Condenado a 161 años de cárcel el etarra que intentó atentar contra el cuartel de Comillas

Eneko Gogeaskoetxea declarando en la Audiencia Nacional en enero de 2013/EFE
Eneko Gogeaskoetxea declarando en la Audiencia Nacional en enero de 2013 / EFE

Los magistrados consideran probado que Eneko Gogeascoetxea, miembro del comando 'Katu', colocó tres granadas cohete a 20 metros del cuartel «con la finalidad de matar a cuantas personas hubiera dentro»

DM .
DM .Santander

La Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado a 161 años de prisión al etarra Eneko Gogeascoetxea por los delitos de asesinato en grado de tentativa y de estragos terroristas en el intento de atentado contra la casa cuartel de Comillas (Cantabria) en agosto de 1997.

En su resolución, los magistrados consideran probado que este etarra, miembro del comando 'Katu', colocó «con la finalidad de matar a cuantas personas hubiera en el cuartel» un artefacto casero compuesto por tres granadas cohete a una veintena de metros del cuartel, hacia donde estaba dirigido. Aunque estaba previsto que deflagrara a las 4.00 de la mañana, el artefacto no funcionó, por lo que el acusado llamó al diario 'Egin' advirtiendo de su existencia.

Se trata de hechos que han quedado acreditados por la prueba pericial y testifical celebrada durante el juicio, explican los magistrados, que precisan que su declaración durante el mismo queda «plenamente desvirtuada» por haber encontrado en el caserío donde escondían las armas huellas dactilares suyas. El acusado, que no respondió a la preguntas del Ministerio Fiscal, se desvinculó de los hechos y dijo no formar parte de la banda terrorista ni conocer al otro autor del atentado: Kepa Arronategui, ya condenado por estos hechos.

Arronategui dijo en calidad de testigo en la vista oral que no era cierto que Gogeascoetxea participara en los hechos y que tampoco integraba ETA; una versión que choca con la que prestó en sede policial tras su detención, ya que en aquel momento vinculó al acusado en los hechos, que describió minuciosamente.

En la imagen de arriba, uno de los agentes porta las granadas ya desactivadas. En el medio, los todoterrenos de la Guardia Civil cortan los accesos a Comillas después del atentado frustado. Abajo, otro momento de la actuación de la Guardia Civil. / Miguel de las Cuevas

Al respecto, la Sala entiende que su declaración ante la policía no se puede considerar nula alegando que sufrió coacciones, amenazas e incluso malos tratos ya que el informe forense del médico practicado en su día al testigo concluyó que no había sufrido maltrato físico y que «únicamente se quejó de que en el calabozo estaba la luz encendida y tenía dificultades para dormir».

«Obran en la causa informes de inteligencia de la Guardia Civil y Policía autonómica en los que se exponen minuciosamente datos objetivos que permiten concluir que el acusado era el otro miembro del comando Katu que, junto con Kepa Arronategui, cometió una pluralidad de atentados y que ambos tenían la disponibilidad conjunta de materiales explosivos».

Voto particular

La sentencia cuenta con el voto particular del magistrado Ricardo de Prada, que expone que no se pueden entender como prueba de cargo las declaraciones que prestó durante la vista oral Arronategui. Matiza que solo ha quedado probado que once personas se encontraban en el interior del cuartel, sin delimitar dónde exactamente ni la capacidad del artefacto explosivo, por lo que no hay «hipótesis fundada» sobre el posible número de víctimas que hubiera dejado el atentado.

En relación a los explosivos empleados se trata de hechos «alejados y con escaso poder corroborativo» en lo que específicamente se refiere a la participación de Eneko, según indica el magistrado en su voto particular.

Sobre la calificación jurídica dice que debe ser diferente a la impuesta a Arronategui (condenado como autor de delito de asesinato en grado de tentativa contra once personas). «Nada ha quedado probado más allá del hecho de la presencia de las once personas en el edificio de varias plantas. No se ha establecido una hipótesis fundada en relación al número de posibles víctimas que hubieran podido causar las granadas en el caso de que una o todas hubieran impactado contra la fachada del edificio», reza.

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