Las últimas lluvias no logran levantar la alerta por sequía en Cantabria

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Un técnico de Medio Rural camina por el cauce del río Saja, convertido en un pedregal por la sequía, a la altura de Cabezón de la Sal / Javier Rosendo

  • Los acuíferos del sur de la región siguen bajo mínimos, pero las precipitaciones de junio han dado un respiro a la ganadería

Las lluvias caídas sobre Cantabria a finales de mayo y en la primera quincena de junio permiten a Pedro Luis Amigo encarar el inicio de verano con algo más de tranquilidad. El alguacil de Valderredible, el encargado de llevar el agua en un camión cisterna a los vecinos de los núcleos cuyos acuíferos habían dejado de manar como consecuencia de la sequía, hace ya unos días que no tiene que hacer la ruta. Como en Campoo, los pueblos de Liébana elevados y sin conexión a la red general han visto como los manantiales que les abastecen han vuelto a fluir. Tímidamente. Por eso los pedáneos miran el nivel de los depósitos cada día. Saben que más pronto que tarde regresarán los problemas.

"La cosa sigue muy mal. Ha llovido poco para lo que hace falta. Esto es un parche. En unos días tendremos que volver a llamar a los bomberos de Tama para que suban agua en camiones", apunta Jesús Fuente, alcalde de Cabezón de Liébana. Junto al sur de la región, es la zona más afectada por el déficit de precipitaciones que se arrastra desde el pasado otoño. Las estaciones meteorológicas lo confirman. Salvo algunas excepciones –enero fue generoso y mayo tampoco se comportó del todo mal–, los registros de lluvia son entre un 30%y un 50% inferiores a los normales. Por eso la Confederación Hidrográfica del Ebro detectó la existencia de emergencia por sequía en la zona de influencia del pantano hace más de un mes y esta misma semana la Confederación Hidrográfica del Cantábrico ha activado el nivel de prealerta por esta misma causa. Eso, cuanto todavía no ha entrado el verano.

Es decir, que las tormentas de primavera –cantidades de agua aceptables pero muy concentradas, por lo que son poco aprovechables– que han descargado sobre la comunidad autónoma han solucionado muy poco. El 80% de los cántabros que reside en el litoral y el centro, las zonas conectadas a la Autovía del Agua, no van a oír, en principio, la palabra restricción. Si la situación no cambia, el 20% restante es muy posible que no corra la misma suerte. Están en la misma situación y tienen los mismos temores que hace un mes, porque las lluvias apenas han tenido efectos sobre el terreno.

Sólo los ganaderos y agricultores aprecian una mejoría. El panorama negro que veían comienza a aclararse. "Lo que en abril y mayo parecía que iba a ser una catástrofe al final parece que se puede corregir con lo que ha caído estos días. Estuvimos muy preocupados, pero lo cierto es que estos pocos litros han servido", cuenta Gaspar Anabitarte, presidente de la asociación ganadera UGAM. La cosecha de forraje es este año algo más baja, pero en cambio de una calidad bastante buena.

Pedir ayuda

"La primavera es la época en la que se coge la comida del ganado para el resto del año. Por la intensidad de la sequía hay menos kilos y tendremos que comprar al exterior, pero menos de lo que pensábamos en un principio", cuenta Fernando Ruiz, representante de los criadores de raza frisona, quien afirma que ahora lo que esperan es que llueva lo normal para esta época, "golpes de agua regulares pero no constantes". Si no llegan, se puede volver a desandar todo el camino avanzado y entonces se plantearían pedir ayudas al Gobierno de Cantabria, que en la década anterior, hasta en dos ocasiones, ya habilitó partidas especiales para el sector por este mismo motivo. Ahora, la Consejería de Medio Rural está a la espera de que se cuantifiquen las pérdidas.

"Ha servido para el campo, pero no para los acuíferos de los que beben los animales, que siguen muy bajos", insisten. Hasta en el valle de Cabuérniga, una zona tradicionalmente húmeda, van a tener problemas al respecto. Ya los tienen, porque allí las últimas tormentas pasaron de largo. "En invierno no ha nevado y en primavera casi no ha llovido. Los prados están completamente secos, pero la sequía no va a tener efectos sólo en la ganadería", dice Belén Ceballos, la regidora de Los Tojos, quien apunta que los puertos de Sejos acaban de recibir a más de 5.000 cabezas de ganado, entre vacas y caballos, de los municipios de la zona. Los ganaderos no saben si habrá pasto suficiente.

Ceballos cuenta que en pueblos como El Tojo y Correpoco va a ser necesario algún tipo de intervención más pronto que tarde. De momento allí no han necesitado recurrir a los socorridos camiones cisterna, pero están casi seguros de que llegará el momento.

"Si la cosa no cambia, que no tiene pinta, es posible que en julio haya que empezar con restricciones", lamenta la regidora, que como muchos responsables municipales está atenta a las líneas de ayudas para la realización de pequeñas obras de abastecimiento que ha anunciado la Dirección General de Medio Ambiente.

Los técnicos de esta Consejería ya se han pasado por Valderredible –siguen la ruta por todas las zonas afectadas–, posiblemente el municipio más afectado, para buscar soluciones de urgencia a la sequía que ya ha dejado sin agua corriente a media decena de pueblos en distintos momentos de la primavera. Los agricultores y ganaderos no tendrán que regar durante los próximos días gracias a las últimas lluvias, pero saben que con tanta sequía es algo temporal.

"Con lo que ha llovido es un año perdido en el tema de los manantiales. Por mucho que caiga, después de este invierno, ya no se van a llenar hasta el próximo", apunta su alcalde, Fernando Fernández. De la mano de los expertos del Gobierno, trabajan a contrarreloj para que nadie se quede sin agua este verano. Será complicado en los pueblos más altos, sobre todo teniendo en cuenta que están a punto de llegar los veraneantes que incrementan la demanda, pero en ello están. En Salcedo se está haciendo una obra que está a punto de acabar. Desde allí, se tirará una manguera de cuatro kilómetros hasta Arantiones y lo mismo se hará en Otero del Monte.

Descartan las prospecciones por su elevado coste y porque "no garantizan el éxito" y en el resto de puntos donde no sea posible actuar se volverá a recurrir a los camiones cisternas. "En Otero va a llegar un campamento de verano. Ya les hemos dicho que les llevaremos agua a unos depósitos para que no haya problemas", remarca Fernández.

Medidas por la prealerta

La prealerta por sequía en Cantabria se pone de manifiesto en los ríos cántabros. Todos presentan niveles inferiores a los de hace un año por estas mismas fechas. El Deva en Ojedo mide ahora 0,24 metros, frente a los 0,45 de 2016. En Ruente, el Saja, con 0,67 metros, está a la mitad que hace 365 días. Eso es lo que ha impulsado a Medio Natural a cerrar antes de tiempo la temporada de pesca alegando "motivos de conservación". Y similar panorama hay en el Nansa, Asón, Pas, Miera... Mejor resiste el Besaya, pero tampoco puede presumir.

Ayuntamientos como Laredo y Noja ya han empezado a pedir a los vecinos que extremen el cuidado a la hora de abrir el grifo. Piden un consumo más racional, que gasten menos a la hora de lavar los coches, que informen en caso de que detecten alguna fuga... Y a la vez se comprometen a restringir el riego de parques y jardines. Sólo lo estrictamente necesario. En Santander, también están analizando cómo reducir los consumos derivados del baldeo de las calles y del riego de la zonas verdes "sin que produzca afecciones en la limpieza y en la flora". En la capital se han recogido este año 597 litros por metro cuadrado. La cifra normal a estas alturas de junio sería cercana a 900 litros.

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