Un bosque a ras de cielo

Escenas de estío

Las secuoyas del Monte Cabezón, de casi 40 metros de altura, causan admiración entre los visitantes que disfrutan de este singular paraje

Un numeroso grupo de visitantes aparece desperdigado entre las secuoyas del bosque situado en Cabezón de la Sal/
Un numeroso grupo de visitantes aparece desperdigado entre las secuoyas del bosque situado en Cabezón de la Sal
SAMIRA HIDALGO Y ALEXANDER AGUILERACabezón de la Sal

Lo que comenzó como un experimento de la política autárquica del franquismo en 1940, ha terminado con un bosque en el que cerca de 850 secuoyas vigilan desde lo alto todo lo que sucede a su alrededor. Declarado en 2003 Espacio Natural Protegido, este bosque de árboles gigantes no deja de sorprender a los visitantes venidos de todas las esquinas del mapa.

Paseos rodeados de vegetación, el verde de las hojas y el marrón de los troncos se funden para dar lugar a un paisaje digno de enmarcar dentro del municipio de Cabezón de la Sal. Un lugar tan importante necesitaba un punto de información y precisamente el miércoles pasado tuvo lugar la inauguración del mismo.

Yolanda Canales, encargada de la oficina de información turística del bosque, explica las razones por las que se ha instalado: «Este es un punto por el que pasan cerca de 250 personas diarias y aquí damos información no sólo del bosque de las secuoyas, sino de toda la zona y alrededores». La afluencia de gente es mayor cada año, lo que provocó la creación de un aparcamiento que evitara el estacionamiento de los vehículos a lo largo de la carretera. Aunque este punto de información únicamente lleva en funcionamiento una semana, Canales ya ha podido observar que gente de todas las comunidades desean conocer este bosque. «La verdad que todavía no se ha acercado a la oficina ningún extranjero, pero sí personas de muchas comunidades, sobre todo de Barcelona, Madrid y País Vasco», explicaba la técnico en turismo.

La hora de comer se acerca y muchos de los visitantes suben la cuesta que les acerca hasta sus coches. Entre estas personas se encuentra la burgalesa Begoña de la Calle, que está pasando junto a su familia unos días en un camping de Santander. Para poder encontrar lugares emblemáticos en Cantabria, Begoña se dirigió directamente al ordenador: «Buscamos lugares interesantes para ver que estuviesen cerca y apareció el bosque de las secuoyas. Al ver que estaba a treinta minutos de Santander, hemos aprovechado para disfrutar de la naturaleza y de la altura de las secuoyas, que es lo que más nos ha llamado la atención».

El mal tiempo que está acompañando durante agosto, anima a muchas familias a disfrutar de este tipo de paisajes y dejar la playa para esos días en los que el sol hace acto de presencia desde primera hora del día.

Este es el caso de Miguel Casal, que junto con su pareja ha venido desde Lugo para disfrutar de las tierras cántabras, y hoy han decidido que era el día idóneo para hacer una visita al bosque de las secuoyas: «Para nosotros este tiempo es perfecto. No hace ni calor ni frío y encima está aguantando sin llover, así que no se puede pedir más». Las expectativas que tenían antes de adentrarse entre los árboles han sido superadas con creces ya que han podido disfrutar de las secuoyas viajando únicamente unos cientos de kilómetros. «Lo que sabíamos era que son gigantes y que estaban en California por lo que si puedes venir aquí y ahorrarte cruzar el Atlántico pues mejor que mejor», señala el lucense entre risas.

Javier Rosendo

Experiencias para todos

Sin duda, Cantabria ofrece multitud de rincones para explorar. Con este objetivo se ha desplazado desde Alicante Alejandro Hernández, que está disfrutando de nuestra comunidad gracias a un guía muy especial: «Mi hijo está trabajando en una escuela de surf en Oyambre y estamos aprovechando para que nos enseñe un poco lugares característicos de Cantabria». Para el alicantino el mimo con el que se cuida el bosque es algo digno de mención y no duda en afirmar que volverá porque lo que ha podido ver realmente fantástico.

Tomando un pequeño descanso antes de seguir el camino está Loli, que, junto con marido, hija y mascota, han venido desde Toledo para disfrutar de seis días en Cantabria. Antes de viajar a cualquier destino, Loli, siempre se informa de que lugares puede visitar: «Hoy tocaba venir al bosque. Teníamos todo planeado porque antes de ir a algún sitio, me gusta mirar qué es lo que voy a poder visitar por la zona. Además, con mascota este es un plan ideal», indica la toledana, que ha quedado impresionada con la altura de las secuoyas.

A medida que avanzas en el camino marcado, las miradas hacia el cielo van aumentando. Unos intentan adivinar el final de alguna secuoya y otros simplemente señalan con el dedo algo que les ha llamado la atención, pero nadie queda indiferente ante la apariencia imponente de los árboles. Este es el caso de la alavesa Josefina Fernández, que viene acompañada por dos amigas y es la primera vez que se acerca al bosque. «Aunque veraneamos en San Vicente de la Barquera no lo conocíamos y uno de los días que pasamos por aquí quedamos en venir un día, así que aquí estamos. Nos ha encantado todo», señalaba Josefina.

En cuanto a quién plantó las secuoyas, su amiga bilbaína Soledad Moreno no lo tiene nada claro: «Con este tamaño deben llevar siglos aquí y hace mil años nadie plantaba árboles», bromeaba. Además, ahora los más mayores y las personas con movilidad reducida especialmente, pueden disfrutar de la pasarela construida hace ya año y medio. Para Soledad, esto ha sido una idea increíble: «Se ha respetado el suelo, no se ha destruido nada y entras y sales cuando quieres con mucha más facilidad».

Actualmente, el mundo de internet es capaz de acercar lugares que parecen lejanos. De hecho, Josefina se lamenta de no usarlo más ya que si supiese manejarlo mejor podría conocer muchísimos más lugares. Sin embargo, esta herramienta sí ha sido utilizada por Henar Vicente, que viene desde Madrid con su familia y están pasando unos días en Comillas. Al igual que otros turistas, han usado internet para llegar hasta este paraje ubicado en el municipio de Cabezón de la Sal. Junto con su marido y dos hijos han disfrutado de una mañana paseando entre secuoyas y rodeados de un paisaje natural increíble. Un paisaje en el que Jon García, uno de los hijos de la pareja, asegura haber visto un caracol gigantesco. Además, recomiendan la experiencia a cualquiera que quiera disfrutar de la naturaleza en estado puro: «Nos gusta mucho este tipo de planes. Todo es natural, la verdad que es una visita muy recomendable».

Todo aquel que ha visitado este bosque, lo recomienda. Y es que, haga sol o se presente la lluvia, es un plan en el que disfrutarás en cualquier compañía. Esto lo sabían en la casa rural donde se alojan estos días la madrileña Laura Oliver y su familia, que se han acercado al bosque gracias a su recomendación: «El encargado nos recomendó visitar el bosque de las secuoyas y hemos hecho bien en hacerle caso». Aunque aún se encuentran en el inicio de la visita ya están sorprendidos. «Esto es impresionante. Lo de la altura de las secuoyas es algo increíble. Estamos mirando hacia arriba y parece que nunca terminan», explicaba Laura en referencia a los casi 40 metros de altura que miden los ejemplares de este monumento natural.

Estos amantes de la naturaleza han aprovechado que el día no acompañaba para planes de playa o similar y se han desplazado para ver de cerca estos árboles interminables que, si la ocasión lo permite, volverán a visitar.

Cuando finalizan la visita, todos los turistas tienen algo que destacar. A algunos les fascina el paisaje y otros quedan impresionados por la altura de sus árboles. Sin embargo, todos coinciden en que más tarde o más temprano volverán al bosque en el que las secuoyas cada día están más cerca de tocar el cielo.

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