Medio siglo de la cicatriz de ETA en Mogrovejo

La torre de Mogrovejo es el icono del pueblo más bonito de Cantabria en 2017. / Antonio 'Sane'

El tiroteo con el que los terroristas estrenaron su crónica negra en Cantabria sigue vivo en el recuerdo de los lugareños | Hace ocho años publicamos este reportaje sobre la huella de la banda terrorista en el pueblo más bonito de Cantabria en 2017

Gonzalo Sellers
GONZALO SELLERSSantander

Dos Citroën 2CV con matrícula de Bilbao recorren los doce kilómetros que separan Potes de Mogrovejo. El calendario marca la segunda semana de marzo de 1969 y la Morra de Lechugales, el pico de 2.400 metros que custodia el pueblo, deslumbra la vista por la nieve que aún conserva del invierno. Dicen que cerca de allí, en el pico Frau Cortés, nace de la propia roca un manantial de agua inagotable. En el interior de los vehículos viajan Eduardo Uriarte, Enrique Guesalaga, Juan Echave y Juana Dorronsoro. Para los lugareños sólo son cuatro amigos, cuatro excursionistas de visita en Liébana. La realidad es que tras esos nombres se esconden Teo, Chomin, Ander y Jone, sus alias en ETA. En poco menos de un mes se convertirán en los primeros terroristas en protagonizar una acción armada en suelo cántabro.

En Mogrovejo, entonces con apenas 50 habitantes, se instalan en una casona que alquilan a Eustaquio Campollo y Constanza Guerra, dos vecinos que ignoran la militancia de los inquilinos. Su intención es esconderse en este pueblo enclavado a los pies de los Picos de Europa durante unas semanas, mientras se enfría la presión que la Policía y la Guardia Civil mantienen sobre la organización tras la reciente 'Operación Sagarra', que acabó con la vida del comisario Melitón Manzanas.

La memoria de ETA en Mogrovejo

El más veterano del grupo es Juan Echave, un sacerdote de 36 años, ex párroco de Acitain (Guipúzcoa), a quien se le atribuye la fabricación de bombas utilizadas contra cuarteles de la Guardia Civil y monumentos franquistas. También es el jefe de la oficina de propaganda. 'Jone' Dorronsoro, de 38 años, es la única mujer del comando. Profesora de música en Ataun (Guipúzcoa), su vinculación a la banda le viene de familia. Sus dos hermanos también militan en ella y su marido, Xabier Izco de la Iglesia, es fundador de ETA y miembro destacado de la cúpula. Los otros dos, Eduardo Uriarte y Enrique Guesalaga, tienen 23 y 22 años, respectivamente. El primero es estudiante de Ciencias Económicas y subjefe de la organización en Vizcaya. El segundo forma parte del Comité Ejecutivo de Eibar desde 1965.

Fútbol, cartas y excursiones

Los días en Mogrovejo transcurren para ellos como unas vacaciones. Los cuatro dedican el tiempo a hacer excursiones al monte, subir al teleférico de Fuente Dé, conocer la torre del siglo XIV del pueblo, jugar al fútbol en la plaza y a las cartas con los vecinos. «Eran muy buenos al tute. Casi todas las tardes entraban en Casa Chuchi -el único bar del pueblo- para charlar y jugar con nosotros. No hablamos nunca de política», recuerda Fidel Guerra, uno de los pocos vecinos de entonces que aún reside en Mogrovejo. «Durante el mes que estuvieron aquí recibieron varias visitas e, incluso, se llegaron a juntar diez o doce personas en la casa, pero nadie sospechó nada. Si ni siquiera sabíamos qué era eso de la ETA...», añade Fidel.

Mientras, en el País Vasco, la Policía estrecha más el cerco sobre la banda. La octava brigada de Investigación Social de la Jefatura Superior de Vizcaya hace una redada, el miércoles 9 de abril, en el piso franco que ETA tiene en el número 54 de Artecalle, en Bilbao. Allí detienen a tres personas, aunque cinco consiguen escapar tras un intercambio de disparos. En la casa descubren información sobre el 'retiro cántabro' de los cuatro etarras.

A las seis de la mañana del viernes 11 de abril, Echave se despierta sobresaltado por el ladrido de unos perros. Se asoma a la ventana y despierta a gritos a sus compañeros. Fuera rodean la casa medio centenar de inspectores de la Policía Nacional y agentes de la comandancia de la Guardia Civil de Santander, con el teniente coronel Francisco Javier Cereceda al frente -cántabro que luego ascendería a general y sería el máximo responsable del Cuerpo en España-. Algunos de ellos aprovechan incluso el robusto nogal situado junto al edificio como parapeto.

Existen dos versiones sobre lo que ocurrió después. Los periódicos y la Guardia Civil aseguran que los terroristas empezaron a disparar y los agentes respondieron. Por otro lado, los vecinos, los documentos del Proceso de Burgos y los propios etarras sostienen que sólo los policías dispararon. Sea como fuere, el tiroteo apenas dura unos minutos. «Estaba ordeñando las vacas en el establo cuando empecé a escuchar tiros. Me entró mucho miedo y me metí dentro de la casa. Cuando cesaron, salí. Había un revuelo enorme en el pueblo, estaba lleno de guardias civiles y me ordenaron volver a entrar en la casa», recuerda Fidel, que entonces tenía 37 años.

«¡Vamos a salir!»

La última bala acompaña al grito de «¡Vamos a salir!». Los cuatro etarras abandonan la casa con las manos en alto. A uno de los agentes, debido al nerviosismo, se le dispara el arma y la bala impacta en el hombro de Enrique Guesalaga. Esa es una versión. La otra dice que fue herido durante el tiroteo. El hecho es que el proyectil atraviesa el pulmón izquierdo y Echave le administra la extremaunción por lo que pueda pasar. Una de las vecinas del pueblo se acerca al herido con una manta y un botiquín para hacerle los primeros auxilios. Los tres etarras ilesos son trasladados de inmediato a Bilbao, mientras que a Guesalaga lo llevan a la Casa de Salud de Valdecilla, donde el informe médico habla de «una herida en hermitórax izquierdo, de pronóstico grave».

«Precisamente el año pasado, el chico que fue herido vino aquí, al pueblo, para visitar a la mujer que le curó tras recibir el disparo. Estuvieron recordando todo lo que pasó aquella mañana», asegura Ernestina Guerra, otra de las vecinas de Mogrovejo que fue testigo de aquellos hechos. Cada uno de los habitantes de esta localidad tiene su propia anécdota, como el que es ahora responsable del teleférico de Fuente Dé, Ángel de la Lama: «Estaba en Bilbao estudiando Económicas, y me llamó mi padre (Florencio de la Lama, antiguo director de El Diario Montañés) muy asustado para contarme lo que había pasado. Me llegó a preguntar si los había mandado yo».

Los cuatro etarras fueron condenados en el Proceso de Burgos a pena de muerte, conmutada después por cadena perpetua y, tras ocho años en la cárcel, fueron amnistiados al aprobarse la Constitución.

Las cicatrices del tiroteo fueron visibles en 'la casa de la ETA', como se la conoce en el pueblo, durante treinta años. Hoy en día, tras la reforma que sus dueños realizaron hace una decada, los impactos de bala en las paredes y el balcón astillado ya no existen. Pero los vecinos no olvidan el primer suceso que puso a Mogrovejo en las portadas de los periódicos. El destino querría que años más tarde, en 1980, este pueblo volviera a ser noticia por un motivo más amable o, mejor, por cien millones de motivos: el segundo premio de la Lotería de Reyes.

Cronología del terror en Cantabria

1978
Intento de robo de 42 millones de pesetas de la nómina de la Casa salud de Valdecilla.
1979
Cogen como rehenes a once personas tras atentar contra Equipos Nucleares de Maliaño.
1980
sesinan en Islares al taxista bilbaíno Mario Cendán Geimonde. Roban 8.000 kilos de Goma-2 en el polvorín de Soto de la Marina.
1981
Bomba en el destructor de la Armada Española «Marqués de la Ensenada», fondeado en la Bahía.
1983
Artefactos explosivos en Castro Urdiales, Ramales y Laredo.
1985
ETA explosiona una bomba en la Renault de Laredo y otra carga en el petrolero «Camponegro».
1986
Bomba junto a la Comandancia de Marina de Santander.
1987
Bombas en el Club Marítimo de Santander y Renfe. Ataque a tres concesionarios en Santander y Bezana. Un artefacto estalla en Pryca y un coche bomba en los depósitos de Campsa de la calle Castilla.
1988
Una bomba destruye el concesionario de Renault en Castro Urdiales. Otros seis concesionarios de coches sufren daños por explosivos.
1989
Explosionan tres bombas en la línea férrea Bilbao-Santander.
1990
Desactivan una bomba colocada en el coche de un policía en Castro. Estalla una bomba junto al cuartel de la Guardia Civil y el Ayuntamiento de Val de San Vicente.
1992
Coche bomba en La Albericia al paso de una furgoneta de la Policía Nacional. Tres civiles mueren.
1995
Un artefacto explota en las inmediaciones de la línea férrea Santander-Gijón, en La Acebosa.
1996
Artefacto en la línea de alta tensión de la Pernía (Sobarzo).
1997
Explosión en una torreta de la línea de alta tensión Penagos-El Astillero. Intentan una masacre en Comillas colocando lanzagranadas en el Cuartel de la Guardia Civil.
1998
Atentado en la sede del PP en Santander durante congreso de nuevas generaciones. Intentan asesinar al propietario de un bar de Castro, pero la pistola se encasquilla.
1999
Sabotaje del centro emisor de Peña Cabarga que deja sin TV a más de 300.000 cántabros.
2000
Incendiado el repetidor de Retevisión en el Alto de Guriezo.
2002
Explota un coche bomba frente al edificio de Ministerios de la calle Vargas, sin victimas. El 3 de diciembre estalla otro en el aparcamiento de la plaza de Alfonso XII.
2003
Coche bomba en el aparcamiento del Aeropuerto de Parayas.
2004
Artefacto explosivo en el Paseo Marítimo de San Vicente de la Barquera. Bombas en el Paseo Pereda de Santander y en Santillana.
2005
El aeropuerto de Parayas cierra cuatro horas tras una amenaza de atentado con lanzagranadas.
2006
Bomba en la sede de Falange en Santoña. Artefacto en la A-8.
2007
Detenido en Santander Aritz Arginzoniz cuando planeaba un atentado en la capital.
2008
Un coche bomba en el Patronato Militar de Santoña acaba con la vida del brigada Luis Conde. Cuatro artefactos de escasa potencia estallan en Noja y Laredo.

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