El Gobierno dilapida su cohesión

Cuando el Gobierno bipartito admitió que no podría remitir los Presupuestos 2017 al Parlamento en la fecha límite del 31 de octubre adujo que le faltaba el ‘papelín’ del techo de gasto que no acababa de enviar el Ministerio de Hacienda, entonces en funciones. Ya está más que comprobado que aquella coartada no alcanzaba para disculpar la demora, que PRC y PSOE necesitaban más tiempo para dirimir sus diferencias sobre el reparto de los escasos recursos presupuestarios. Lejos de lavar los trapos sucios en privado, los socios se han cruzado alegremente pullas y descalificaciones con los altavoces mediáticos a todo volumen sin tomar en consideración el deterioro de la cohesión gubernamental, que es o debiera ser un bien en sí mismo, el distintivo de un proyecto político solvente. En casi diez años de alianza de regionalistas y socialistas en dos etapas diferentes, nunca como ahora ha estado tan justificada la percepción de que funcionan dos gobiernos en uno.

Sin embargo, en el PSOE y sobre todo en el PRC, más agresivo, opinan que la pelea en la plaza no les supone desgaste y que, una vez cerrados los Presupuestos 2017, el desencuentro quedará como una anécdota menor. Más bien tienden a creer que en esa escandalera de reproches cruzados los partidos se refuerzan ante sus respectivas clientelas. Sucede lo mismo con la normativa sobre la construcción en suelo rústico, con posturas diferenciadas y polémica continuada entre las dos formaciones que comparten el Gobierno regional y el de numerosos ayuntamientos.

El PSOE defiende la visibilidad de Eva Díaz Tezanos y su influencia en la gestión frente al empuje mediático de Miguel Ángel Revilla. A su vez, el PRC quiere resarcirse del regusto amargo que le dejó la negociación del Gobierno en el verano de 2015 porque no respetaba la proporción entre sus 12 diputados y los 5 del PSOE. Ahora quieren que el socio tenga presente esa diferencia.

En la pugna presupuestaria, los socialistas ejercen el control desde la Consejería de Economía y dicen que la ‘caja de resistencia’ sólo alcanza para mantener los servicios básicos, precisamente los que ellos gestionan. Su planteamiento de contención y de disciplina –el riesgo de que el dinero que ahora se comprometa se agote antes de tiempo, con la consiguiente frustración y las quejas de los sectores afectados– no resulta fácil de ‘vender’ a la oposición y a la opinión pública.

Naturalmente, suena más estimulante la ‘alegría’ que postula el PRC para dotar mejor a las áreas inversoras que son de su responsabilidad. Reclaman 120 millones más, no aceptan menos de 90 y el PSOE se va acercando. En ese regateo andan.

El negociador en jefe del PRC, Rafael de la Sierra, no ha podido viajar a la entronización del cardenal Osoro en Roma para trabajar en las cuentas este fin de semana en contacto con su homólogo socialista Ramón Ruiz y llegar a un arreglo definitivo. Luego toca informar de las cuentas a los grupos parlamentarios –también al PP, por si acaso– y negociar el voto que les falta para que salgan adelante. Los tiempos empiezan a ser muy justos para que el Parlamento apruebe los Presupuestos antes del 31 de diciembre.

Ciudadanos gana enteros para suceder a Podemos como aliado exterior del Ejecutivo en su objetivo de aprobar los Presupuestos. Desde luego, se dejan querer. La mayor receptividad acaso tiene que ver con la asamblea general que prepara la cúpula de Albert Rivera con planes trienales a nivel nacional y en cada una de las comunidades. La idea que se contempla en el largo plazo es la de participar en la gobernación de las instituciones estatales, autonómicas y municipales.

«Hace un mes parecía imposible un acuerdo con Ciudadanos, pero ahora se les ve más flexibles», admiten en el PRC, que últimamente ha hablado largo y tendido con el partido naranja. «Pero nosotros menos que el PSOE», precisan. En efecto, para los socialistas un acuerdo con Ciudadanos sería el mal menor frente al acoso de sus enemigos podemitas. Por lo demás, el pronóstico que airean los socialistas es que Podemos no va a apoyar los Presupuestos, porque lo que quiere de verdad es cargarse la coalición de gobierno.

El PRC todavía le da margen a Podemos. Para empezar fueron los regionalistas quienes firmaron –sin el PSOE– un pacto con el partido morado para que apoyara la investidura de Miguel Ángel Revilla y los Presupuestos del año pasado. El discurso podemita que exige la cabeza del director de Sodercán, Salvador Blanco, para facilitar que las cuentas de 2017 salgan adelante suena ya bastante cansino y opaca sus otros planteamientos presupuestarios, pero esa es la posición marcada y la marcha atrás es difícil.

Podemos se muestra pragmático: puede apoyar los Presupuestos si llega a un acuerdo o irse a la oposición pura y dura, en el Parlamento y en la calle, como predica Pablo Iglesias. En el Gobierno regional no les creen del todo: «En la calle hace mucho frío».