Ciudadanos «presionará» a Carrancio, González y Vielva para que dejen sus actas

Ante los micrófonos, Juan Ramón Carrancio al anunciar su salida del partido. Está flanqueado por David González y Cora Vielva. / Roberto Ruiz

En Cantabria, Félix Álvarez pedirá a Revilla y a Gema Igual que no busquen el apoyo de los tres cargos públicos «tránsfugas»

Violeta Santiago
VIOLETA SANTIAGOSantander

Ciudadanos (Cs), desde Madrid, y Félix Álvarez, desde Santander, van a intentar estrechar el margen de acción de los tres cargos de la organización (el diputado Juan Ramón Carrancio y los concejales en Santander David González y Cora Vielva) que el viernes pusieron tierra de por medio con las siglas por las que fueron elegidos. Por un lado, el partido les intentará «presionar políticamente» para que devuelvan sus actas porque, según afirmó ayer en la capital de España el secretario general, José Manuel Villegas, esto sería «lo leal con sus votantes» y no solo con la formación.

En Cantabria, Álvarez (también conocido por Felisuco) pedirá a Miguel Ángel Revilla, jefe del Ejecutivo regional, y a Gema Igual, alcaldesa de Santander, que no se apoyen para gobernar ni en el parlamentario ni en unos ediles «que están bordeando el transfuguismo», para lo cual quiere que no se pierda de vista el espíritu del Pacto Antitransfuguismo.

Villegas rechazó que la marcha de los tres representantes públicos de Ciudadanos en Cantabria, que arrastrará a un gran grupo de militantes, haya tenido que ver con el «ideario» político del partido, sino «con un cambio de portavoz que no ha sido aceptado por algún cargo publico». «Cuando se nombra a alguien no puede gustar a todo el mundo», señaló. Contestó así a los dos argumentos de que se sirvieron el viernes los dimitidos, que aludieron al «giro» ideológico dado por la formación de Albert Rivera y al hecho de que Álvarez fuera nombrado número uno en Cantabria desde Madrid aprovechando las reformas en las estructuras autonómicas que se están produciendo en todo el país, cambios que han sido duramente censurados por los que abandonan la organización en Cantabria .

En esta tesitura, para el secretario general de Cs los críticos «tienen dos opciones: acudir a los mecanismos internos» o «irse». En este último caso, puntualizó, «devolviendo el acta que se ganó en las listas de un partido».

En Cantabria, Félix Álvarez mostró alivio por la salida de este grupo y declara su intención de darle un vuelco a Cs. «Todavía no sabemos cuántos se marchan efectivamente. Tendremos que ver quién se queda» y, a partir de ahí, recomponer las juntas directivas de las agrupaciones que se pueda.

El viernes, Carrancio cifró en 200 el número de bajas que tendrá Ciudadanos en Cantabria. Ayer, Álvarez la situó en torno al centenar. Pero todo son cábalas. El diputado nacional se congratula de la salida de Carrancio y de una parte de estos militantes «porque era gente que había convertido a la organización en un coto cerrado. Estoy encantado de que se vayan: ellos mismos han hecho una operación de autolimpieza», explicó, si bien al tiempo afirmó que la marcha de personas concretas –«muy válidas» que han trabajado «mucho y bien»– le da pena porque «han sido engañados» por el diputado, dice.

Aumentar la implantación

A partir de ahora, Álvarez se pondrá a trabajar para implantar el partido en lugares «donde hasta ahora había sido imposible». Desde noviembre de 2015 «no ha habido ningún grupo nuevo», remarcó. Su aspiración –y «mandato» de la dirección nacional, subraya– es llegar a septiembre con una junta directiva en todas las agrupaciones que ahora la pierdan. «Y en un año, tendría que haber agrupaciones, también, en sitios como Laredo, Ampuero, Potes, Reinosa o Cabezón de la Sal», donde ahora Ciudadanos no tiene base para constituirse. «Dentro de un año, tendríamos que contar con veinte agrupaciones».

En este proceso, a Álvarez no le vale cualquiera, porque quiere «abrir el partido a la sociedad civil, a profesionales que aporten calidad». Se muestra seguro de que habrá incorporaciones «de inmediato porque tenemos gente esperando» (sobre todo en la agrupación de Santander, la más numerosa). «Juan Ramón Carrancio era un tapón moral para muchas personas interesadas en formar parte de este proyecto: aquí nos conocemos todos y todos sabemos de dónde viene Carrancio», lamentó.

Tanto el nuevo responsable de Cs en Cantabria como el partido tienen claro que detrás de toda esta operación que se viste de alta política («El partido ha abandonado la socialdemocracia y ya no representa a los más desfavorecidos», declaró Carrancio para justificar la espantada) hay algo mucho más simple: el acta de una reunión que ronda por los juzgados y que podría acabar con una imputación para el diputado y para el concejal David González. «Esto hubiera sido delicado para ellos, porque nuestro código ético les obliga a marcharse y a dejar también su puesto público. Y esto es lo que no querían», señaló Álvarez.

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