El año en el que los barcos de Cantabria volvieron a navegar por el Guadalquivir

Las traineras de Cantabria remaron en el Guadalquivir en recuerdo de la histórica gesta.
Las traineras de Cantabria remaron en el Guadalquivir en recuerdo de la histórica gesta. / M. de las Cuevas
  • Un club social y una caseta propia en la Feria de Abril son las grandes innovaciones de la sociedad con relación a otros centros regionales

Ahí van las dos naves cántabras, las más grandes y poderosas de la flota, navegando a toda vela en la pleamar y con viento favorable, armadas hasta los dientes. Llevan hierros aserrados en el casco para producir el mayor daño posible, y mientras desde las murallas y barbacanas les arrojan fuegos, proyectiles, lanzas y flechas, la Rosa de Castro, capitaneada por Ruy González, y la Carceña, al mando de Ramón Bonifaz, embisten violentamente. Las defensas almohades, inexpugnables hasta entonces, aguantan la primera arremetida, pero el segundo impacto es mortal. El puente de barcas cede por el centro y caen rotas las gruesas cadenas que unen las orillas del Guadalquivir, entre Sevilla y Triana. La escuadra montañesa corta así la vía de suministro de víveres y tropas a los sitiados y facilita el cerco de la Isbiliya musulmana al ejército del rey Fernando III, a quien llamarán El Santo. La ciudad tardará en rendirse, pero ya está ganada.

En el destrozo de las cadenas "consistió toda la victoria, porque los moros, desde aquella hora, conocieron ser vencidos", según escriben las crónicas. Era el 3 de mayo de 1248, día de la Santa Cruz. Los barcos de guerra y los hombres de Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera, las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, se convierten en la Armada de Castilla, el germen de la Armada Española, y Ramón Bonifaz, "sabidor de las cosas de mar", es nombrado su primer almirante.

Tuvo que ser un espectáculo. Trece naos y cinco galeras construidas en los astilleros de Cantabria se presentan en la desembocadura del Guadalquivir después de sortear fuertes temporales. Los musulmanes confían en la fortaleza de sus muros y en la seguridad del río, cerrado desde la Torre del Oro hasta la Almenilla. No temen que Sevilla caiga. Las naves, reforzadas con marinos vascos, asturianos y gallegos, derrotan en Sanlúcar a los benimerines, que tratan de cerrarles el paso. Remontan las aguas y afrontan la acción decisiva. Al frente está Ramón Bonifaz, de quien no se sabe a ciencia cierta si era "omne de Burgos", que es lo más probable, francés, laredano o de Camargo, cual era su segundo apellido. Por todo ello, en los escudos de Laredo, Santander y Cantabria se refleja la gesta histórica. En el de la comunidad puede verse la Torre del Oro, el río y el barco rompiendo las cadenas, uno de cuyos fragmentos, quizá el único, se conserva en la Iglesia de Santa María de la Asunción de Laredo. Y fue en 2006, pasados 758 años, cuando Cantabria surca de nuevo el Guadalquivir con ocasión del III Encuentro de los centros regionales en el mundo. Las traineras de Pedreña, Astillero y una conjunta compuesta por tripulantes de Castro Urdiales y Laredo compitieron por la I Bandera de las Casas de Cantabria.

Los jándalos

La relación entre Cantabria y Sevilla no se ha perdido desde entonces. Concluida la Reconquista, numerosos montañeses permanecieron en la ciudad y, tiempo después, llegaron otros para participar en el comercio con las islas Canarias y con Guinea, en los combates con Portugal y en los viajes a América. Muchos de los que se quedaron en Andalucía, principalmente en Cádiz y en Sevilla, se abrieron camino. Políticos, religiosos, tratantes y comerciantes tuvieron una notable influencia en la vida de la ciudad y en alguna época se dijo que "el Ayuntamiento de Sevilla está formado por cántabros en su práctica totalidad". Quizá sea una exageración, pero está bien documentado el triunfo social y económico de las "bien valoradas gentes del Norte", las mismas que a mediados del siglo XIX fueron conocidos como jándalos, es decir, emigrantes a Andalucía que solían volver, adinerados, a su tierra de origen, aunque otros se quedaron de modo permanente. Los jándalos se unieron en hermandades no sólo para defender sus intereses gremiales sino para influir decisivamente en otras actividades, incluso las políticas. Su preponderancia en la hostelería queda aún hoy de manifiesto en establecimientos de nombres inequívocos: La Flor de Toranzo, Bar Laredo, Hostería de Santander o El Rincón del Besaya.

César Cardenal Villalba, de cuarenta y cinco años, apenas cumple seis meses al frente de la Casa de Cantabria, aunque perteneció a la directiva presidida largamente por Serafín Fernández Vallejo. Nacido en la santanderina calle de Cádiz, se fue a Sevilla junto a su madre y sus hermanos solamente por unos meses para acompañar a su padre, a quien le había surgido un contrato en la Expo"92. Una vez finalizado el trabajo, la familia regresó a Cantabria, aunque con un miembro menos. César se casó con una sevillana y allí vive, desde hace casi un cuarto de siglo, "con esta gente, abierta para la fiesta, que hace vida en la calle y tiene un carácter menos reservado pero también menos serio que el nuestro".

César Cardenal.

César Cardenal.

Club social

La Casa de Cantabria de Sevilla "en la que también notamos la crisis, sufrimos bajas y se hizo necesario apretarnos el cinturón", no tiene una sede, sino dos, y es la particularidad de la segunda lo que marca la diferencia con respecto a las actividades y objetivos de otras sociedades. Una de las sedes está en Sevilla y allí se atiende a los socios, se celebran reuniones, se consulta la biblioteca y se hace el trabajo diario. Pero en Carmona, a unos veinte kilómetros de la capital, dispone de un Club Social con piscina, pistas polideportivas, zonas de recreo y todo lo necesario para que se puedan organizar celebraciones familiares, sean bodas, bautizos o primeras comuniones. Además, la Casa posee una caseta propia en la Feria de Abril. Por estas razones, aunque cada familia abona una cuota de 55 euros al mes, una cifra que puede parecer alta para la media de un centro regional, no lo es si se analiza lo que incluye.

"El Club Social cuenta con los medios que puedan pedir los socios de cualquier club privado. Por lo que respecta a la caseta, mientras los sevillanos pagan unos 800 euros al año por una semana en la Feria de Abril –dice Cardenal–, la caseta de la Casa de Cantabria está abierta para nuestros afiliados y para los cántabros que deseen visitarnos, con el único requisito de que muestren el carné de identidad. Aquí han estado los directivos de otras casas, los alcaldes de algunos ayuntamientos de Cantabria, deportistas y público en general. Además, aunque tenemos problemas económicos, seguimos metidos en todos los fregados y por eso los cántabros somos conocidos y valorados. Mantenemos las actividades y colaboramos con otras casas y con el Ayuntamiento de Sevilla. En cuanto al Gobierno de Cantabria y a nuestros paisanos, sólo puedo decir que nos busquen si necesitan algo. Estamos para ayudar".

Aunque la Casa, como sociedad organizada, fue creada en 1985, desde los años cuarenta del pasado siglo se reunía el colectivo cántabro en torno a los bolos hasta que decidieron que la presencia montañesa en el universo empresarial, cultural y social de la ciudad necesitaba un escenario más amplio. Así nació el centro, presidido por Serafín Fernández Vallejo. Bajo su dilatado mandato conoció un ascenso paulatino, cuyos hitos más importantes son la organización del III Encuentro de las Casas de Cantabria en el Mundo, la participación en el pabellón de Cantabria de la Expo"92, la construcción del Club Social y la concesión anual de la caseta de la Feria de Abril. Las circunstancias y los tiempos son otros ahora, pero el actual presidente, César Cardenal, tiene confianza en el futuro.

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