Un pequeño centro montañés en el país cuyas montañas se acercan al cielo

Socios del centro durante una excursión a Olmué, comuna de la provincia de Marga Marga.
Socios del centro durante una excursión a Olmué, comuna de la provincia de Marga Marga. / ccv
  • La Colectividad Cántabra de Chile en Viña del Mar fue creada en 2009 para homenajear a los antepasados y transmitir y dar a conocer su cultura

En aimara, el principal idioma amerindio de la zona alta de Chile, Iquique significa ‘lugar de sueños’. También llamada ‘tierra de campeones’, Iquique, capital de la región de Tarapacá, es una comuna (municipio) situada muy al norte del país a la que la explotación de las salitreras la convirtió en el eje del comercio del nitrato entre comienzos y mediados del pasado siglo. Hasta allí fue a parar el montañés Olegario González Renero en 1930 con la intención de volver a España. Natural del pueblo de Vargas, Ayuntamiento de Puente Viesgo, Olegario había emigrado dos décadas antes, en 1910, aún más arriba, cerca ya del Perú, y llegó a ser jefe de pulpería, las tiendas en las que se encontraban las oficinas salitreras, pero cuando surgieron los problemas con el nitrato se bajó a Iquique dispuesto a embarcarse. Allí permaneció tres años, se enamoró, se casó, tuvo tres hijos, se quedó en Chile e hizo de Iquique su ‘lugar de sueños’. Jamás pensó que mucho tiempo después, y en otra comuna, la de los viñamarinos, una de sus hijas, nacida ya en Valparaíso, iba a revitalizar y a poner al día la presencia cántabra en tan lejanas tierras –cerca de once mil kilómetros separan Santander de Viña del Mar, una distancia que sólo supera Temuco entre los centros regionales montañeses–, creando y presidiendo lo que hoy es la Colectividad Cántabra de Chile.

María Angélica González, profesora de inglés, vino al mundo en una región entre cuyas ocho provincias se encuentran la isla de Pascua, la mítica Rapa Nui, y la capital, Patrimonio de la Humanidad, también de nombre Valparaíso. Guardan sus tierras algunas de las enormes cumbres de la cordillera de los Andes, que si tiene su cima superior en el Aconcagua (6.962 m), la mayor del mundo fuera del Himalaya, y en Chile mismo está el Nevado Ojos del Salado (6.891), en Valparaíso se encuentra el Cerro o Nevado Juncal, de medición muy imprecisa aunque cercana a los seis mil metros, que tal vez no parece mucho en un territorio de gigantes, pero sería la montaña más alta trasladada a cualquier otro continente. La comuna de Viña del Mar, donde el centro montañés tiene su sede dentro del Club Español, está a ocho kilómetros de Valparaíso y a poco más de ciento veinte de Santiago, es conocida como la ‘ciudad jardín’ y, según la publicidad institucional, "se trata de una gran urbe ideada para los turistas". El Club o Estadio Español integra a las colectividades andaluza, asturiana, gallega, riojana y vasca, además de la cántabra, y tiene su sede en la calle Alonso de Ercilla, en recuerdo del soldado español autor de ‘La Araucana’, un poema épico sobre la conquista, cuyo protagonismo no es individual sino colectivo. Narra el combate entre el pueblo español y el mapuche, y de los araucanos describe su preparación para la guerra y su educación militar: "En fin, el hado y clima de esta tierra / si su estrella y pronósticos se miran, / es contienda, furor, discordias, guerra, / y a solo esto los ánimos aspiran; / todo su bien y mal aquí se encierra".

Vista de la fachada exterior del Club Español de Viña del Mar, donde la Casa tiene su sede.

Vista de la fachada exterior del Club Español de Viña del Mar, donde la Casa tiene su sede. / CCV

Los hijos de los hijos

Los primeros emigrantes cántabros "fueron esencialmente comerciantes, recibidos con los brazos abiertos en esta nación, lo que ellos agradecieron mucho", señala María Angélica. De sus descendientes surgieron las primeras generaciones con preparación superior "entre los que hay médicos, psicólogos, profesores, abogados, arquitectos y muchos otros profesionales". No fueron fáciles ni las estancias ni el trabajo, pero muchos de ellos triunfaron a base de esfuerzo y tesón, alcanzando las metas que se habían propuesto al llegar. Aumentaron su nivel de vida, pero contribuyeron de forma importante al avance y desarrollo de la nación chilena, aunque no olvidaron nunca dónde estaban sus raíces. "Mi padre –dice la presidenta del centro montañés- siempre nos inculcó a mis hermanos y a mí el amor a la familia y a la tierruca. En Cantabria quedan actualmente primos con los que nunca hemos perdido el contacto. Tuve la oportunidad de viajar allí, y quedé muy impresionada con los paisajes maravillosos, la cordialidad de la gente y su forma de vida, que es todo un ejemplo. Me pareció que es un buen lugar para el trabajo y el disfrute". En Chile, por razón del paso del tiempo, apenas quedan cántabros de nacimiento, y aunque se censan unos setecientos, la singular configuración del país, largo y estrecho, hace que vivan en lugares alejados unos de otros. Entre los setenta socios de la Colectividad Cántabra de Valparaíso solamente seis han nacido en Cantabria.

En Chile se les llama más bien colectividades y no casas regionales, como en otros muchos puntos. Hasta ahora no había representación cántabra en el país, y en un mismo año surgieron dos, la de Valparaíso y la de Temuco. En el caso de Viña del Mar, la iniciativa tuvo éxito porque un grupo de hijos y nietos de los montañeses existentes en la zona hizo una labor puerta a puerta para convocar al mayor número de gente posible. La respuesta resultó positiva "y fue así como nos empezamos a reunir en el Club Español hasta dar forma a la colectividad que hoy tenemos, y de la que nos sentimos orgullosos porque logramos formar una pequeña familia", recuerda María Angélica. "Hemos ido cumpliendo todos los objetivos que nos habíamos planteado". Corría el mes de junio del año 2008 cuando comenzó a concretarse la idea inicial "contando con los cántabros, sus descendientes y con los amigos de Cantabria que desearan mantener vivas las tradiciones y costumbres de los antepasados para poder así transmitirlos a los que vienen". En diciembre de 2009 la colectividad montañesa adquirió rango de personalidad jurídica y en noviembre de 2010 quedó legalmente constituida, hasta que en octubre de 2015 recibieron el reconocimiento del Gobierno de Cantabria.

Recuerdos de Cantabria

Desde entonces, la Colectividad de Chile desarrolla un interesante trabajo, con charlas sobre diversos temas relacionados con la tierra de origen, su cultura, sus trajes típicos, sus mitos y leyendas o los viajes y rutas que pueden hacerse por Cantabria, además de las actuaciones musicales a cargo del coro de la Peñuca Montañesa, creado por un grupo de aficionados con el fin de divulgar las canciones regionales de toda la vida, aunque alternándolas con otras de autores más modernos, como las de Nando Agüeros, el creador de ‘Viento del Norte’, que actuó aquí hace tres años, ante sus paisanos chilenos, con un éxito rotundo. La Peñuca se reúne a cantar todos los martes bajo la dirección del profesor Luis Vázquez.

El Periódico Montañés, que editan dos veces al año, sigue la tradición de otras publicaciones de los centros regionales en los países de América. "En él se plasman los recuerdos familiares de cada uno, hacemos reseñas de lugares de Cantabria, de personajes famosos y de recetas típicas". También tienen una Reina de la Colectividad, elegida cada dos años para representarles. Tal honor recae actualmente en Macarena Fernanda Rojas Zugarramurdi, que es bisnieta de Olegario González y nieta de Gilda, hermana de la presidenta del centro montañés. Cosas de familia.

Las reuniones mensuales, la celebración de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, o las excursiones por la región de Valparaíso conforman y completan unas actividades en las que cabe destacar la ilusión y el entusiasmo por todo lo que hace una asociación montañesa en Chile, demostrando que la distancia no limita, sino al contrario, ni el recuerdo ni el afecto.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate