Rufino Pereda, cerebro de la estafa tecnológica, condenado a 5 años y 4 meses de cárcel

Rufino Pereda (en el centro de la imagen), a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado mes de febrero, acompañado por sus abogados.
Rufino Pereda (en el centro de la imagen), a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado mes de febrero, acompañado por sus abogados. / Óscar del Pozo
  • El empresario cántabro tendrá que indemnizar con dos millones de euros a más de una veintena de inversores defraudados

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al empresario cántabro Rufino Pereda, cabecilla de una de las estafas tecnológicas más importantes de los últimos tiempos, a cinco años y cuatro meses de prisión por el fraude perpetrado a varios inversores durante la pasada década.

La sentencia de la Sección Cuarta de la Audiencia, que se hizo pública ayer diez meses después de la celebración del juicio, condena a Pereda como responsable de un delito de falsedad en documento mercantil y de otro delito continuado de estafa agravada, entre el que se incluyen acciones consistentes «en la obtención fraudulenta de inversiones para el negocio de fabricación y comercialización de teléfonos móviles personalizados; las contrataciones, aparentando seriedad, mediante las que se obtuvieron las prestaciones de servicios de transporte aéreo e igualmente de puesta a disposición de trabajadores; y finalmente, la obtención de inversiones mediante la creación mendaz, y posterior utilización, de la apariencia de una importante solvencia patrimonial en el contexto de la creación de diferentes sociedades mercantiles». Sin embargo, le absuelve del delito continuado de otorgamiento de contrato simulado.

En el juicio, celebrado el pasado mes de febrero en la capital de España, el Ministerio Fiscal solicitó seis años de cárcel para el empresario y su número dos, Emilio Rodríguez Marrón, por una supuesta estafa de telefonía móvil, ahora condenada. Mientras, cuatro de las empresas estafadas –dos compañías aéreas y otras dos de trabajo temporal–, y seis inversores, uno de ellos cántabro, ejercieron la acusación particular en el proceso.

Pereda, un auténtico encantador de serpientes, «el Steve Jobs cántabro» tal y como fue definido, ya permaneció en prisión 31 meses entre 2011 y 2013 por estos mismos hechos, por lo que ya ha cumplido casi la mitad de la condena. Además, el tribunal le impone una multa de 10.800 euros e indemnizaciones a más de una veintena de personas y sociedades afectadas que alcanzan los dos millones de euros (1.983.797 en concreto).

Por su parte, Rodríguez Marrón –‘mano derecha’ de Pereda y que también llegó a pisar la cárcel antes del juicio– y Gonzalo Agüeros han sido condenados a tres años y medio de prisión por su participación en los delitos ideados por su jefe. Además, ambos están obligados a indemnizar, «solidariamente» con Pereda, a las personas defraudadas, aunque su proporción es diferente y en cualquier caso menor que la que le corresponde al cerebro de la red.

Otros dos de los imputados, Raúl Iglesias y F. F., reciben penas de un año y seis meses de prisión, mientras que Miguel Ángel Martín, Leticia Villalba y Carmen Pineda –esposa de Pereda– han quedado absueltos.

La resolución no es firme y contra ella cabe interponer recurso de casación ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo en el plazo de cinco días.

Hechos probados

La sentencia considera probado que Rufino Pereda registró en 2003 la marca ‘Red Enlaza Comunicaciones’, una empresa sin actividad real pero que aseguraba dedicarse a la fabricación y venta de teléfonos móviles. Con el ánimo de «enriquecerse ilícitamente», llegó a crear, junto a otros socios, un entramado societario del que colgaban 17 filiales –una por cada comunidad autónoma– y del que el empresario cántabro era presidente.

El documento explica que Pereda tenía en mente ciertas ideas de negocio «muy ambiciosas» que requerían para su puesta en práctica de «grandes sumas de dinero de las que no disponía ni estaba en condiciones de conseguir». Entre ellas estaba introducir la telefonía móvil de cuarta generación (4G) en España. Para este fin, se rodeó de gente de confianza y construyó una imagen de empresario de éxito que se exteriorizaba en el uso de automóviles de alta gama y aviones privados, pagados con el dinero obtenido de los inversores.

Los acusados participaban en «numerosos eventos» con el objetivo de «captar ilícitamente» fondos de terceros, en los que aseguraban que su grupo de empresas iba a ser «el primer operador en explotar comercialmente en España la telefonía móvil de cuarta generación». En su megalomanía, Pereda decía que pretendía competir con grandes grupos, como Telefónica y Vodafone, y otras empresas de tecnología punta. Incluso utilizaban como «gancho» contratos falsos firmados supuestamente con clubes de fútbol como el Real Madrid o el Barcelona, o importantes multinacionales como Zara, Coca Cola y Telepizza.

Pero, en realidad, no había ni proyecto, ni patentes, ni teléfonos y ni siquiera estaban legalmente constituidas las empresas filiales. Según dicta la sentencia, el condenado «no fabricó ni comercializó teléfonos móviles de ningún tipo, personalizados o no, bien directamente o bien a través de las sociedades que constituyó y en las que los inversores compraron participaciones». Pereda tampoco suscribió acuerdos de compra ni encargó la fabricación de teléfonos móviles, no firmó ningún contrato de licencia con clubes de fútbol españoles ni con empresas titulares de marcas o nombres comerciales de renombre.

La Audiencia asegura que, desde que comenzó su captación de inversores para el proyecto de comercializar teléfonos móviles personalizados, Pereda «era consciente de las escasas posibilidades de colocar en el mercado su producto en términos de mínima rentabilidad económica». A pesar de ello, y con el fin de obtener el máximo dinero posible de los inversores en su beneficio, ocultó tal escasa viabilidad detrás de una «imagen cuidadosamente deformada y falaz» que aparentaba una realidad empresarial exitosa en el marco de un complejo conglomerado societario, con importantes activos tecnológicos y económicos, así como proyectos internacionales de gran envergadura.

«Ideólogo» y «ejecutor»

La sentencia refleja de forma contundente que Pereda es «el artífice de todas las acciones delictivas, el que domina y controla desde el principio todo el plan y sus sucesivos y renovados despliegues; el que idea los proyectos de negocio y los presenta directamente a los inversores; el que ficha y se rodea de un equipo reducido de colaboradores para ejecutar lo planeado, manteniendo en todo momento su jerarquía y mando; el que crea una imagen mediática de sí mismo completamente deformada atribuyéndose capacidades que no tiene y proyectos empresariales que encubren su inconsistencia; el que obtiene el dinero de los inversores mediante la utilización de esa imagen, dispone del dinero íntegramente y no devuelve un céntimo; el que decide que hay que viajar en vuelos ejecutivos pese a la ausencia de ingresos de explotación, despilfarrando los fondos obtenidos de los inversores, y contrata trabajadores para ubicarlos en las oficias a los fines de cultivar su imagen ante los futuros inversores; y el que decide que pagará cuando le place y no cuando así se le antoje».

Por ello, el tribunal concluye que es el empresario santanderino el que «idea y ejecuta todos los hechos fraudulentos que integran el conjunto de la estafa continuada, y es coautor también de la falsedad de los documentos mercantiles al formar parte del acuerdo que determina su elaboración y hacer uso posterior de ellos conforme a lo planeado».

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