"La cultura está dirigida por poderes económicos", afirma Alfonso Guerra

El exvicepresidente Alfonso Guerra durante su intervención en el Ateneo
El exvicepresidente Alfonso Guerra durante su intervención en el Ateneo / ROBERTO RUÍZ
  • El exvicepresidente del Gobierno revisa en el Ateneo de Santander la revolución cultural que impulsó el primer gobierno de la Segunda República Española

Chaqueta gris, pelo cano, camisa azul y corbata grana, Alfonso Guerra González, 76 años, personaje fundamental en la democracia aunque orillado de la política desde tiempo ha, leyó ayer en el Ateneo de Santander (lleno, frustrado de aforo incluso) un texto académico, denso, profusamente documentado e interpretado con la energía de quien domina y se apasiona con el asunto entre manos. En este caso, "la política cultural de la Segunda República Española", que fue elogiada durante una hora. Guerra no concede entrevistas, pero sigue prodigándose como conferenciante intelectual. "No voy a ser breve", advirtió al inicio con una primera broma, para regalar después una anécdota histórica que resumía su tesis.

Estamos en el ambigú del Teatro Español en diciembre 1932. Comparten aperitivo Fernando de los Ríos, ministro de Educación, la actriz Margarita Xirgu y Miguel de Unamuno. El ministro se queja de que en España no se representan a los clásicos griegos y romanos. La actriz comenta que acaba de regresar de Extremadura, donde se ha deslumbrado con las ruinas de un teatro inmemorial. El ministro propone de inmediato: representemos allí a Séneca. Unamuno se compromete: en 15 días les traigo 'La Medea' traducida al castellano. "Dos meses después, las viejas piedras del teatro romano Mérida fueron recuperadas para el espectáculo, la risa y el llanto, para la emoción y la melancolía. Ellos fueron los auténticos artífices del regalo que cada año ofrece Mérida al teatro", aplaudió Guerra ayer.

Invitado por la Fundación Bruno Alonso, e introducido por Luis Alberto Salcines y Jaime Blanco, además de por Manuel Ángel Castañeda en representación del Ateneo, el socialista distinguió primero los tres periodos de la Segunda República: El bienio rojo (1931-1933), progresista; el bienio negro (33-36), dirigido por la CEDA y los radicales; y la República del Frente Popular, coartada por la guerra vicil.

El conferenciante se centró en la primera, "con una visión utópica función de la Educación", inspirada por la Institución Libre de Enseñanza de Julián Sanz del Río, y sustanciada mediante instrumentos como las 'Misiones Pedagógicas' de Bartolomé Cossío, que llevaron bibliotecas, el teatro de fantoche y el recién inventado cinematógrafo a pueblos y ciudades; o por 'La Barraca' de Eduardo Ugarte y Federico García Lorca, igualmente pedagógica.

Porque en aquella España convivían "una minoría ilustrada", que leía a Baroja, Freud, Lorca, Víctor Hugo o Alejandro Dumas, "y una inmensidad de población rural ajena al placer de la lectura, sin posibilidades de desarrollar una sensibilidad musical". Para el vulgo, "la lucha por la vida consistía en sobrevivir a los años de la infancia", para, en la edad adulta, enfrentar el hambre, "la sobreexplotación y el trato degradante" de los señoritos. Gracias a esa primera y entusiasta República, muchos descubrieron el placer de un verso, una interpretación, un espectáculo.

Esas misiones estuvieron en el Palacio de la Magdalena, en Santoña, en Valderredible o en Tresviso. "¿Se dan cuenta?, fueron a todas partes", inquirió Guerra.

Llegado el turno de preguntas, e interpelado por este diario sobre si aquella revolución cultural sería factible hoy, en un mundo digital, Guerra acudió a la causticidad que le ha forjado el apellido para contestar: "La cultura está bastante dirigida por poderes económicos. Hoy he visto dos periódicos con la misma publicidad en su portada, con un titular que en realidad era una publicidad. Lo que habría que hacer hoy es liberar la conciencia de la gente del 'dirigismo' de los medios", zanjó el conferenciante.