El autobús del mar Cantábrico

El patrón de la embarcación aguarda el embarque de los pasajeros para zarpar con rumbo a Somo
El patrón de la embarcación aguarda el embarque de los pasajeros para zarpar con rumbo a Somo / DM

Turistas, vecinos y peregrinos copan las pedreñeras de Los Reginas, un servicio que acorta distancias y facilita el tránsito de una orilla a otra de la bahía

SAMIRA HIDALGO Y ALEXANDER AGUILERA Santander

En los días lluviosos de verano, la estación de las pedreñeras también se llena de gente. Se trata de un servicio que lleva en funcionamiento desde 1917, cuya razón de ser fue conectar Pedreña y Somo con Santander, ya que no había forma de llegar por carretera. Ahora, su moderna instalación es testigo del ir y venir de turistas, peregrinos y vecinos de una y otra orilla de la bahía.

Cada pocos minutos se puede ver a las lanchas partir y embarcar, cruzándose en algún punto del camino. Embarcaciones tripuladas, entre otros, por Ángel Bedia, patrón de uno de los barcos que hace el servicio Pedreña-Somo-Santander, quien, desde su puesto de trabajo, ha podido observar cómo el mal tiempo está haciendo que disminuya el flujo de viajeros. «Es un servicio regular que ofrecemos todo el año, pero en es esta época cuando hay más gente, aunque este verano está siendo un poco peculiar por el tiempo», señala Bedia. «La mayoría de turistas que buscan este servicio se alojan en Somo y vienen a Santander a ver la ciudad, o los días que hace muy bueno, suele haber mucha gente que se traslada con nosotros a la playa de Somo. En invierno, la mayoría de los viajeros son personas que vienen a trabajar o de compras a Santander», indica el patrón.

Resguardándose de la lluvia está Beatriz Sánchez, una almeriense casada con un palentino, que asegura pasar todos los veranos en la capital cántabra. «Venimos con unos amigos, siempre hacemos rutillas por ahí y hoy tocaba la ciudad, así que hemos cogido en Somo la pedreñera para cambiar de aires. En esta ocasión visitamos Santander principalmente para comprar ropa, porque la que hemos traído es muy veraniega, así que la idea es ir a algunas tiendas y pasar el día por aquí», comenta Sánchez.

Pablo Conde es su amigo, vive en Madrid y asegura que se alojan en Somo hasta el jueves porque no han podido encontrar alojamiento en la capital «y lo que había era hipercarísimo». No es la primera vez que acuden, persiguiendo temperaturas más bajas: «Venimos desde hace unos años buscando aquí un ambiente más fresquito, pero el parte meteorológico daba un sol, una nube y una gota de lluvia y, sin embargo, ha caído un buen chaparrón. Hemos cogido la pedreñera porque anoche vinimos en coche y al pasar por el puente de Pedreña hemos visto la lancha y se nos ha ocurrido cambiar. Nos ha gustado mucho, nunca habíamos viajado en el barco. Personalmente me gusta mucho el mar y ha sido muy agradable».

Mejor sin el coche

Desde Granada se ha desplazado Juan Carlos Fernández y su familia. «Nos alojamos en Noja, hemos ido hasta Somo en coche y desde ahí hemos venido en la pedreñera, en lugar de venir en coche hasta Santander, porque nos parecía más chulo hacerlo en la lancha. El viaje ha sido agradable y es muy cómodo, porque buscar aparcamiento en la ciudad es complicado. Además desembarcas en una zona del centro», indica Fernández.

Paloma Bango también viaja con su familia. Llegan de Madrid y se están alojando estos días en un apartamento alquilado en Somo. «Venimos desde allí en lancha. No hacía día de playa y la opción era llegar a Santander en coche o en barco y a los niños les parecía más divertido venir en barco. Pero no es la primera vez que lo hacemos, pues venimos todos los años», señala la madrileña, y subraya que «es muy cómodo porque si llegas desde Somo en coche es difícil aparcar, por lo que es más rápido».

Los turistas que suelen utilizar las lanchas acuden de toda la zona de la costa, hasta Noja e Isla, porque dejan sus vehículos allí, en Somo. «Se saturan las zonas de aparcamiento de la capital y se vienen en lancha a Santander; algunos ya han venido en coche y han visto las dificultades a la hora de aparcar en la capital», comenta Rafael Bedia, gerente de Los Reginas.

«También hay turistas de otros lugares de Cantabria que vienen a Santander y visitan el entorno de la bahía en nuestros barcos», señala. El verano, en Los Reginas, la empresa de las pedreñeras, se vive «procurando estar en todos los sitios por donde la gente se está moviendo», por lo que, según indica el propio Bedia, intentan tener «un barco en cada punto de donde estamos saliendo, por eso tenemos navegando algún barco más de los normales que esperan en las rampas de embarque para que la gente no se moje», añade.

Los turistas también se aclimatan a este verano poco cálido: «Está habiendo más turistas que el año anterior, pero es cierto que cuando vienen unos cuantos días seguidos lloviendo, suelen cancelar sus reservas, y es que la gente quiere buen tiempo para los pocos días que tienen y disfrutar de sus vacaciones. Del mismo modo, pero a la inversa, si hace bueno varios días seguidos, se nota en seguida que hay más gente, porque algunos alargan la estancia y Santander, con un día soleado y con la temperatura propia de aquí, es un sitio fantástico», afirma el gerente.

Más peregrinos

Por otro lado, también se está notando en las lanchas mayor número de peregrinos que el año pasado que vienen recorriendo el Camino de la costa. Desde Los Reginas calculan que con ellos pasan la bahía unos 14.000 peregrinos, que vienen desde Somo y utilizan el servicio de lancha hasta Santander. «Vienen cargados con sus mochilas y se les nota enseguida que son peregrinos», concluye Bedia.

Peregrinos como Marilisa Maffia y su pareja, que vienen desde Italia. Cuentan que el sábado aterrizaron en el aeropuerto de Bilbao, y que de allí se fueron en autobús a Islares. En esa localidad es donde comenzaron su Camino. «Hemos tomado el barco en Somo porque andando hubiésemos tardado un día en llegar a Santander, y de este modo sólo nos ha llevado 20 minutos», explica la italiana.

En invierno, trabajadores y estudiantes, y en verano, turistas y peregrinos. Viajar en la mítica pedreñera sigue siendo, cien años después, una forma diferente de unir varias localidades cántabras surcando el mar.

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