Los cántabros que se instalaron en la tierra emigrante no ven claro su futuro

Danzantes cántabros durante la interpretación de la Baila de Ibio en La Coruña.
Danzantes cántabros durante la interpretación de la Baila de Ibio en La Coruña. / CCLC
  • Peligra la continuidad del centro después de la supresión de la fiesta en los Jardines de Méndez Núñez, su principal fuente de ingresos

Rosalía de Castro, que era hija de cura, fue quien mejor cantó a la emigración gallega. "Éste vaíse i aquél vaise, / e todos, todos se van. / Galicia, sin homes quedas / que te poidan traballar", escribe en el poema "As viudas do vivos e as viudas do mortos", el quinto libro de "Follas novas" (Hojas nuevas). "E tes corazóns que sufren / longas ausencias mortás, / viudas de vivos e mortos / que ninguén consolará". La autora de "Negra sombra", nacida en 1837, contempla con dolor el gran éxodo hacia América en la segunda mitad del siglo XIX, y no se fija en los indianos enriquecidos, aquellos a los que satirizó José María de Pereda en sus obras montañesas "Las visitas" y "Don Gonzalo González de la Gonzalera", sino en los pobres que salieron pobres y siguieron pobres, y nada ganaron en el mundo al que fueron, como nada tenían en el que dejaron.

Rosalía habla de la desesperanza, la angustia de no ver de nuevo la aldea querida, la morriña y la saudade, el olor y la humedad de los bosques, el recuerdo de las montañas, las aguas, el sonido de la gaita, la tierra pródiga que maltrata a sus habitantes y no evita su miseria, y por ello se despide: "Adiós ríos, adiós fontes, / adiós, regatos pequenos; / adiós, vista dos meus ollos, / non sei cando nos veremos". Porque la emigración es, sobre todo, gallega, gallegos llaman a los españoles en América, y hasta a José Ramón Fernández, el vicepresidente de Cuba hasta hace unos años, le decían "el gallego" Fernández a pesar de que sus padres eran asturianos.

Los datos nos ayudan a comprenderlo. Uno de cada cuatro emigrantes españoles es gallego. Entre 1836 y 1980 más de dos millones y medio –su población, según el censo de 2016, es de 2.714.084 personas– salieron de Galicia rumbo a América, como principal destino, y Argentina como primer reclamo. Emigrantes gallegos viven en cincuenta países de los cinco continentes, hay más de medio millar de Casas de Galicia, asociaciones culturales o centros gallegos repartidos por el mundo, uno de ellos en Santander, y algunos hasta disponían de escuelas y hospitales propios. En la actualidad, el Instituto Nacional de Estadística contabiliza 503.840 gallegos en el extranjero, de los que La Coruña, su ciudad más importante, aporta 174.984, aunque es preciso matizar que no todos ellos nacieron en Galicia sino que son hijos o descendientes directos de gallegos.

La coordinación es responsabilidad de la Secretaría Xeral da Emigración de la Xunta de Galicia, que maneja un alto presupuesto y concede subvenciones para actividades, equipamientos, ayudas individuales y programas específicos por importe de varios millones de euros. Nada que ver con el resto de las comunidades autónomas. En el denominado Registro de la Galleguidad figura la relación completa de sus sociedades en el exterior. Sólo en Argentina existen treinta y seis Casas de Galicia.

Tierra de acogida

Siendo esto así, ¿cómo es que Galicia se convierte también en tierra de acogida, por qué existen en sus provincias casas regionales de otros lugares aunque, ciertamente, no en gran número? La pregunta carece de una única respuesta. En el caso del colectivo montañés, que lucha hoy por mantener su identidad como grupo dadas las dificultades económicas por las que atraviesa, muchos de sus miembros eran empleados del Banco Santander que fueron destinados a las sucursales gallegas; otros pertenecían a empresas multinacionales, como Ricardo López Polidura, impulsor, fundador y primer presidente de la Casa de Cantabria, que trabajaba en Nestlé; otros llegaron como profesores a las universidades y a los institutos y algunos se establecieron en negocios relacionados con la hostelería, la ganadería o los productos lácteos. Eugenio Pedraja, el actual presidente y socio también de primera hora, santanderino de la calle Marqués de la Hermida, navegó durante muchos años en la Marina Mercante como jefe de máquinas, desembarcó en La Coruña y montó un negocio mayorista de muebles con todo el territorio gallego como ámbito de actuación. Lleva allí casi cuatro décadas, y "aunque la tierra tira" y viene a Santander siempre que le es posible, tiene ya hecha la vida en la ciudad en la que, según su lema, nadie es forastero.

El inicio de la creación del centro tiene que ver con la gastronomía. Una veintena de cántabros se reunían en Casa Peón en torno a un cocido montañés elaborado según su propia receta. Eran los días finales de 2006, y aunque aún faltaba tiempo para la constitución de la sociedad, el grupo continuó haciendo actividades, como la celebración colectiva de la festividad de la Bien Aparecida, con una travesía en barco por el río Mandeo. Las rutas fluviales son una constante en su quehacer, ya que cada año participan en la muy famosa gira de Los Caneiros, en Betanzos, considerada la romería pagana más importante de Galicia, allá por San Roque, cuando los barcos se engalanan con guirnaldas y se almuerza siguiendo el curso del río. Posteriormente, la fundación se haría efectiva en septiembre de 2007, y pocos meses más tarde, en febrero del año siguiente, fueron reconocidos oficialmente por el Gobierno de Cantabria.

Eugenio Pedraja.

Eugenio Pedraja.

Ingresos

Desde entonces, los cántabros en La Coruña han seguido trabajando por el cuidado de las costumbres y tradiciones de su tierra natal, con un largo periodo organizativo de conferencias, excursiones, rutas del Camino de Santiago, campeonatos de mus –que suelen ganar– frente a las representaciones de Asturias, Castilla y León, Aragón y Andalucía, catas de quesos y anchoas, bailes, degustaciones de cocidos y sobaos y actuaciones musicales protagonizadas por el coro que forman dieciocho de sus socios, entre ellos el presidente, en el Casino o en residencias de ancianos, interpretando canciones montañesas "porque les suelen gustar y aplauden mucho". Este año tienen programado un viaje a Santo Toribio con motivo de la celebración del Año Jubilar Lebaniego, del que son embajadores en Galicia.

Aunque las cuotas, pequeñas, de las familias asociadas, el alquiler de su bar restaurante y las ayudas recibidas desde Cantabria eran y son importantes, el mayor aporte financiero se producía en el Certamen de las Casas Regionales, una fiesta que llevaba diecinueve años celebrándose en los Jardines de Méndez Núñez cuando se incorporó el centro cántabro, en 2009, con un pabellón propio, artesanal y típico que se asemejaba a una casona montañesa. El éxito con la venta de productos –rabas, quesos, sobaos, orujo, anchoas, quesadas, cocido montañés– fue tan importante que los ingresos alcanzados permitieron una holgada subsistencia durante todo el año y posibilitaron el acceso a una sede social. Esta situación favorable continuó durante algunos años, hasta que el nuevo alcalde de La Coruña, miembro de En Marea (quien dijo recientemente que "nos hemos pasado de frenada con la supresión de coches oficiales y asesores"), decidió no celebrar la fiesta en tan céntrico lugar, dando así un golpe mortal a los centros regionales.

"Espero –dice Pedraja– que se recapacite y volvamos a Méndez Núñez porque la promoción que tenemos allí no se logra en ningún otro sitio. Este año será decisivo para nosotros, tanto por ese motivo, clave para la financiación, como por el hecho de que nos vamos haciendo mayores y el relevo parece imposible. Aseguramos nuestra permanencia hasta 2018, pero no podemos prometer, por ahora, nada más allá".

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