Cantabria tendrá 30 efectivos antiincendios más para un verano marcado por la sequía

Cantabria tendrá 30 efectivos antiincendios más para un verano marcado por la sequía
Antonio 'Sane'

Campoo, Liébana y Valderredible son las zonas más vulnerables tras una «muy mala» primavera con cuatro veces más fuegos que en todo el 2016

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

En septiembre de 2005, los 21 focos que se contabilizaron durante el incendio del monte Bustasur de Las Rozas de Valdearroyo calcinaron en tres días alrededor de 500 hectáreas de terreno forestal. Exactamente la misma superficie que ardió a finales de agosto de 2015 en Valderredible en un suceso que obligó a desalojar a 170 vecinos de Riopanero, Cejancas y Ruanales y amenazó al pulmón verde del monte Hijedo. Estos fuegos, que se produjeron en zonas de gran valor ecológico separadas por sólo 15 kilómetros en línea recta, son dos de los más importantes de cuantos se recuerdan en Cantabria en el presente siglo. Y ambos se produjeron en verano. Aunque las estadísticas de la Consejería de Medio Rural indican que únicamente el 10% de los que se registran cada temporada surgen en el periodo estival –al contrario de lo que ocurre en otras zonas del país como Andalucía, levante, el interior peninsular o Galicia–, en esta época del año la región reúne una serie de condicionantes que aumentan exponencialmente la peligrosidad de los incendios forestales.

Las comarcas más vulnerables son las de Liébana, Campoo y Valderredible. Precisamente, las zonas «con más densidad forestal de arbolado y una masa que es prácticamente continua de bosques autóctonos». Por eso, como apunta el director general de Medio Natural, Antonio Lucio, es más fácil que los fuegos se extiendan. Quizás sean menos, pero de mayor tamaño y peligrosidad como los de Hijedo y Bustasur. En el centro y la costa la continuidad de los árboles es menor porque también hay matorral y prados y eso hace que las labores de extinción sean algo menos complejas. Y ello hay que añadir que este año se junta un nuevo condicionante: la sequía. «Es un elemento que agrava el riesgo y nos hace estar especialmente vigilantes. Aunque la sequía no provoca incendios, sí facilita su propagación y hace que sean más dañinos», destaca Lucio. «Es un hecho que por esa falta de lluvias estamos en una fase alta de incendios», confirman desde los representantes de los trabajadores, Javier González, de Comisiones Obreras.

«Es posible que este año el pico de incendios de invierno se adelante debido a la sequía»

De hecho, ya hay evidencias que hacen pensar en que el verano será delicado. El primer cuatrimestre de 2017 ha sido el peor de los últimos años. En sólo cuatro meses ha habido 875 incendios, cuatro veces más que en todo 2016. En total, 14.000 hectáreas calcinadas que, si no cambia la tendencia, pueden contribuir a llegar a una cifra récord en Cantabria. Por eso puede ser determinante la próxima llegada de 30 nuevos efectivos a la lucha contra incendios.

El 95% de los fuegos son provocados o por imprudencias

Según los datos de la Consejería de Medio Rural, el 80% de los fuegos que asolan Cantabria son provocados y otro 15% se debe a negligencias como la quema de rastrojos en condiciones adversas. En el primer caso «es difícil encontrar a los culpables a no ser que se les pille ‘in fraganti’, ya que usan mechas lentas y utilizan las pistas para huir en todoterreno», señalan desde el Gobierno. Los representantes de los trabajadores piden que se mejora la investigación y aumente la persecución de los delincuentes para llevarles al cuartel de la Guardia Civil, ya que «muchas veces en los pueblos se sabe perfectamente quién prende».

No es una consecuencia directa de la situación de sequía, sino del acuerdo entre sindicato y Gobierno de Cantabria que hace un año acabó con la huelga de estos profesionales. La intención de Medio Rural es cubrir 15 plazas de operarios de cuadrillas para sumar 195 y convocar oposiciones para otros tantos agentes forestales, hasta los 135, este mismo verano. Hasta entonces, hay sobre el terreno 300 trabajadores (180+120). Como recuerda González, una vez satisfecho la deuda económica arrastrada de ejercicios anteriores con los operarios, ahora su reivindicación es que esas incorporaciones que se prometen lleguen a tiempo. «Sin ellos es imposible hacer la limpieza de los montes y las labores de prevención que hacen falta para reducir el número de incendios», afirma.

A pesar de estas malas perspectivas, y si no fuera porque en cada uno de los incendios se ponen en juego vidas humanas y el patrimonio natural de la región, se podría decir que el verano es sólo el entrenamiento para los momentos de máxima alerta. El periodo en el que se concentra la mayor proporción de fuegos es entre diciembre y mayo. Lo demuestra la gran oleada de incendios que afectó a Cantabria a finales de 2015. En concreto, febrero, marzo y abril es cuando se reciben más avisos por fuegos. «Puede que este año el pico de incendios se adelante por la sequía, pero es una conjetura. Quizás aumenta el porcentaje de fuegos en otoño», apunta Lucio. A partir de octubre, si se sigue la tendencia de los últimos ejercicios, los problemas se moverán hacia el norte, En concreto, a la comarca del Besaya, Cabuérniga y la zona oriental de la región.

Javier Rosendo | DM

En alerta continúa

Aunque la Consejería de Medio Rural no va a poner en marcha ninguna campaña especial en uno de los veranos más secos –a pesar de las lluvias de junio– de los últimos años, el Ejecutivo remarca que hay un operativo concreto contra incendios permanente. Cada una de las trece comarcas forestales que tiene Cantabria (Liébana Norte y Sur, Valle del Nansa, Cabuérniga, Campoo, Valderredible, Besaya, Valle del Pas, Miera, Valle de Soba, Costera Oriental, Costera Central y Corona) funciona de forma autónoma a la hora de movilizar sus medios propios.

De esa forma, se consigue una respuesta lo más inmediata posible. Dentro del nivel 1, cuando los focos son pequeños y de poca relevancia, las cuadrillas –hay 32 en todo el territorio y se encargan de las labores de prevención y extinción– y los agentes forestales –el nombre oficial es técnicos auxiliares de medio natural–, pueden trabajar sin ayuda. «Cuando la meteorología anuncia escenarios más complejos con altas temperaturas, viento sur y humedad baja o cuando el número de fuegos es más elevado se activa el nivel 2 y ya es posible mover medios de otras comarcas», matiza Lucio. Ese nivel 2 ya se activó durante tres días la pasada semana en Valderredible, pero no fue necesaria ninguna intervención.

«Necesitamos vehículos decentes para hacer las labores de prevención y extinción de fuegos»

A medida que la situación se complica o puede afectar a la población, el protocolo de actuación pone en acción a nuevos intervinientes. Los primeros, los bomberos de los parques de Emergencias del Gobierno que coordina Protección Civil y con los que la comunicación «es excepcional». A los seis regionales (Laredo, Valdáliga, Reinosa, Villacarriedo, Los Corrales de Buelna y Tama) se suman los municipales de Santander, Torrelavega, Castro Urdiales y Camargo y el personal y los medios de las 42 agrupaciones de Protección Civil, cada una con su respectiva autobomba –en 2018, Medio Rural incorporará otras siete propias–.

Y el helicóptero del 112. «Es el único medio aéreo que tenemos en Cantabria y hace una labor magnífica», apuntan desde Medio Natural. En último extremo, se solicitará la ayuda al Estado. Primero con la petición de hidroaviones y en casos más excepcionales con la intervención de la Unidad Militar de Emergencia (UME).

«Hace falta más medios»

Después de participar en la Mesa del Fuego y de valorar positivamente el nuevo Plan Forestal, la reivindicación de los sindicatos sigue siendo la de la falta de medios. «Necesitamos todoterrenos decentes para poder hacer las labores de prevención y extinción en condiciones», critican desde CC OO. La organización recuerda que era una de los compromisos del Gobierno a la vez que solicita la renovación de los medios de comunicación y la creación de unas brigadas especiales para llevar ante la justicia a los delincuentes.

Al menos una de estas demandas está en vías de cubrirse. El Ejecutivo espera sustituir 50 vehículos «que por su uso ya están en mal estado» a través de un contrato de renting. La intención es que estén funcionando ya este veran, uno de los más peligrosos de la última década.

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