La alternativa ‘eco’ para el campo cántabro

Conchi Gutiérrez Frechilla, de Ecovaldeolea / Javier Cotera

La producción ecológica avanza «lenta pero segura» liderada por ganaderos y agricultores que hacen de los usos tradicionales un sello para un mercado en alza y consumidores más exigentes y concienciado

Pilar Chato
PILAR CHATOSantander

«Nos inculcaron que había que producir al máximo con el menor tiempo, pero en donde vivo me pareció que producir respetando el medio ambiente, el ciclo de los animales y la alimentación natural era algo que el consumidor iba a demandar y que íbamos a tener salida para ello». Conchi Gutiérrez Frechilla es y está al frente de Ecovaldeolea, una de las productoras de carne ecológica más consolidada de Cantabria. Empezó animada por un curso de capacitación, como Gema Agüero, de Maoño, o Eva Sañudo, de Santillana, que dejó el periodismo y se hizo cargo de la finca de sus padres animada por un amigo.

En torno a 200 operadores ecológicos, entre productores, comercializadores e industrias agropecuarias están activos en Cantabria. Se trata de un mercado en alza que en Europa creció en 2015 por encima del 7% y movió 75.000 millones de euros a nivel global. Sin embargo, en la región todavía es minoritario. Los que han apostado por ello son pequeños productores -en especial en el caso de la agricultura- que se limitan a la venta directa, a los mercados ecológicos, tiendas especializadas, algún grupo de consumo e internet. Cantabria no puede competir con los cultivos de Murcia o Andalucía, pero su carne y su leche ecológicas tienen un plus que se quiere explotar desde el Gobierno regional y el sector agroalimentario. «Es un mercado pequeño, pero bien estructurado, con dos bases sólidas: un productor convencido y un consumidor que lo está aún más», afirma Fernando Mier, director de la Oficina de Calidad Alimentaria, que se encarga de certificar los productos ecológicos, biológicos u orgánicos -todos son sinónimos-. «Hacer poco, pero hacerlo bien», dice para resumir el santo y seña del sector.

En Cantabria hay 4.500 cabezas de ganado vacuno ecológicas, un 40% más que hace diez años. Unas 3.600 son de carne -frente a las 1.600 de hace una década- y 950 de leche, cuatro veces más que en 2006. El número de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica es hoy de 3.065 (datos de 2016) de las que 3.000 son pastos. El crecimiento es «lento, pero muy seguro» y la tendencia es a seguir creciendo, explica Fernando Mier. El responsable de la Oficina de Calidad Alimentaria está convencido de que la producción ecológica es una alternativa para el campo -no la única-, no solo por la calidad del producto, sino por el «valor añadido» que implica su relación con «la sostenibilidad y la responsabilidad social».

El auge de la leche

Para Mier, además de la carne, la leche ecológica, y en especial sus derivados, son un nicho «muy importante» para Cantabria. Pero éste es un sector pequeño. El año pasado se produjo un millón de litros de leche ecológica. Nada que ver con el millón ¡diario! que se produce en Cantabria de leche convencional. No obstante, crece la demanda de leche ecológica para producir derivados, como yogures, mantequilla y, sobre todo, quesos. Otro campo de producción ecológica es la apicultura, 21.000 kilos de miel el año pasado.

El sector en números

Superficie
3.065 hectáreas. Al margen de los pastos, que ocupan 3.000; el resto se dedica a frutales, bayas y viñedos
Cabezas
En 2015 había 9.708. De ellas 2.048 eran colmenas. 2.679 vacas; 1.061 ovejas; 557 cabras y 3.026 gallinas
Explotaciones
Había en 2015, un total de 126 explotaciones ecológicas. De estas 61 eran de carne de vaca y 1 de cerdo, 34 de caballos y 9 de apicultura . Cantabria ocupa el 1,67% del total de España
Industrias
En 2015 en la región había registradas 16 relacionadas con la producción vegetal, de las que 6 eran de frutas y 5 de panaderías. Relacionadas con la producción animal había 29.
Fuente
Datos del Ministerio de Agricultura y pesca

Eva Sañudo en su finca 'La Garita' de Santillana del Mar
Eva Sañudo en su finca 'La Garita' de Santillana del Mar / Javier Cotera

Gaspar Anabitarte, secretario general de Ugam-Coag, habla con entusiasmo de la ‘salida ecológica’ para el sector primario cántabro. Asegura que este mercado «es uno de los más potentes y prósperos», aunque a nivel regional aún es «flojo» y «algunos productores lo ven con reticencia». En 2016, uno de los peores años de la crisis del sector lácteo, Cantabria duplicó el número de productores ecológicos de leche, aunque eso solo implicó pasar de 6 a 12. En ese momento, el litro de leche convencional se pagaba a 30 céntimos, mientras que el precio de la ecológica llegaba a 48. El representante del sindicato ganadero es propietario de una ganadería de leche ecológica y calcula que un 20-30% de los 1.300 productores de leche de Cantabria podrían reconvertirse. «Nosotros seguimos apostando por este sistema porque es la mejor forma de ser competitivos», asegura Anabitarte, antes alertad de algunos peligros para el productor convencional y la necesidad de especializarse. Es el caso de un proyecto en Soria con una macroexplotación láctea con 20.000 vacas, ella sola podría cubrir la mitad de la producción de Cantabria en un año.

«Es un mercado pequeño, pero bien estructurado, con una base sólida» Fernando Mier

Anabitarte insiste en que Cantabria es «perfecta» para desarrollar la ganadería orgánica porque sus formas de producción tienen mucho que ver con las formas y manejos tradicionales . Por ello, la reconversión -al margen de los dos años de transición que se impone- no reviste grandes dificultades para el sector primario.

Relación con el consumidor

«Tenemos que implicar más a todos los ganaderos en vender nuestro producto», defiende Conchi Gutiérrez Frechilla, para quien la palabra ‘entusiasmo’ se queda pequeña a la hora de defender este sistema. Para ella, que empezó en el 2001, la producción ecológica es «sin ninguna duda» una salida para el campo en Cantabria, «pero siempre uniendo a consumidor y productor, porque si no hay salida para lo que produces, por muy bien que lo hagas no vas a poder salir adelante». «Cada productor tiene que encontrar su clientela y afianzarla muy bien», apunta, en el mismo sentido Eva Sañudo, esta periodista que dejó la oficina para retornar al campo. «El tema ecológico es un modo de vida, es respeto al medio ambiente y respeto a uno mismo, no es sólo la alimentación, es el trabajo de la tierra, una forma de vida», resume Gema Agüero, que tiene una tienda con su hermano - ‘La huerta de Teresa- en la que da salida a los productos de la huerta de su madre en Maoño.

En Ecovaldeolea también se crían potros para carne
En Ecovaldeolea también se crían potros para carne / Javier Cotera

Hoy, la carne, la fruta y la verdura que salen de las granjas de Gema Agüero, Eva Sañudo o Conchi Frechilla tiene la etiqueta ecológica. Una pegatina blanca y verde que avala todo el proceso de producción y que se regula desde Europa. A primera vista, el consumidor puede no apreciar las diferencias. Pero ellas las tienen claras. Por un lado, en el proceso: en sus tierras no se usan pesticidas, ni productos químicos, ni transgénicos. El ganado pasta en el campo y solo se alimenta de hierba, de leche materna durante los primeros 4 o 5 meses de vida y, brevemente, de algún cereal, también ecológico, cuando llega el invierno. Todo ello con un minucioso control que comienza con la obtención del sello de operador ecológico y que llega hasta el matadero donde se sacrifican los animales. Por otro lado, destacan la calidad y las ventajas sanitarias y medio ambientales de la producción ecológica.

Los usos tradicionales

«No se puede negar que la nuestra es una ganadería extensiva», bromea Conchi Gutiérrez Frechilla tras una hora persiguiendo por su finca de Valdeolea (Campoo-Los Valles) a un grupo de vacas y terneros en San Martín de Hoyos, un pequeño pueblo de once vecinos en una zona de robles que este verano se ve sedienta por la falta de agua. La mitad de su producción la distribuye a través de internet o por venta directa. Y directa significa que Conchi conoce personalmente a sus clientes y que muchos de ellos han visitado a sus vacas y potros. El resto de la carne que produce va a restaurantes.

«Entre un 20 y un 30% de los productores cántabros de leche podrían pasarse a la producción ecológica» Gaspar Anabitarte

En la otra punta de Cantabria, cerca ya de la costa, un cartel señala el acceso a ‘La Garita’, que se define: «Libres de químicos y transgénicos». Al fondo se ve la Neocueva del Museo de Altamira, y al entrar en la finca aparecen la huerta y las gallinas que picotean libremente por el suelo. «No es normal que haya tomates en febrero», critica Eva Sañudo mientras muestra la huerta y el invernadero. Lo suyo es el producto de temporada. Al año puede producir unos 3.000 kilos de carne y 6.000 de verduras. «Lo más saludable es el producto de temporada. Como la huella medio ambiental, mucho menor en la ganadería ecológica que en la intensiva. Medio Ambiente y salud», resume los dos pilares del sector agroalimentario.

Eva Sañugo muestra uno de los paquetes de carne que comercializa
Eva Sañugo muestra uno de los paquetes de carne que comercializa / Javier Cotera

«Y sabor», agrega Carlos Zamora, copropietario del Grupo de Luz, que apunta a esta tercera pata . «La gente repite, lo tenemos probado». Lo sabe de primera mano. Sus restaurantes empezaron hace nueve años una relación directa con los productores de carne ecológica de Cantabria que ha llevado esos terneros a sus platos y a sus cocineros a conocer in situ a los ganaderos. Ahora ha creado con ellos una cooperativa, ‘Siete Valles de Montaña’. Su objetivo es facilitar la llegada al consumidor de esta carne que ahora sólo se distribuye en pequeños comercios especializados para dar el salto a las grandes cadenas de productos alimenticios. «Si en Cantabria, en un metro cuadrado de terreno hay entre 60 y 70 variedades de hierba, cómo no va a saber diferente». Para Zamora, la producción ecológica es la única vía para el campo cántabro que, por otro lado, solo significa «volver a lo que se ha hecho siempre. Y eso tiene un valor añadido».

«El tema ecológico es un modo de vida, un respeto al medio ambiente y a uno mismo, no es solo» Gema Aguero

Los precios

Uno de los retos de estos productores es derribar el mito de que todo lo ecológico es más caro. Conchi, Eva y Carlos aseguran con rotundidad que no, que eso no es así. La venta directa es la clave para abaratar el precio de estos alimentos, aunque es cierto que los costes de producción son un poco superiores a los de la agricultura y la ganadería convencional. Pero Gema Agüero abre un debate al respecto: «Lo que pasa es que hay comida demasiado barata. Para mí lo ecológico no es que sea caro, es que lo convencional es a veces demasiado barato ¿Por qué? Lo dejo ahí».

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