CRISTIAN DE VUELTA

«Cuanta más gente se sumaba a la causa más iba mejorando el estado de Cristian»

La ambulancia que recogió a Cristian en el aeropuerto ‘Seve Ballesteros’ llega al Hospital Valdecilla. / Antonio 'Sane'

Nahum López Sánchez y Mariluz González, el amigo y la tía de Cristian Bosco de la Mora, traen de vuelta al surfista cántabro, que ya descansa en el Hospital Valdecilla

NACHO GONZÁLEZ UCELAYSantander

El surfista cántabro Cristian Bosco de la Mora González, atrapado durante dos largas semanas en un hospital de Bali tras serle diagnosticada una grave enfermedad de la que su compañía asegurado no quiso hacerse cargo nunca, llegó ayer por la tarde a Santander, última estación de un auténtico viacrucis personal que ha concluido completamente exhausto pero feliz por estar en casa.

Tal y como estaba programado, Cristian, que el jueves había embarcado en un vuelo de Qatar Airways con alto en Doha y destino Madrid, llegó a las tres de la tarde a la capital española, donde a las seis se subió a un avión de la compañía Iberia que a las siete menos diez se posaba suavemente en el aeropuerto ‘Seve Ballesteros’ de Santander. Recogido en la pista por una ambulancia del servicio de urgencias 061, el surfista, de 29 años, fue trasladado al Hospital Valdecilla, donde quedó ingresado para iniciar cuanto antes su recuperación.

Dejando a su espalda la experiencia más difícil de su vida, el chico, que fue recibido a la puerta de urgencias por su madre, María, no tuvo tiempo de ver a su padre, Juan, que se había acercado hasta el aeropuerto para fundirse en un abrazo con los dos ángeles custodios de la vida de su hijo.

Los guardianes de Cristian

Igualmente exhaustos, pero igualmente felices, Nahum López y Mariluz González, su amigo y su tía, que han acompañado al muchacho desde el primer hasta el último día, asomaban por la puerta de llegadas esbozando una sonrisa ante la que Juan se derrumbó.

«Señores, les presento a los dos guardianes de mi hijo; Mariluz y Nahum» Juan Bosco de la Mora - Padre de Cristian

Luego de enjuagar sus lágrimas, Juan, que va sobrado de emociones, se giró a los periodistas congregados en el aeropuerto y dijo con orgullo: «Señores, les presento a los guardianes de mi hijo».

Muy discretamente, ella, Mariluz, hermana de la madre de Cristian, se retiró a un lado cediéndole todo el protagonismo a él, Nahum, el mejor amigo del surfista cántabro y, sin lugar a la duda, el vivo ejemplo de la fidelidad llevada a su máxima expresión.

«Quiero quedarme con lo bueno de esta experiencia, que, la verdad, voy a llevar conmigo toda mi vida», dijo el chico sin darse importancia. «Su padre, Juan, me lo pidió y yo no le podía a fallar», continuó Nahum, que admitió que estas dos semanas han sido «muy duras».

Agradecido a sus padres por haberle educado en un ambiente sereno, Nahum, el mejor valor de Cristian en Bali, se felicitó por haber «superado todas las pruebas que he tenido que enfrentar para sacar adelante esta situación».

Para empezar, la espantada de la compañía con la que su amigo contrató el seguro de viaje a Indonesia, una agencia norteamericana que no respondió nunca a la delicada situación de Cristian.

«El seguro nos ha jugado una buena, pero al final hemos sido más fuertes que ellos» Nahum López - Amigo de Cristian

«El seguro nos ha jugado una muy buena», recordó el joven. «Pero, bueno, hemos sido más fuertes que ellos y, al final, y gracias a la colaboración de todas las personas que nos han ayudado en este momento difícil, hemos logrado salir de esta situación», añadió Nahum, asombrado por la respuesta obtenida de familiares, amigos, conocidos y desconocidos de su amigo.

Sin querer olvidarse de nadie, Nahum hizo especial mención a la compañía Internacional SOS, que, incorporada a la causa del surfista en los últimos días de su calvario, «ha conseguido sacarnos de allí con muchísima profesionalidad». También al doctor Alejandro Romero, «que ha hecho un trabajo impecable cuidando a Cristian». Y por supuesto, a los servicios médicos del Siolam Hospital de la isla de Bali, «que se han desvivido por nosotros desde el primero hasta el último día de nuestra estancia allí».

Consciente de que deberá pasar un largo tiempo hasta que tanto él como Cristian digieran lo ocurrido, Nahum dijo que, ahora, es tiempo «de concentrarnos en la recuperación de Cristian».

Momentos muy difíciles

Durante su precipitada entrevista, que la familia improvisó con la prensa a la misma puerta del aeródromo, Nahum admitió que ha vivido momentos muy difíciles al lado de la cama de su amigo. Uno en especial. «Cuando me preguntó si íbamos a salir de esta... y palabras mayores que no quiero recordar».

«La verdad es que lo que ha pasado Cristian no se lo deseo a nadie», aseguró su amigo, que reconoció que el chaval ha vivido días de una enorme confusión por lo que sucedía. «Con la enfermedad que tenía... con la actitud de la aseguradora, que ha estado jugando con nosotros... en un país que no sabes muy bien cómo tienes que actuar ante determinadas situaciones...».

En contraprestación a esos momentos, Cristian y Nahum han vivido otros mejores.

Dejando al margen que han podido volar en primera clase por primera vez, recordaba bromeando, «hemos sentido el calor de muchísimas personas», aseguró el chico, que, en este punto, y preguntado por el interés del Gobierno de España en relación al caso de Cristian, recalcó la implicación del cónsul de España en Indonesia, Carlos Entrena. «Me ha ayudado en todo lo que le he pedido, me ha preguntado todos los días por Cristian y me consta que ha estado en contacto permanente con los médicos del hospital e incluso ha presionado a la compañía aseguradora».

Detrás del agradecimiento al cónsul, un reguero de otros más a aquellas personas «que han aportado su granito de arena para que pudiéramos volver pronto a casa» porque, sin poder disponer de esa ayuda, «todo esto nos hubiera resultado mucho más difícil».

A Cristian muy especialmente. «Porque he visto con mis propios ojos que cuanta más gente se sumaba a la causa, más iba mejorando el estado de Cristian», aseguró Nahum, que no quiso abandonar el aeropuerto sin hacer una última petición. «Háganse todos donantes de médula», imploró el chico muy lúcido. «Si por cada euro que diéramos o por cada visita a una página de Facebook que hiciéramos hubiera un donante se salvarían muchas vidas».

Fotos

Vídeos