Los desafíos inevitables de 2017

Los retos inevitables de 2017
/ Ansola
  • Cantabria necesita revulsivos en este nuevo año. La región mira de reojo a otras comunidades que despegan tras la crisis, mientras aquí las buenas noticias llegan con cuentagotas

  • La economía, las infraestructuras, el urbanismo, la cultura y el turismo proponen retos que Cantabria debe alcanzar con urgencia para despegar en 2017

Miguel Ángel Revilla dijo hace casi un año que "Cantabria tiene arreglo si aprovecha sus grandes potencialidades". Un condicional que no termina de materializarse y hace que el desafío para 2017 siga siendo mayúsculo. La comunidad no acaba de sacar la cabeza del agujero de la crisis mientras ve como otras regiones ya tienen medio cuerpo fuera. Hay problemas, algunos de ellos endémicos, que Cantabria debe afrontar con urgencia. Y este nuevo año será clave para un puñado de proyectos, planes y retos que este periódico considera prioritarios para el futuro más inmediato de la comunidad autónoma.

El primer objetivo se cumplirá en febrero, cuando el Parlamento apruebe un Presupuesto de 2.601 millones de euros que el Gobierno se ha visto obligado a pactar con Ciudadanos. Sin esta herramienta, la Administración estaría atada de pies y manos. Se limitaría a subsistir sin poder poner en marcha nuevas inversiones e iniciativas que ya no se pueden demorar más. El documento podrá ser mejor o peor, políticamente discutible o desviarse más o menos de los compromisos de estabilidad marcados desde el Estado, pero nadie cuestiona la importancia de que 2017 tenga unas cuentas propias y no herede otras desfasadas del año pasado.

Las políticas sociales seguirán acaparando dos de cada tres euros públicos, pero es vital que Cantabria no caiga en el círculo vicioso de alimentar bolsas de pobreza año tras año. Se trata de vaciarlas con apuestas decididas por la industria y la innovación que fomenten el empleo y la inversión, tanto desde Santander como desde Madrid y el ámbito privado.

Los indicadores económicos no acaban de sonreírle a la región. Hay fogonazos de buenas noticias parciales, como la bajada del paro interanual que, sin embargo, crece en comparación con el de noviembre. O el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) durante tres años seguidos, aunque por debajo de la media española y con una previsible desaceleración en 2017. Falta de dar ese paso definitivo que consolide a Cantabria en la senda del crecimiento. Y será clave acertar con las decisiones que se tomen en cada uno de los sectores que proponemos en este artículo para no tropezar.

Incrementar lo máximo posible la inyección de dinero desde Madrid será esencial para no quedar descolgados en la carrera nacional. Las negociaciones con Hacienda –fijadas para las próximas semanas– por la financiación autonómica y los objetivos de déficit se antojan fundamentales para coger aire y sanear unas cuentas públicas doblegadas por una deuda que no deja de crecer.

El turismo ha sido uno de los revulsivos de la economía regional durante 2016, pero este año debe enfrentarse, de una vez por todas, al reto de la desestacionalización. Legislatura tras legislatura se repite que el modelo debe cambiar, que el sol y la playa ya no son suficientes. Que hacen falta otros estímulos para atraer un perfil distinto de turistas de enero a diciembre. Pues bien, el 2017 es un año perfecto –con la apertura del Centro Botín, el Año Jubilar y la final de la Copa del Mundo de Vela en Santander– para que la cultura y el deporte empiecen a cambiar la tendencia y, entre otros beneficios, la capital rentabilice la llegada de miles de pasajeros de cruceros que, al final, no ponen el pie en la ciudad.

Locomotora de la economía

Pero el turismo no puede ejercer como locomotora de la economía regional. El Gobierno debe dar pasos firmes para recuperar la potencia industrial de la región, cuya producción parece haber frenado mínimamente la caída en la que estaba sumida desde 2011. Pero no es suficiente. Cantabria no acaba de subirse al tren del resto del país, donde existe un crecimiento continuado desde hace dos años. Son necesarios planes industriales fuertes, sobre todo en la comarca del Besaya, que respalden a las empresas consolidadas. Los emprendedores necesitarán estrategias propias para arrancar nuevos negocios, pero el Gobierno no debe perder de vista al tejido industrial asentado y del que dependen casi 35.000 empleos y el 19% de la riqueza regional.

Cantabria tiene que dejar de repetir, como una letanía publicitaria, que apuesta por la innovación. Basta con mirar de reojo a otras comunidades para saber que eso no es así. Y en 2017 se deben dar los primeros pasos para solucionarlo. Hace falta un Parque Científico ampliado que compita de tú a tú con el resto, inocular una cultura del I+D+i que fluya desde la Universidad hasta las empresas y apostar de manera decidida por las energías renovables.

Hay que desterrar conductas provincianas pasadas y aliarse para crecer en un mundo y una economía globalizados. El eje Santander-Bilbao, con comunicaciones mejoradas y colaboraciones en multitud de ámbitos, debe de ser una prioridad para un Gobierno que ha normalizado sus relaciones con el Ayuntamiento de la capital. Porque una de esas potencialidades de las que hablaba Revilla es, precisamente, su situación geográfica. Y para arreglar Cantabria hay que situarla en el mapa en este 2017.