"Cuando te acostumbras a la bomba de insulina ganas en calidad de vida"

Manuel Gutiérrez, que sufre diabetes tipo 1 desde los 5 años, es unode los cien cántabros que utiliza la bomba de insulina.
Manuel Gutiérrez, que sufre diabetes tipo 1 desde los 5 años, es unode los cien cántabros que utiliza la bomba de insulina. / Daniel Pedriza
  • Cien cántabros con diabetes tipo 1 llevan puesto el dispositivo fijo que «reduce el riesgo de hipoglucemia» y evita cuatro pinchazos al día

Manuel Gutiérrez tenía cinco años cuando le diagnosticaron diabetes tipo 1, un desorden del metabolismo marcado por el déficit de insulina. Su cuerpo no produce esta sustancia por lo que necesita inyectársela a diario para que la mayor fuente de combustible para el organismo, que es la glucosa, llegue a las células –en la diabetes tipo 2 el cuerpo sí que genera insulina, pero no la suficiente–. La segunda es la más frecuente (90%), aunque se puede evitar o retrasar su aparición con una alimentación equilibrada, ejercicio físico y una vida saludable sin tabaco ni alcohol. La primera afecta sobre todo a niños y jóvenes, que se enfrentan a un tratamiento de por vida, a la rutina de los pinchazos. Y estos últimos son los que pueden beneficiarse de las bombas de insulina, financiadas por la sanidad pública. «Para mí, fue ver la luz. Cuando te acostumbras a llevarla y aprendes su manejo ganas en calidad de vida, porque disminuyen los episodios de hipoglucemia (baja glucosa en sangre) y su gravedad», destaca Manuel, que lleva cinco de sus 42 años conectado a uno de estos dispositivos las 24 horas del día. Se trata de un pequeño aparato del tamaño de un teléfono móvil (se lleva colgado del cinturón o en un bolsillo) que imita la producción de insulina basal del páncreas y que a través de un catéter permite equilibrar el nivel de azúcar. No obstante, reconoce que «al principio es difícil porque hay un componente psicológico evidente», señala Gutiérrez, pero «las ventajas superan a cualquier inconveniente», por eso «me da pena que haya gente que no pueda acceder a ella por una cuestión de limitación de presupuesto».

A su juicio, «debería ir de la mano la opinión del paciente y la del médico respecto al tipo de aparatos, ya que de lo contrario pueden dar malos resultados». Como él, Marie Broset, profesora francesa residente en Cantabria, convive con la bomba desde hace cuatro años. «Me la recomendaron porque me quería quedar embarazada; estuve un año pensándomelo, porque suponía llevar constantemente el dispositivo encima, pero te acostumbras enseguida. De hecho, si me la quitaran ahora, para mí sería un drama». Marie admite que «tardas cerca de un año en familiarizarte con todo lo que ofrece la bomba, pero te quitas una gran preocupación», más una media de cuatro pinchazos diarios. «Con ella, solo te tienes que pinchar una vez cada tres días para cambiar el sistema de infusión».

"Cambio a mejor"

Ambos coinciden en el «cambio a mejor» que se ha abierto para el tratamiento de la diabetes tipo 1. «Ser diabético hoy no tiene nada que ver con lo que era hace 20 o 30 años, y creo que estamos al principio aún de una vida más sencilla para nosotros. Llegará un día en que se incorporará en un mismo dispositivo también los medidores de glucosa», confía esta paciente. En Cantabria ronda el centenar los dispositivos proporcionados desde el servicio de Endocrinología de Valdecilla, situándose entre las comunidades con mayor número por habitantes. En el área pediátrica, de los 125 menores tratados, los utiliza una veintena.

Como desventaja, admiten que requiere de un seguimiento exhaustivo y de una educación y un nivel de cuidado elevados. «Esto no es un páncreas artificial», aclaran los endocrinos. De ahí que no todos los enfermos se atrevan a decir que sí de entrada. Las bombas están indicadas para casos en los que no se consigue un control adecuado con tratamiento intensivo de insulina subcutánea, para los que sufren hipoglucemias graves no controlables con la terapia habitual y embarazadas con diabetes tipo 1, al tiempo que es una opción para pacientes que llevan décadas combatiendo la enfermedad.