Una pionera en medicina, al frente del centro montañés de Lérida

Una de las celebraciones del Día de Cantabria en la capital ilerdense.
Una de las celebraciones del Día de Cantabria en la capital ilerdense. / CCL
  • Relevo natural de la Asociación de Amigos de Cantabria, la Casa opta por anteponer la calidad de sus actividades a la cantidad

La gammagrafía era una técnica desconocida en Lérida, o al menos no operativa, hasta que hace tres décadas se estableció en la ciudad catalana una joven cántabra, médica nuclear de profesión, nacida en Cabezón de la Sal. Ante la ausencia de hospitales en los que practicar su especialidad, María Eugenia Fernández Puente tuvo que montar su propia consulta privada con un notable esfuerzo económico, ya que los aparatos necesarios para este tipo de análisis requieren una alta inversión. La gammagrafía consiste básicamente "en la administración de un radiofármaco que se acopla a células y proteínas especificas" lo que "posibilita el estudio de varios órganos con el fin de detectar enfermedades de diversos tipos, sean óseos, digestivos, renales, endocrinos o cardíacos, entre otros", según explica.

María Eugenia estudió la carrera en la Facultad de Medicina de Santander y Medicina Nuclear en el hospital Ramón y Cajal de Madrid, una especialidad que ejerció en solitario en Lérida durante dieciocho años. Hoy trabaja con su marido, médico dentista, al que conoció en sus tiempos de estudiante en la Universidad de Cantabria y fue la causa última de su residencia en Cataluña.

Además de todo esto, María Eugenia Fernández es la presidenta de la Casa de Cantabria, a la que llegó en las horas primeras, cuando se estaba constituyendo. Porque el nacimiento del centro, primero como Asociación de Amigos de Cantabria y más tarde como Casa de Cantabria, tuvo mucho de artesanal. Ni había ni hay muchos montañeses, unos cuatrocientos, en la segunda capital de provincia catalana por número de habitantes, y la captación de socios se fue realizando poco a poco, boca a boca, paso a paso, información a información y lugar por lugar, hasta el punto de que Fernández Puente, para su sorpresa, recibió una mañana en su consulta al quien, creyendo un potencial paciente, era uno de los que trataban de formar el número adecuado de afiliados nacidos en Cantabria para articular un grupo organizado.

María Eugenia no reprime la sonrisa al recordar aquellos tiempos de las reuniones en un piso de la calle Academia, cuando la ilusión era la nota predominante y todas las personas con las que se pudo contactar –empresarios, restauradores, religiosos, funcionarios, ganaderos– pusieron su grano de arena para que el movimiento se concretara y cristalizara. Marino Torre G. de Enterría fue elegido presidente, pero en realidad la presidencia de la Casa ha sido siempre cosa de dos, aunque no fuera bicéfala sino de relevos: Marino Torre dirigió el centro hasta que tuvo que trasladarse a Barcelona por razones de trabajo, María Eugenia lo hizo después, Marino de nuevo a su regreso y otra vez María Eugenia, quien ostenta el cargo en esta última etapa desde el año 2013.

Cantabria en el pensamiento

Montañesa de nacimiento y de convencimiento –"soy y me siento cabezonense", dice– habla de Cantabria como de la tierra prometida a la que acudir en las vacaciones y siempre que puede. "Para mí, Cantabria lo es todo. El mar, las montañas, los valles, los ríos. Es otra gente y es otro ambiente. En Lérida está mi trabajo, mi familia y mi casa. Pero en Cantabria está mi casa natal y también están los míos. En Cantabria me relajo, disfruto, me río, soy yo misma. Cantabria es sonido y es belleza, es mi pueblo, los paisajes a los que volver, el lugar de las cosas pequeñas. ¿Hay algo más agradable y que pueda dar mayor placer que tomar un blanco y unas rabas frente al mar?". Y ese entusiasmo se contagia y es el motor de cuantas actividades desarrolla la Casa en la capital ilerdense, con la premisa, marcada desde los inicios, de imponer la calidad a la cantidad en cuanto a las actividades se refiere. No demasiadas, pero de una altura notable, la que permite sus limitados recursos económicos, y con la promoción permanente de Cantabria como objetivo único en las actuaciones musicales –aún se recuerda el concierto de la Coral Salvé en la iglesia de Santa María de Gardeny–, las charlas, los certámenes de poesía y las conferencias. Por eso, sus peticiones al Gobierno de Cantabria –además del envío de un ordenador, porque el que tienen falla más de la cuenta– se resumen en que "no nos falte la ayuda económica y vuelvan a celebrarse los encuentros anuales entre todas las Casas, como se hacía antes, esas reuniones que tanto contribuyeron a relanzar los centros regionales, a reforzar nuestra identidad y a elevar nuestra autoestima".

María Eugenia Fernández.

María Eugenia Fernández. / CCL

Mientras Lérida –en catalán y oficialmente Lleida– es una localidad pequeña, de apenas 140.000 ciudadanos, en la que el sector servicios emplea a una gran parte de la población, la superficie provincial duplica ampliamente la de Cantabria, aunque es menor el número de habitantes. Una de las grandes diferencias con respecto a otras comunidades o países a los que emigraron los montañeses consiste en que quienes se desplazaron a Lérida eran profesionales con el trabajo asegurado. Un buen número de los cántabros que allí viven son funcionarios del Estado o empleados del Banco Santander, pero hay representantes de todas las profesiones, con una presencia significativa de ganaderos, venidos en los años cincuenta no para trabajar en las explotaciones existentes sino para crear las propias. Trajeron a sus vacas desde Cantabria, hoy alguna de las grandes estabulaciones leridanas son su propiedad, y con su trabajo, esfuerzo y la mejora de la raza con distintas transacciones en sus viajes al Mercado Nacional de Torrelavega, contribuyeron a que la ganadería sea una fuente de riqueza en la provincia de acogida.

Busca y captura

Varios de los cántabros que se inscribieron en la Asociación de Amigos de Cantabria acudían con regularidad a la Casa de Castilla la Vieja, en tiempos en los que la entonces provincia de Santander integraba una macrorregión en la que se incluían también Burgos, Palencia, Valladolid, Logroño, Soria, Segovia y Ávila, según las épocas, y que estuvo vigente durante 150 años. Tras la constitución de Cantabria en comunidad, los montañeses hicieron frente a la nueva realidad política iniciando esa ‘busca y captura’ de cuantos paisanos vivieran en Lérida y quisieran formar parte del nuevo centro. Y hasta hoy. Un largo periplo con momentos emotivos para la pequeña historia de la Casa, como el del año en el que Ana Carlota Bordes, hija de María Eugenia, obtuvo el primer premio del Concurso de Dibujo Infantil Casas de Cantabria. Un jurado falló que su trabajo era el más destacado entre los muchos originales presentados por los niños de todos los centros regionales de España y América.

El principal problema que se plantea ahora en Lérida, como en la mayor parte de Casas de este tamaño, es el de un difícil relevo. "Me encantaría –dice María Eugenia Fernández– contar con gente joven que ayudara y apoyara, pero no es posible. Los hijos o nietos de socios ya han nacido aquí, y aunque les interesa Cantabria, en razón de sus mayores, no la sienten como la podemos sentir nosotros, y tienen otras prioridades distintas a las de involucrarse en el funcionamiento de un centro regional". Afirma que "la gente de edad es encantadora, confía en nosotros, les gusta lo que hacemos, nos anima a continuar y participa con entusiasmo en cuantas actividades organizamos, pero no puede ir más allá". Por fortuna, el reemplazo parece que aún queda lejos en el tiempo.