«Ha costado, pero ya tenemos bonito»

La tercera gran costera del año arranca con «buenas perspectivas» para la flota cántabra

DANIEL MARTÍNEZSantander

Después de una «buena campaña» del verdel y las cifras «históricas» de la de la anchoa, la flota cántabra entra de lleno en la tercera gran costera del año, la dedicada al bonito del norte. Con cerca de tres meses de faena por delante, los pescadores no se atreven a hacer predicciones, pero los primeros indicios son favorables. Sólo en la jornada de ayer, la primera con llegadas masivas a los principales puertos de la región, se vendieron en las lonjas de Santoña y Laredo 20.000 kilos de túnidos, casi la misma cantidad que llevaban acumulada desde que las embarcaciones empezaron a faenar la tercera semana de junio.

«Empezó muy mal para los que salieron hacia Irlanda y las Azores. Parecía que iba a ser escasa y complicada, pero de la noche a la mañana se ha metido el pescado en el Cantábrico», explica Adrián Fernández, joven patrón del ‘Nuevo Salvador Padre’. El «punto de inflexión» tras dos semanas en las que también muchas tripulaciones de la región estuvieron paradas por el temporal. Su embarcación fue la más madrugadora de las cuatro pertenecientes a la Cofradía de la Virgen del Puerto que ayer descargó los ejemplares capturados millas adentro. A las tres de la mañana empezaron a bajar peso en Santoña, a las seis comenzaron a limpiar y a las siete, después de la subasta en la lonja, volvieron a poner rumbo noroeste hacia el Golfo de Vizcaya en busca de nuevos bancos.

José Manuel Álvarez, del ‘Siempre Rufo’ –otra de las 16 que hay en la villa–, y los cuatro tripulantes que le acompañan tienen unos planes diferentes. Durante toda la jornada del jueves descansaron en casa antes de retomar el tajo de madrugada. Aprovechan al máximo estos días antes de la parada –no más de media semana– que harán coincidiendo con las fiestas del Carmen. Él traduce esas buenas sensaciones generalizadas en cifras: «En la anterior marea estuvimos 16 días sin venir a puerto y cogimos 3.000 kilos. En esta, en sólo cuatro días hemos desembarcado 7.500. Está claro». El suyo fue el barco más afortunado del día. Y también el que más tardó en descargar.

«En la anterior marea hicimos 3.000 kilos en 16 días. Ahora, 7.500 en sólo cuatro. Está claro» José Manuel Álvarez

Mientras Fernando maneja la grúa todavía a bordo, José Manuel, Nacho, Sila e Ibrahim se encargan de colocar las piezas en función de su tamaño. Grande, recortado (mediano) o ‘mono’ (pequeño). En caso de duda, tienen a mano la báscula. La mujer de uno de ellos sigue la cadena y se encarga de cogerlos con el montacargas para meterlos al interior de la lonja. «¿Vais a necesitar más tinas?», pregunta Mari. Después de dos semanas en las que primero no aparecían los bonitos y después el mal tiempo obligó a estar amarrados durante seis días, la respuesta por fin es afirmativa.

Pero no todos tuvieron ayer la misma suerte. Es el caso de José Antonio Beltrán, tripulante de un barco asturiano que ayer eligió Santoña para vender su bonito. «Yo no veo tan claro que vaya a ser una buena costera. Esta es nuestra primera marea, hemos venido con 140 piezas, que tampoco es una burrada, y una avería», afirma mientras limpia los peces y los cubre de hielo para su mejor conservación.

Otros puertos

También entraron cantidades importantes de bonito del norte en los puertos de Santander y San Vicente de la Barquera, lo que pone de manifiesto el cambio de tendencia. Y en Laredo. Ayer sólo entró un barco a la dársena pejina, el vizcaíno ‘Lorea II’, pero con 5.000 kilos pescados en cuatro días. Esa misma tripulación venía de sumar 400 en una semana. Cambio radical. «Le ha costado entrar, pero ya está aquí el bonito», dice Iñaki Mendizábal, su patrón. En concreto, entre las 20 y las 100 millas al noreste de la costa cántabra. De media, los barcos tardan entre siete y doce horas en llegar. Allí llenan la bodega «a veces en dos días y otras en diez» y vuelven a tierra firme.

«Hay muchos, aunque muy separados. Para la cacea será un buen año, pero no para los barcos grandes» Iñaki Mendizábal

En Colindres, donde 17 barcos salen al bonito, la primera gran oleada de túnidos todavía está por llegar a su lonja. El presidente de su cofradía, José Luis Bustillo, cree que será muy complicado igualar las cifras de 2016, cuando se completó la cuota por primera vez en la historia. «Hubo barcos de cebo vivo que sumaron hasta 200 toneladas», recuerda. Hace un año los bancos de peces estaban muy compactos, por eso los barcos que practican esas artes salieron beneficiados. Esta costera, está pasando justamente lo contrario. Hay muchos ejemplares, pero muy separados. Los marineros vascos que ayer descargaban en Laredo lo razonan: «A nosotros, que pescamos con cacea, tirando las varas, nos beneficia. Además, es más fácil encontrar los de mayor calidad. En cambio, a los barcos grandes, que necesitan que estén bien juntos, les perjudica».

Precios a la baja

El tamaño es uno de los factores que influye en el precio. De momento, están saliendo de todos los gustos. El otro es la oferta. Los primeros lotes de bonito grande se vendieron a 12 euros el kilo cuando apenas había producto. El mediano a ocho y el pequeño a cinco. Ayer, estas referencias cambiaron con la llegada masiva de túnicos:en Santoña desembarcaron 15.000 kilos, más que los 10.000 acumulados hasta entonces, y eso se tradujo en descensos de hasta el 30% en la subasta. «Ahora se empezará a notar también la caída en los precios de venta al consumidor», remarcaba una de las asistentes a la puja, quien concretaba que una parte importante de estos bonitos iban para supermercados de Madrid y una algo menor para los de Cantabria y las pequeñas pescaderías.

La flota cántabra tendrá que compartir el cupo de 15.000 toneladas –existe un 10% de margen por si agota por segundo año consecutivo– con la del resto del Cantábrico y Canarias, que acostumbra a sacar el 33% del atún blanco que tiene asignado España. A diferencia de la costera del verdel, ahora no se realiza un reparto previo para cada barco en función de su tamaño, sino que los armadores tienen libertad para salir a la mar todas las veces que quieran. El único límite es esa cuota general de casi 15.000 toneladas.

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