la curiosa afición de la médico de familia de renedo de piélagos

La cántabra Raquel Aldea Escudero ha customizado 900 maldelmans en los últimos once años

Aldea en la cocina de su domicilio, el 'taller' improvisado donde ha customizado 900 madelmans. / Foto: Daniel Pedriza | Vídeo: Pablo Bermúdez
ANA DEL CASTILLOSantander

«Con las cosas más inverosímiles puedes hacer cualquier objeto. Solo hay que cortar, pegar y ver el resultado». Con esa confianza, la médico cántabra Raquel Aldea Escudero te hace de la cápsula amarilla del Huevo Kinder un lanzallamas alemán de la II Guerra Mundial. En miniatura, pero clavado al original.

Hace once años, Aldea comenzó una afición muy concreta: customizar los muñecos Madelman que por aquella época comercializaba su marido, Ángel Garrido. Desde entonces han pasado por sus manos multitud de maniquíes articulados a los que ha dado una doble vida. A unos los convirtió en tercios combatientes en el campo de batalla, en Tintín o en el Capitán Haddok y a otros, en cowboys del Viejo Oeste. Hoy, tiene una colección privada de 900 madelmans que alberga como quien guarda el Santo Grial.

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Una 'friki' -ciñéndose a la definición de la RAE de 'persona que practica desmesuradamente una afición'- que dedica entre tres y cuatro horas diarias a customizar estos pequeños hombres. «Lo más importante es que le ha ayudado mucho a superar el estrés profesional. Para eso sirve un hobbie», señala su marido. Aldea, que es médico de familia en Renedo de Piélagos, comenzó con ese objetivo: liberar la tensión acumulada durante su jornada laboral. Lo que ocurre es que, con el paso del tiempo, le cogió gusto y ahora es toda una profesional. E incluso se vuelve crítica cuando tiene que echar la vista atrás y recordar sus primeras customizaciones. «A veces, los fallos no se ven, pero yo sé que están ahí», dice haciendo un repaso a su evolución.

Daniel Pedriza

Posado sobre la mesa de su cocina -al lado de la máquina de coser- está Eduardo Manostijeras. Es una auténtica obra de arte. Al igual que el personaje de Tim Burton, el madelman está enfundado en un traje de cuero negro con hebillas plateadas, cicatrices en la cara y tijeras en sus dedos. Bueno, en realidad son pinzas de peluquería. «Este personaje lo disfruté un montón porque es muy creativo. Hice el traje, con todas sus tachuelas, el arbusto es un maniquí flocado (con injertos) y después se me planteó la duda de cómo hacer las tijeras. Como utilizo lo que más tengo a mano, las hice con las pinzas metálicas con las que se sujetan los rulos en la cabeza. Son escalas muy pequeñas y a veces lo que necesitas para la figura no lo encuentras comercialmente», explica.

Las cinco Fridas

El proceso creativo parte de la imagen que se cruza en el camino de Aldea. La última película de Disney, una exposición de arte, un documental... Cualquier personaje puede ser 'madelmaneado'. «Una vez que tienes la idea, eliges el maniquí. Empiezas a cambiar la cabeza, con moldes de resina, y después el trabajo se centra en la pintura y realización del pelo», explica la médico cántabra.

Daniel Pedriza

Frida Kahlo protagoniza su última colección. Tuvo que documentarse a fondo para mostrar una figura fidedigna de la artista mexicana y de su particular guardarropa, con un estilo que ha inspirado durante años a grandes diseñadores. El resultado fue tan vistoso y colorido que terminó haciendo cinco 'Fridas' diferentes. Sin embargo, con Karlos Arguiñano lo tuvo más claro. «Le dí ese punto de diferencia que tiene respecto a otros personajes. Calcetines particulares, zuecos, pantalones, sombrero...».

Su oficio le facilita el trabajo en casa. Aldea emplea herramientas de uso sanitario para perfeccionar sus pequeñas obras maestras, como la pelliza y el dolmán de uno de sus guerreros samuráis. «Utilicé una jeringa de insulina con pegamento especial. Hay que hacerlo con mucho cuidado porque es un espacio muy pequeño», explica. Por no mencionar al escanciador de sidra. Esta 'manitas' recreó hasta la espuma que nace al aterrizar el zumo ambarino en el vaso.

No están en venta

Su dedicación no busca recompensa, salvo la suya propia. «A veces acepto algún encargo puntual, pero esto no lo hago por venderlo. Me cuesta muchísimo ponerle precio. No se valora el trabajo que hay detrás de esa figura. Así que no me compensa», explica.

Su marido también es coleccionista. Tiene 300 juguetes antiguos, que precisamente forman parte de la exposición 'Los juguetes de papá y mamá', ubicada en la Plaza de Alfonso XIII hasta el 5 de enero. Ojo, Raquel tiene 100 barbies, «me encantan pero no es trabajo, es dinero invertido».

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