IES Torres Quevedo de 4º de la ESO, ciclo que este año también estrena reválida aunque, al menos, sin los efectos tan condicionantes de la de Bachillerato, pide la solidaridad de todos los estudiantes "porque a todos nos va a tocar en algún momento". A Nerea de Diego, por ejemplo, alumna de 1º de Bachillerato de este mismo instituto, le tocaría el próximo curso, situación que vive con "preocupación", porque "cualquier decisión que se tome ahora, sea la que sea, nos va a repercutir directamente". Su futuro, y el de la educación en España, está en juego.