«Todo lo que la Administración invierta en prevención se ahorrará en rescates»

Javier Odriozola suma en su trayectoria más de trescientos rescates. Para él, la educación es básica para prevenir accidentes.
Javier Odriozola suma en su trayectoria más de trescientos rescates. Para él, la educación es básica para prevenir accidentes. / Roberto Ruiz
Javier Odriozola, presidente de la Fed. Cántabra de Salvamento y Socorrismo

Con 18 fallecidos por ahogamientos en la región sólo en 2017, dice que las autoridades «aún no están convencidas de que es un problema de primer orden»

DANIEL MARTÍNEZ SANTANDER.

Javier Odriozola (Santander, 1967) sabe lo que es comunicar a una familia que su ser querido ha muerto ahogado en una playa. Por eso está empeñado en evitar que el número de fallecidos en el mar siga creciendo. El presidente de la Federación Cántabra de Salvamento y Socorrismo tiene a sus espaldas más de 300 rescates en las playas de la región. Por eso defiende que la labor de los profesionales sobre el terreno es fundamental, pero también la educación de los bañistas: «Tenemos que convencer de ello a la Administración. Todo el trabajo que realicemos en prevención lo evitaremos en rescates».

-Cantabria suma ya 18 ahogados en 2017 y ocho durante el verano, cifras muy superiores a las de años anteriores. ¿Qué está ocurriendo?

-La gente tiene cada vez más cultura de disfrutar de los espacios acuáticos. Hace medio siglo las playas estaban vacías. Eso lo explica en parte, pero también pienso que estamos en una racha negativa. En cualquier caso, es un problema de primer orden al que no se le presta la suficiente atención.

-¿Es un problema de concienciación, de educación...?

-La falta de educación es una de las causas. Tenemos que convencer a las administraciones para que haya programas educativos en todos los niveles. Primaria, secundaria... A los usuarios de las playas hay que informarles sobre el terreno, pero si ya han tenido una base será todo más fácil. Está claro que los resultados se ven a medio plazo, pero hay que empezar en algún momento.

-¿Y el resto de causas?

-Una es la falta de información en el lugar. Las zonas de baño peligrosas tienen que estar limitadas. Eso se hace con las banderas, pero también prohibiendo el baño en zonas concretas. Las otras causas tienen que ver con la ausencia de supervisión y la incapacidad para atender y solucionar las emergencias. Cuando hay una muerte, normalmente, se juntan varias de ellas.

-Este año también se están produciendo ahogamientos en playas cántabras que tienen vigilancia.

-Ha habido alguna muerte, pero son esas que se consideran inevitables. Cuando a un bañista le da un infarto mientras que está en el agua y se ahoga, por ejemplo. Eso mismo te puede pasar igual en la montaña o en la calle. Es un hecho que está fuera de esos supuestos concretos. Las muertes en las playas con vigilancias son la excepción.

-¿Es viable tener un puesto de vigilancia en cada playa de la región?

-Está claro que no se pueden poner socorristas en todas. Hay muchas que son de muy difícil acceso y otras que no se utilizan habitualmente para el baño. Ahí no tiene sentido. Lo que ocurre es que hay ayuntamientos muy pequeños que tienen varias playas muy concurridas. No tienen capacidad para contratar las labores de socorrismo porque su presupuesto anual es muy pequeño. ¿Van a dejar de recoger la basura para que los turistas tengan un socorrista? Por eso hace falta una fórmula para que, subsidiariamente, otra administración superior se encargue.

-¿Y eso no está pasando?

-La orden ministerial que regula todo esto es de 1972. Hay una dejadez por parte de la clase política de legislar en este sentido. Por eso los que nos dedicamos a esto no dejamos de insistir. Es que se muere mucha gente cada año. Este 2017 ya van más de 300. Hay estudios que han analizado cuánto cuesta a la Administración cada ahogamiento. No sólo hablamos de pérdidas de vidas y posibles indemnizaciones, también del coste de rescatar a un preahogado. Sacarle, reanimarlo, llevarle al hospital... En algunos casos quedan secuelas permanentes y ahí tienes que sumar tratamientos hospitalarios, medicación... ¿Cuánto cuesta eso al Estado? Es mucho más barato prevenir con programas de educación que actuar después. Tenemos que hacer que los políticos no vean la prevención como un gasto, sino como una inversión.

-¿Los socorristas están obligados a auxiliar a un bañista en apuros aunque ondee la bandera roja?

-Están totalmente exentos. Si está puesta la bandera roja, en teoría, el uso está prohibido. Lo que ocurre es que no conozco ningún socorrista que ante una situación de peligro no se vaya a tirar al mar. En esos casos se suele habilitar una zona acotada para que los bañistas se refresquen. Podría ser peor estar todo el día al sol que no meterse, por ejemplo, hasta la rodilla. El problema viene cuando hay alguien que se pasa.

-Los socorristas dicen que se sienten impotentes cuando, ante una situación de peligro, el bañista hace oídos sordos.

-La mayor parte de los bañistas respeta las normas, pero hay un pequeño porcentaje que no. Y con ese perfil se encuentran día tras día. Lo importante es que el socorrista no pierda los nervios, porque si vas donde un usuario imprudente con buena cara y buenas palabras es muy difícil que te rebata. Por eso también es muy importante que los socorristas sepan cómo comunicar. De hecho, se les forma en técnicas de comunicación y psicología.

-Muchos municipios recogen en sus ordenanzas la posibilidad de multar al usuario que entra al mar con bandera roja. ¿Esa normativa llega a aplicarse?

-Es cierto que existe esa normativa, pero pocas veces se sanciona. La mayoría de la gente no es consciente de que te pueden multar. Y otros lo conocen pero saben que es muy difícil que se le ponga. Se arriesgan igual que se pueden arriesgar al saltarse un semáforo en rojo. Pero en la playa la sensación de impunidad es infinitamente mayor.

-Madrid planteó la posibilidad de dar autoridad para sancionar a los socorristas.

-Yo no soy partidario. Que tengan autoridad moral sí, pero los socorristas ya bastante tienen con lo suyo. Lo que hace falta es que cuando el socorrista llame por teléfono a la autoridad, esta se persone y actúe.

-¿Los profesionales de la región están suficientemente preparados?

-Lo están. En muchos casos tenemos aquí a la élite. Como el Gobierno da una subvención a los ayuntamientos para contratar socorristas, también exige una titulación que sólo se consigue con unas pruebas muy serias. En otras comunidades autónomas con un curso online ya tienes la titulación, pero aquí eso no te sirve. Pero eso ocurre en las playas. En piscinas o pantanos casi cualquiera puede ser socorrista.

-¿Empresas privadas como la que este año sustituye a Cruz Roja en las playas de Santander están igual de preparadas?

-Las exigencias son las mismas. Si los socorristas son buenos, están motivados y tienen un buen jefe de playas no tiene por qué haber inconveniente. El problema es que la mayoría de las veces las condiciones laborales son pésimas. Se trabajan 48 horas a la semana y se cobra poco más de 600 euros netos al mes. Así muchos socorristas de nivel no aceptan asumir la responsabilidad de velar por la vida de mucha gente. Los ayuntamientos recortan sus presupuestos en prevención y ese recorte repercute en los salarios. Por eso no siempre es fácil completar las plantillas o mantener a los mejores. Cuando encuentran algo mejor, se van.

VER MÁS

Fotos

Vídeos