Cantabria registró el máximo histórico de legionela en 2017, con 55 afectados

Cantabria registró el máximo histórico de legionela en 2017, con 55 afectadosGráfico

Salud Pública achaca la alta incidencia a que «la propagación del germen está muy relacionada con la pluviosidad y ha sido un año muy seco»

Ana Rosa García
ANA ROSA GARCÍASantander

Cantabria alcanzó en 2017 el nivel máximo de legionela de la serie histórica, con un total de 55 afectados (entre ellos dos muertos), y el «brote más importante sin ningún género de dudas», localizado en el Balneario de Liérganes entre agosto y septiembre. «La explicación más lógica, teniendo en cuenta que el germen está relacionado con la pluviosidad y los cauces de agua, es que se debe a que el año pasado fue muy seco. El resto de comunidades autónomas también se han situado por encima de los valores normales», explica Luis Viloria, jefe de Vigilancia Epidemiológica de Salud Pública. En Cantabria, hay que remontarse hasta 2009 para encontrar el balance más parecido, «aunque entonces el máximo fue de 49 afectados». «Está claro que la aparición del brote de Liérganes (sumó 14 casos) sube mucho la estadística, pero incluso quitando ese episodio, tendríamos una de las cifras más potentes de la serie histórica». En comparación con el año anterior, los contagios por legionela, que cabe recordar que no se producen entre personas, sino por inhalación de agua contaminada, suponen casi el doble, y se multiplican por tres en relación a los detectados en 2015 (19).

La legionela afecta sobre todo a pacientes con patologías respiratorias. «El 76% eran mayores de 60 años. Es una enfermedad que suele ser inexistente en gente joven, aunque en 2017 es cierto que hubo dos casos en personas de 37 y 39 años», señala Viloria. Del total de infecciones, 49 tuvieron que ser hospitalizados. «La legionela provoca una neumonía atípica, que se percibe de forma clara en las imágenes radiológicas. A veces suele dar cuadros digestivos, aparte de respiratorios, y cursa con bastante fiebre. No obstante, en ocasiones no llega a desembocar en neumonía y se queda en un cuadro febril más llevadero, que es lo que ocurrió en los seis casos que no llegaron a ingresar».

14
casos de legionela se registraron en el Balneario de Liérganes, «el brote más importante registrado en Cantabria».

De las muertes registradas el año pasado en Cantabria por esta causa, una trascendió porque fue la consecuencia más grave del brote del Balneario de Liérganes (no sin polémica, por las circunstancias en las que se descubrió, de las que la consejera de Sanidad, María Luisa Real, tuvo que dar cuentas en el Parlamento). La víctima fue una mujer de 83 años nacida en San Vicente de la Barquera y residente en Gijón. La instalación termal volvió a funcionar con normalidad una vez los informes microbiológicos dieron por erradicado el foco.

El otro fallecimiento, que se produjo en agosto, fue el de «un paciente de 81 años de Santander, que padecía una enfermedad respiratoria crónica, en cuyo caso no se pudo especificar el origen de la infección». Viloria admite que «no siempre se puede asignar el foco de contagio. En 2017, nos pasó con el 40% de los pacientes. Solo se pudo establecer la relación causa-efecto en 24 casos».

Evolución

2009
49 casos (un muerto).
2010
36 casos
2011
31 casos
2012
32 casos
2013
23 casos
2014
28 casos
2015
19 casos (un muerto)
2016
30 casos (cuatro muertos)
2017
55 casos (dos muertos

La confirmación de un cuadro sospechoso se obtiene «en el mismo día», ya que «se realiza a través de una prueba de orina que los hospitales tienen incorporada por protocolo». Desde Salud Pública explican que «la incidencia de la legionela está muy relacionada con la climatología (la contaminación depende del ritmo de las precipitaciones y el calor favorece la réplica de la bacteria), de ahí que prolifere en verano y que el Levante sea la gran zona de riesgo de España. Empieza a subir en julio y suele alcanzar los niveles más altos en agosto y septiembre. A partir de octubre, la época de lluvias digamos que lava la conducciones de agua y la legionela tiene condiciones menos favorables para propagarse». La evolución estadística así lo confirma: «En los seis primeros meses de 2017 se habían notificado doce casos en Cantabria, y solo en julio se detectaron diez. En agosto hubo nueve y en septiembre, trece. Después ya baja la incidencia de forma notable. Esta es una constante que se repite cada año», añade.

La forma de prevenirlo, subraya el jefe de Vigilancia Epidemiológica, pasa por «identificar los lugares de mayor riesgo (torres de refrigeración, sistemas de agua climatizada...), aplicar la normativa y realizar las inspecciones pertinentes. El control de los hospitales es objetivo primordial».

Viloria recuerda que «la infección se produce por vía respiratoria, de tal forma que el agua pulverizada en el aire llegue a los pulmones. Podríamos beber ese agua contaminada que, por vía digestiva, no pasaría nada».

Detectados seis casos de malaria, «todos importados»

El informe epidemiológico de Salud Pública de 2017 recoge la detección de seis casos de malaria (paludismo) en Cantabria, «todos importados, es decir, en personas que habían contraído la enfermedad tras su estancia en algún país donde la enfermedad es endémica, principalmente de Sudamérica o África. Cada año se registran entre dos y siete casos en la región, pero se controla con el tratamiento adecuado y lo normal es que la enfermedad desaparezca. Lo que nos interesa es que el contagio no haya sucedido en España, y aquí las probabilidades de transmisión son nulas», según Viloria.

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