La ciguatera, el nuevo ‘anisakis’

Esta toxina, presente en un tipo de algas que comen los peces, tiene efectos dañinos en los humanos. No existe un tratamiento específico

Gráfico
I. OLLO
J. L. ONDOVILLA

El capitán inglés James Cook fue el primero que hizo un relato detallado de esta intoxicación allá por 1774, aunque existían vagas referencias desde principios del siglo XVI. Se llama ciguatera, apenas conocida en Europa, pero temida en los países del hemisferio Sur desde el tiempo de los corsarios. Hasta el afamado cantante Juan Luis Guerra le ha dedicado una canción: «Me corre una calentura, la cabeza me da vueltas, se me aflojan las rodillas... Es que eso le da a cualquiera, el beso de la ciguatera, una condena que llevo por comer pescado de arena».

Una estrofa que resume la intoxicación causada por ingerir ejemplares contaminados con toxinas de unas algas microscópicas que también tienen su toque musical: ‘Gambierdiscus’. Su biografía se ceñía principalmente a los países tropicales, pero la alarma ya ha llegado a España, concretamente a Canarias, donde en los últimos años se han confirmado más de un centenar de casos y se teme su extensión a las comunidades autónomas bañadas por el Mediterráneo. Y hasta por el Atlántico.

La secuencia hasta llegar al cuerpo humano es sencilla: pececillos se alimentan de estas algas, comunes en las zonas de arrecifes, que son engullidos por otros peces, que a su vez acaban devorados por ejemplares de más tamaño, como el mero, el pez espada, el jurel, el medregal... De ahí a la cocina de un restaurante, una pescadería o la parrilla de un chiringuito no hay nada. Se conoce ya como el nuevo ‘anisakis’, aunque en realidad no tiene nada que ver con este parásito. Y es que la ciguatoxina no desaparece al congelar el pescado, ni al cocinarlo por muy elevada que sea la temperatura.

Hasta el momento no se ha constatado ningún fallecimiento en España –la morbilidad es del 0,1%–, pero los síntomas son complejos y pueden prolongarse meses, e incluso años. Canarias acumula 18 brotes con 106 infectados en la última década, varios de ellos turistas.

La intoxicación

Síntomas iniciales: Vómitos, diarreas, sabor metálico, adormecimiento de brazos y piernas, cefalea, temblores. Inversión térmica.

Cardiacos: Arritmia, hipertensión, taquicardia, baquicardia, pulso bajo e irregular.

Síntomas urinarios y ginecológicos. Dolor al orinar y dolores en la vagina y el pene.

Dermatológicos. Picor extremo en todo el cuerpo, erupciones, pérdica de cabello y caída de uñas.

Neurológicos. Depresión, ansiedad, alucinaciones, histeria, aturdimiento, nervios...

Los efectos aparecen en las primeras 30 horas tras la ingesta del pescado impregnado de la toxina: vómitos, diarrea, dolor abdominal... A los cinco días el cuadro empeora, con una inversión térmica –los objetos fríos parecen estar calientes y los calientes se perciben como fríos–, picor generalizado, mareos y rigidez en los músculos. Los síntomas pueden desaparecer, pero llegan las recaídas, con dolores en las articulaciones, depresión, hipertensión... incluso la pérdida de pelo y uñas. Y en los casos más complicados, la mayoría de los afectados fallecen por paradas cardiorrespiratorias.

El problema tiene difícil solución. Los expertos recomiendan no comer peces carnívoros excesivamente grandes, evitando de forma especial las vísceras y las cabezas. Y es que poco más se puede hacer sino prevenir, ya que no existe en la actualidad un tratamiento específico contra la ciguatera. Una vez intoxicado, el paciente recibe analgésicos, tranquilizantes, vitaminas, antidepresivos o manitol, que aligera por ejemplo la hipertensión y facilita la excreción urinaria de la toxina.

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