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De las naranjas de Tomás a la tableta de Alba

Inés Linares del Río sostiene parte de su colección de ‘ojitos’, y su hermana Alba, una tableta. Detrás, Amaya del Río con la ruleta del juego ‘Enredos’, y su madre, María Ángeles Cotera. La noche de Reyes prepararán unas viandas para los magos y sus camellos.
Inés Linares del Río sostiene parte de su colección de ‘ojitos’, y su hermana Alba, una tableta. Detrás, Amaya del Río con la ruleta del juego ‘Enredos’, y su madre, María Ángeles Cotera. La noche de Reyes prepararán unas viandas para los magos y sus camellos. / Javier Cotera
  • Los regalos navideños se han transformado y aumentado con los años y el cambio socioeconómico

Hace un par de milenios, tres magos de Oriente se postraron ante un pesebre, adoraron al Niño que allí yacía y le entregaron tres cofres que contenían oro, incienso y mirra. San Mateo cuenta en su evangelio este episodio de la Epifanía, una fecha que en los tiempos modernos cierra el periodo navideño para los cristianos y para occidente.

La Navidad ha transformado sus ritos con el paso de los siglos. La celebración puramente religiosa se ha fusionado con tradiciones paganas, se ha contaminado con otros referentes. Uno de los actos que pervive es el intercambio de regalos. La festividad de los Reyes Magos es la fecha más recurrente para hacerlo, pero ya no es la única: han entrado en escena Papá Noel, los ‘amigos invisibles’... Las cartas y expectativas tampoco se parecen entre generaciones contiguas.

Tomás García nació en Vergaño (Palencia) en 1931. En Navidad las nevadas eran de miedo y los belenes de cartón. No se celebraba cabalgata en Vergaño, pero los niños dejaban su alpargata en la ventana para que amaneciera con algún regalo. A Tomás los Reyes le traían a veces una perra gorda, otras naranjas o almendras garrapiñadas, otras nada. "Pero había ilusión, igual más que ahora". A pesar de la escasez, se hacía por celebrar: se mataba un pollo o se daba cuenta de un lomo en aceite, el pueblo organizaba un baile, y los mozos pedían el aguinaldo que podía ser un trozo de tocino o de queso. Recuerdan Tomás García y su mujer Rosaura, también natural de Vergaño, que muchos regalos eran de factura casera: muñecas de trapo para ellas, caballitos de madera o un carro de chapa para ellos.

Tomás y Rosaura son padres de cuatro hijos. El pequeño, nacido en 1977, también se llama Tomás y disfrutó de pequeño del espectáculo de la cabalgata de El Astillero. Posa para la foto con el mítico ‘Dangerous’ (1991), de Michael Jackson, pero si hay un regalo de Reyes que le emocionó es una BH amarilla, modelo California, con las ruedas azules. Tomás confeccionaba su carta dándose un paseo por las tiendas locales para ver qué le pedía a Baltasar, y recuerda mañanas de Reyes hechas de scalextric, coches teledirigidos, juegos, ropa. "No había tanta variedad como ahora. Ahora hay mucho más estímulo. Si respecto a mí época es desproporcionado, imagina respecto a la de mis padres".

Por la salita de la casa corren, saltan y comen polvorones sus hijos Lucas y Mateo, de cuatro años. Juegan con Hulk, el capitán América y muñecos de La Patrulla Canina. Sus padres quieren que sus regalos también les ayuden a desarrollar su parte más creativa. Este año, Papá Noel les ha traído una pizarra y témperas.

La sociedad y el modelo productivo han cambiado de Tomás-abuelo a sus nietos. España se ciñe hoy a un modelo capitalista, industrializado, es una sociedad de consumo. Adela Cortina Orts e Ignasi Carreras Fisas señalan en ‘Consumo… luego existo’ que "estamos en la era del consumo porque el consumo está en la médula de nuestras sociedades. En ese consumo ‘vivimos, nos movemos y somos’".

Eso se refleja en la Navidad. Los sociólogos Javier Callejo y Rebeca Cordero determinaron la evolución del consumo navideño en un artículo para Efe: en los cincuenta primaban "el ambiente y la celebración sobre el obsequio material"; en las dos siguientes décadas, el acto de regalar se producía la Noche de Reyes; en 1980 "se inicia la mercantilización de las Navidades", y en los noventa llegan Papá Noel y sus renos, y aumentan las ocasiones para regalar, y los reclamos de consumi, como el exitoso ‘black friday’. En la actualidad, según el estudio que Deloitte publica por estas fechas, el dinero en efectivo se consolida como forma de regalo; también la ropa, los libros o perfumes, y los aparatos tecnológicos. El presupuesto navideño crece hasta los 682 euros por hogar.

El tipo de regalo, su aspecto y función ha tenido un fuerte componente de género. Se puede colorear esta idea de azul y rosa. Rosaura y Tomás reconocen que, en sus tiempos, la diferencia era evidente. Su hijo cree que esa barrera se va difuminando; su mujer, María Collantes, apoya esta idea y apunta al colegio como un espacio integrador. Pero, ¿ha variado tanto esta división en las últimas décadas? Lorea Romero, socióloga y experta en género, opina que, si bien la sociedad española se ha transformado mucho en los últimos 40 años, el cambio del patrón por sexos no es tan profundo. "Ha variado mucho menos de lo que comúnmente creemos. Incluso observamos que, en los últimos tiempos, la idea de ‘para chicos’ y ‘para chicas’ se ha intensificado aún más. Las transformaciones sociales de nuestro país –si nos ceñimos a tres generaciones–, nos llevan a pensar que vivimos en una sociedad más libre de condicionantes de género a la hora de elegir regalos. La apertura a una mayor diversidad sexual, y una mayor igualdad entre mujeres y hombres, nos lleva a pensar que nuestras elecciones navideñas no están tan marcadas por el sexo como antaño. Sin embargo, los anuncios, los folletos de regalos y los escaparates de las tiendas, salvo contadas excepciones, nos indican todo lo contrario. Seguimos regalando muñecas y cocinitas a las niñas, y playmobil y aviones a los niños. Podemos regalar playmobil a las niñas, pero con figuras afines a ellas, en colores, en escenarios, en protagonistas. Por el contrario, regalar muñecas a niños sigue siendo anecdótico y no deseable en gran parte de las familias".

A Lucas y Mateo García Collantes les encanta jugar con la Patrulla canina, con Hulk y el capitán América. Su padre, Tomás García muestra uno de sus regalos fetiche, el disco ‘Dangeorus’, de Michael Jackson. El abuelo, Tomás García, dejaba su alpargata junto a la ventana cada noche de Reyes.

A Lucas y Mateo García Collantes les encanta jugar con la Patrulla canina, con Hulk y el capitán América. Su padre, Tomás García muestra uno de sus regalos fetiche, el disco ‘Dangeorus’, de Michael Jackson. El abuelo, Tomás García, dejaba su alpargata junto a la ventana cada noche de Reyes. / María Gil Lastra

El microscopio de Amaya

Amaya del Río Cotera recuerda el 6 de enero en el que los Reyes dejaron en su casa un microscopio y un juego Quimicefa. Eran los años ochenta. "De pequeña ya me interesaba mucho la ciencia". Amaya ve una división por sexos menos clara, que ya intuía en su época. "Los juguetes ya no son tan niño-niña. Nuestras madres estaban más dirigidas a ser amas de casa, y nosotras, a estar fuera de casa. Nuestra generación estuvo muy formada, pudimos cumplir nuestros deseos". Cuando describe a sus hijas, Alba, de 8 años, e Inés, de 6, recibe un reflejo contrapuesto.

Recuerda la tarde de la cabalgata como un ritual emocionante. Se instalaba con primos, amigos y familia en un piso frente al Ayuntamiento de Santander, y desde allí llamaba a los Reyes con todas sus fuerzas. "Era increíble". Ahora repite la escena con sus hijas, que no dudan en asegurar: "¡Mamá es la que más grita!". Ambas han escrito ya sus cartas. Alba va a entregarla en correos. Le pide a Melchor un reproductor MP4, una pulsera para medir la actividad física, una cámara de fotos, "felicidad para toda la familia". Inés espera que los Reyes le ayuden a incrementar su colección de peluches ‘ojitos’, y que le regalen un "cojín molón", un juguete-mascota, calentadores para sus clases de ballet y un juego para ‘cocinar’ chucherías. Las dos son nativas digitales, han crecido manejando tabletas, el móvil.

Las cartas de Alba e Inés son detalladas, tienen catálogos de marcas y grandes superficies a su alcance para componerlas; su madre se guiaba más por la televisión, los amigos. "Tienen mucho donde elegir", reflexiona Amaya, "quizá la mayor diferencia de mi generación respecto a las siguientes es que nosotras recordamos que hubo cosas que no nos trajeron, y en cambio ahora están desbordados".

María Ángeles Cotera, madre de Amaya, coincide en esta idea de la abundancia y el sobrestímulo. "En mis tiempos había más límite", se pedía de otra manera. Los Reyes procesionaban a caballo por Celis cuando ella era pequeña. Escribía sus regalos en un modelo de carta de la empresa Saltos del Nansa, en la que trabajaba su padre. Entre sus juguetes preferidos figura un gabinete para muñecas hecho en madera. "Era muy bonito. Tengo un buen recuerdo de los Reyes".

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