"Tocar el piano repara el daño cerebral del ictus y puede prevenir demencias"

Marián Sánchez imparte una clase de piano a Beatriz Cano, una de sus alumnas de Santander.
Marián Sánchez imparte una clase de piano a Beatriz Cano, una de sus alumnas de Santander. / Javier Cotera
  • Marián Sánchez, que fue la ganadora del programa Yuzz en Cantabria, sacará al mercado su terapia rehabilitadora y prepara un ensayo clínico con la colaboración de Valdecilla

Un accidente de tráfico en pleno embarazo fue el culpable de que su pequeña naciera con hemiplejia derecha -parálisis de un lado del cuerpo como consecuencia de una lesión cerebral-. Los padres de aquella niña, a quien la discapacidad marcó su carácter (introvertida y poco sociable), decidieron un buen día apuntarla a clases de piano con el único deseo de que «disfrutara». «Con eso nos conformamos», le dijeron a su profesora. Al mes de tocar las primeras teclas, aquella pequeña de 9 años, ya «compartía el tiempo de recreo jugando con sus compañeros de clase». Primer logro, «otra actitud». Y solo ocho meses después «consiguió llevarse la cuchara a la boca por sí sola».

«Fue un caso inolvidable», la primera niña con parálisis cerebral que puso las manos en el teclado de Marián Sánchez Calderón, una joven músico y arquitecto de profesión a quien los acordes del piano han acabado guiando hacia una salida empresarial que busca que «vivir más signifique vivir mejor». Y con ese propósito, ha desarrollado una innovadora terapia de neurorehabilitación y prevención del envejecimiento neuronal, con la que se proclamó ganadora en Cantabria del programa Yuzz, que impulsa el talento joven y la generación de ideas innovadoras. Un premio que le permitió viajar a Silicon Valley, la meca del emprendimiento tecnológico, para redondear su proyecto, bautizado como Método Sáncal.

Durante aquella estancia, pudo entrevistarse con el equipo médico de Neurorehabilitación del UCSF Medical Center de San Francisco, para cruzar sus líneas de investigación. Un encuentro del que salió con una propuesta firme de colaboración. No obstante, Calderón ha querido hacer partícipe del desarrollo de su técnica al Hospital Marqués de Valdecilla, con quien ya prepara un ensayo clínico para obtener datos objetivos «de lo que ya hemos comprobado en la experiencia acumulada en los tres años que llevamos trabajando con esta terapia tanto con grupos de mayores como de niños con parálisis cerebral».

Sánchez no tardó en descubrir las posibilidades que brindaba este instrumento. «Estaba estudiando el posgrado cuando empecé a dar clases de piano. Me di cuenta de que una de mis alumnas, una señora mayor, empezó a estar anímicamente mucho mejor, hasta el punto de que le acabaron quitando por completo la medicación que tomaba para la depresión», explica. A raíz de aquella reveladora respuesta, se empezó a especializar en un perfil concreto, un grupo de gente mayor, pero a la vez «muy heterogéneo» (desidia, depresión, ictus...), lo que «me forzó a crear material específico para ellos, porque no lo había». La música sonaba cada vez mejor, «pero lo que de verdad mejoraba era la calidad de vida de estas personas». Así fue como esta joven emprendedora se decidió a investigar de lleno sobre el tema, empapándose de estudios científicos para hallar la fórmula de extender «los beneficios del piano a todo el que lo necesite».

¿Por qué el piano?

«Nos diferenciamos porque utilizamos el piano como herramienta rehabilitadora para personas con daño cerebral, ya sea congénito o adquirido, pero también para adulto mayor, sano (versión preventiva) o con deterioro cognitivo», señala esta gaditana de 30 años, residente en Santander. ¿Por qué el piano? «Porque es una actividad compleja donde interviene información auditiva, visual y motora. Además, al ser una experiencia emocional hace que el paciente no tenga el foco de atención en el propio movimiento. El fedback auditivo (una nota que suena mal) hace que de forma casi intuitiva corrija el movimiento. Crea lo que técnicamente se denominan cambios neuroplásticos de red auditivo-motor». Pero hay más razones: es un instrumento que «permite practicar motricidad fina (de cada dedo) y gruesa (horizontal y vertical), y al ser polifónico es más agradecido». Aunque la mayor ventaja, subraya la impulsora de la terapia, es que «ofrece una motivación extra desde el inicio, lo que hace que mejore el estado de ánimo».

Un factor clave que, de no existir, lleva al abandono de los tratamientos. El Método Sáncal, en definitiva, garantiza que «tocar el piano puede reparar el daño cerebral y prevenir la aparición de demencias, como el Alzheimer, al incidir en la raíz del problema (cambios neuroplásticos)». Para ello, utilizando un motor de inteligencia artificial, a través de Big Data, el equipo ha desarrollado una metodología adaptada específicamente ya no solo para cada grupo, sino a cada paciente.

No es la misma para un anciano con deterioro cognitivo que para un niño con parálisis cerebral o un adulto que ha sufrido un ictus. En este último caso, «es importante que se comience la terapia justo después del momento crítico». Por eso, la respuesta consiste en un programa intensivo de tres semanas, con tres sesiones a la semana presenciales, más una serie de ejercicios diarios, para recuperar el mayor porcentaje de movilidad». En cambio, en menores con secuelas congénitas la terapia deberá ser de larga duración. «Nunca se recupera la movilidad total, porque el daño cerebral siempre deja cicatriz, pero sí se aprecia una mejora notable», insiste Calderón.

Y no hace falta tener un piano de cola instalado en el salón, porque el sistema es un software que conecta el teclado digital al ordenador, de manera que cada usuario puede acceder a sus contenidos personalizados, lo que permite contabilizar los progresos en tiempo real y adaptar las clases a su evolución.