"Ni los ciudadanos ni nuestros políticos son conscientes de lo que tenemos"

Pablo Arias con una de las piezas descubiertas durante los trabajos de investigación en La Garma.
Pablo Arias con una de las piezas descubiertas durante los trabajos de investigación en La Garma. / Javier Cotera
  • Pablo Arias, codirector de Investigación en La Garma, considera que un mecenas no le vendría mal a la arqueología en Cantabria, "uno de los grandes sitios del mundo en cuanto a patrimonio"

La primera vez que Pablo Arias (Oviedo, 1961) entró en La Garma quedó impresionado; y eso que no vio ni la mitad de los tesoros que escondía, preocupado de no pisar todos aquellos restos únicos que encontraron esparcidos por el suelo. Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria y codirector de los trabajos de investigación que desde hace ya más de una década se desarrollan en la cueva, aplaude que alguien como Stuart Weitzman, el zapatero de las celebrities, esté casi tan emocionado como él con la caverna. De hecho, no tiene ningún problema en hablar de ello como una oportunidad para que el mundo sepa de la envergadura de la riqueza que esconde Cantabria en sus entrañas.

–¿Qué tiene La Garma de especial para que alguien como Stuart Weitzman haya decidido ponerse el mundo por montera para conseguir que todo el planeta sepa de su existencia?

–La Garma es un sitio único sobre todo por dos cosas. La primera, porque los suelos están como los dejaron los paleolíticos, y estamos hablando de cientos de metros cuadrados; es como una burbuja del pasado, como volver a un campamento de estos cazadores, tal y como lo dejaron, con una colección de arte mueble tirada por el suelo excepcional. La segunda es que allí tenemos representados todos los periodos de la Prehistoria e incluso de los inicios de la historia, desde los primeros pobladores hasta el siglo XIII después de Cristo. Secuencias tan ricas como esta, tan bien conservadas, no hay en ningún otro sitio.

–¿Y tienen que venir de tan lejos para recordárnoslo?

–Cantabria es un lugar único en cuanto a patrimonio arqueológico. Sin duda es uno de los grandes sitios del mundo. La prueba es que a la mayor parte de la gente le cuesta colocar Cantabria en el mapa, pero si hay algo con lo que lo hacen es con Altamira... y con el Banco Santander. Lo que ocurre es que quizá aquí no se perciba así. Hay interés por la Prehistoria, pero creo que ni el ciudadano medio, ni nuestros responsables, son conscientes del capital que tenemos, y eso se ha visto claramente en este episodio del Banco de España y el Museo de Prehistoria. En ningún sitio del mundo se les ocurre tener la marca vendida; una imagen ante el mundo tan difícil de conseguir que algunas empresas pagan millones por ella –y que nosotros tenemos desde hace un siglo– y que nos dediquemos a jugar en otras ligas, como el arte contemporáneo, en las que no tenemos nada que hacer.

–¿Qué le parece entonces que un norteamericano millonario de éxito haya creado una fundación y asegure que está decidido a mostrar el patrimonio arqueológico de Cantabria a todo el planeta?

–Me parece importante. No solo porque quiera invertir parte de sus dólares en esto, sino incluso más porque puede darnos a conocer y reforzar esa imagen de Cantabria como referencia mundial del arte rupestre. Sinceramente creo que puede ser muy positivo. Especialmente ahora, que no andamos muy sobrados de recursos aunque en La Garma nunca nos haya faltado apoyo. Pero lo dicho, además de conseguir dinero, que eso podría no ser tan difícil, lo verdaderamente importante es que puede colocarnos en el mundo.

–La verdad es que hay que reconocerle al señor Weitzman su perseverancia. Más de dos años estudiando la forma de echar una mano, teniendo que superar todo tipo de obstáculos, no lo aguanta cualquiera...

–Pues sí. Tengo que reconocer que hubo algún momento en el que yo di el asunto por muerto y enterrado, pero sigue vivo por iniciativa de él, no del anterior Gobierno de Cantabria. Creo que el atasco ha sido consecuencia de una mala gestión y por cuestiones de tipo administrativo y legal. El que una persona haga una donación no es tan sencillo, pero también es verdad que para eso hay técnicos. En cualquier caso, llama la atención que pasen estas cosas cuando aquí estamos a cazar inversiones. Todos recordamos al indio aquel del Racing al que le pusimos una alfombra roja.

–No sería la primera vez que un rico, riquísimo, ayuda a investigar y preservar el patrimonio arqueológico de Cantabria.

–Desde luego. Alberto I, tatarabuelo del príncipe Alberto de Mónaco, llegó a Santander el 21 de julio de 1909 a bordo de su barco, el ‘Princesse Alice II’, le hicieron una turné por algunas de las cuevas por entonces recién descubiertas y quedó impresionado. Fue él quien costeó las grandes excavaciones de la época, el que pagó las publicaciones a todo lujo y creó el Instituto de Paleontología Humana.

–¿Recuerda cuando entró por primera vez en La Garma?

–La Garma A y B se descubrieron en el 91 y poco después Roberto Ontañón, director del Museo de Arte Prehistórico, y yo comenzamos a investigar. Como sabíamos que había alguna galería más mandamos a unos espeleólogos que entraran los primeros. Luego entramos nosotros y le aseguro que es una impresión difícil de narrar. ¡Es que hay tantas cosas impresionantes allí!

–¿Qué fue lo que más le llamó la atención?

–No teníamos muy claro lo que había, y la historia tiene su gracia. Con los espeleólogos entró una tercera persona que se quedó en el intermedio y que nos iba cantando lo que veía: "¡Oye!, que hay pinturas, esqueletos...", creíamos que nos estaba tomando el pelo. Luego nos dimos cuenta –y eso que no vimos ni la décima parte– de que estábamos ante algo muy gordo. Aún así, quizá lo que más me impresionó fue el conjunto de las manos del fondo. Es un sitio realmente mágico; se ven hasta las uñas, ¡hasta un brazalete que llevaba puesto uno de ellos!