PRC y PNV crearán grupos de trabajo sobre infraestructuras y sanidad

Iñigo Urkullu y Miguel Ángel Revilla, en una fotografía en noviembre de 2015 en el Gobierno./Javier Cotera
Iñigo Urkullu y Miguel Ángel Revilla, en una fotografía en noviembre de 2015 en el Gobierno. / Javier Cotera

Revilla y los responsables del Partido Nacionalista se reunieron el miércoles en Bilbao para retomar las relaciones que se rompieron durante el mandato de Ibarretxe

Enrique Munárriz
ENRIQUE MUNÁRRIZSantander

Cantabria y País Vasco guerreaban desde el intento del exlehendakari Juan José Ibarretxe de hacer una consulta soberanista, pero sus relaciones dieron un vuelco hace año y medio, cuando Miguel Ángel Revilla e Iñigo Urkullu anunciaron el arranque de un histórico proceso hacia la normalización bilateral. Un primer paso que se oficializó con el anuncio de los líderes autonómicos de hacer frente común para conseguir un tren de altas prestaciones que comunique Bilbao y Santander. Con el 'deshielo' de las administraciones desbloqueado, todavía estaba pendiente reflotar los lazos entre sus respectivos partidos políticos después de las tensiones vividas. El miércoles por la mañana el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, y el responsable de Organización del Euzkadi Buru Ba-tzar, Joseba Aurrekoetxea, recibieron en Bilbao al líder del PRC y al vicesecretario general, Rafael de la Sierra, con el fin de tener una primera toma de contacto para crear comisiones de trabajo conjuntas sobre temas de interés común como el ferrocarril, la A-8, Castro Urdiales o la atención sanitaria.

Según ha podido saber este periódico, la reunión duró más de 90 minutos y se produjo en un ambiente de cordialidad. Regionalistas y nacionalistas limaron asperezas pasadas, enterraron definitivamente el hacha de guerra que «enturbió» las relaciones durante el mandato de Ibarretxe y apostaron por mantener una colaboración fluida de cara a llevar exigencias comunes en Madrid. Pusieron sobre la mesa la necesidad de impulsar el tren de altas prestaciones con el País Vasco, que un reciente estudio de la Universidad de Cantabria cifra en algo más de 1.092 millones de euros, la ampliación de la autovía A-8 con un tercer carril o profundizando en la colaboración existente para que pacientes vascos puedan someterse a trasplantes cardiológicos y pulmonares en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, especializado en ellos, y que los cántabros sean sometidos a trasplantes renales en el hospital bilbaíno de Cruces.

Fuentes del PRC aseguraron ayer que el encuentro estaba fuera de agenda porque «se trataba de un primer contacto, casi personal, para desbloquear la situación, un tema de vernos las caras y restablecer relaciones» y aseguraron que, a partir de ahora, cuando se creen los grupos de trabajo y haya un orden del día será público.

Aunque ha sido una visita entre dos formaciones con «muchos intereses en común», la mayoría de los temas que salieron a relucir tienen que ver con el Ejecutivo regional. Las dos formaciones también coincidieron en la necesidad de «hacer frente común» para tener más fuerza frente al Gobierno de Mariano.

Esta reunión entre los regionalistas y los nacionalistas se produjo después de varias conversaciones entre distintas consejerías de ambas administraciones, que consideraron la necesidad de sentarse juntos y abrir vías de diálogo cara a cara alrededor de la mesa. Todavía no hay un calendario, pero ambos confían en que los grupos de trabajo empiecen pronto.

Fin del deshielo

Esta toma de contacto supone un cambio considerable en las relaciones con el PNV y, por extensión, con el Gobierno vasco, que arrancó con el encuentro con Urkullu en noviembre de 2015. Nunca se habían visto cara a cara. Dos presidentes de personalidades encontradas y muy diferentes. Fiel a su estilo locuaz, el líder regionalista no ahorró calificativos hacia su interlocutor, «una persona muy seria, muy sensata». Un «lujo de lehendakari».

Era el primer encuentro entre un presidente cántabro y uno vasco desde 2009. El anterior había tenido como protagonista al propio Revilla y a Patxi López, quien sólo unos meses antes había sido proclamado lehendakari. Aquella entrevista fue definida como un intento de restablecer las relaciones institucionales entre dos comunidades vecinas, pero que habían estado muy distanciadas durante la época de Juan José Ibarretxe en Ajuria Enea.

Los enfrentamientos más duros entre las administraciones fueron en la época del plomo de ETA. El líder regionalista y presidente cántabro llegó a señalar por entonces al PNV al asegurar que «no se puede jugar a esta ambigüedad», en relación a la actitud de este partido y del presidente vasco. Sus declaraciones levantaron ampollas en el País Vasco, desde donde le advirtieron de que este tipo de afirmaciones eran «un regalo» para ETA.

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