La desigualdad sienta cátedra

La Universidad de Cantabria es el cuarto campus público español con peores índices de igualdad de toda España. /Celedonio Martínez
La Universidad de Cantabria es el cuarto campus público español con peores índices de igualdad de toda España. / Celedonio Martínez
Cantabria

La institución cántabra arroja una de las tasas más bajas de España, donde los campus públicos promedian un 21% | Sólo el 11,95% de los catedráticos de la Universidad de Cantabria son mujeres

NACHO GONZÁLEZ UCELAY SANTANDER.

La Universidad de Cantabria ha obtenido una de las peores notas en el examen de igualdad al que el periódico El Mundo ha sometido a los cuerpos de catedráticos de los campus públicos españoles, ejercicio que deja una calificación muy baja en su conjunto -sólo un 21% de los catedráticos españoles son mujeres- y que coloca en una posición todavía peor a la institución académica cántabra, donde ese porcentaje medio se desploma al 11,95%.

Según este informe, en las universidades públicas españolas hay una media de una catedrática por cada cinco catedráticos.

Los mejores índices de igualdad en este segmento en concreto salen de la Universidad de Burgos (33,3%), de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (30,5%), de la Universidad Rovira i Virgili (28,8%) y de la Universidad Complutense de Madrid (27,5%).

Los peores surgen de la Universidad de Huelva (6,7%), de la Universidad Politécnica de Cataluña (8,3%), de la Universidad Politécnica de Cartagena (10,8%) y, cuarta por la cola, de la Universidad de Cantabria, que con ese pírrico 11,95% apenas tiene para decir que cuenta entre su cuerpo de catedráticos con una mujer por cada siete hombres.

«Estamos introduciendo medidas correctoras para revertir estas cifrasde aquí a diez años» Ernesto Anabitarte, Vicerrector de Profesorado

Nada sorprendida por los resultados de ese examen, la directora del Área de Igualdad, Conciliación y Responsabilidad Social de la UC, Montserrat Cabré, piensa que detrás de ese paupérrimo porcentaje, que no habla nada bien de los métodos de igualdad que se aplican en el territorio universitario regional, se ocultan tres razones.

La primera, el envejecimiento de la plantillas en los centros más asentados del campus.

«Esas plantillas -explica Cabré- se configuraron estructuralmente en unos determinados contextos en los que la universidad y la sociedad española no desarrollaban políticas activas de igualdad».

La segunda, la singular estructura de la Universidad de Cantabria, donde, según el Área de Igualdad, «tienen una mayor presencia áreas tradicionalmente masculinizadas, como pueden serlo las ingenierías, y un menor peso áreas feminizadas, como las filologías, las sanitarias y las humanidades».

Si bien este rasgo está invirtiendo su tendencia en la última década, «aún no ha llegado a afectar de forma sustancial a los niveles más altos del sector de personal docente e investigador», matiza.

En la tercera, Cabré se refiere a «los fenómenos estructurales como la desigual afección de la maternidad y paternidad» que dilata las carreras de muchas mujeres.

En este sentido, la Universidad «está desarrollando actualmente medidas de conciliación más activas y un plan de igualdad para tratar de avanzar en la consecución de resultados más justos en estos terrenos», asegura Montserrat Cabré, que, con todo, no oculta la preocupación de su departamento a la vista de estas cifras.

«Hemos empezado a actuar para priorizar la promoción de las mujeres en igualdad de méritos» Montserrat Cabré, Directora del Área de Igualdad

«Hemos empezado a tomar medidas para priorizar la promoción de las mujeres en igualdad de méritos. Las cifras resultantes de las convocatorias de cátedra en curso en la última oferta pública de empleo y de las esperables en los próximos años nos mostrarán, seguro, algún cambio en esta enorme desproporción, tanto por los cambios estructurales que intervienen en las dos primeros causas como por las acciones que se están desarrollando y que afectan a esta tercera».

Embarazada

Hasta que esas medidas cristalicen, la figura de la mujer seguirá siendo una 'rara avis' en el cuerpo de catedráticos de la Universidad de Cantabria, donde la presencia masculina es verdaderamente aplastante. De los 159 miembros que lo forman, 140 son hombres y 19 son mujeres. Es decir, que por cada catedrática hay siete catedráticos.

«Me deja muy sorprendida, porque, si le digo la verdad, yo no percibo la Universidad de Cantabria como una institución que desincentive la promoción de las mujeres o que sea particularmente machista», dice María Amor Hurlé, catedrática del departamento de Fisiología y Farmacología y una de esas 19 rarezas del campus.

Su ejemplo es la mejor demostración de que, en efecto, la maternidad es una rémora a la hora de competir con un hombre por un puesto de responsabilidad.

«Me saqué la plaza de profesora titular embarazada de nueve meses» María Amor Hurlé, Catedrática de Fisiología

«Saqué la plaza de profesora titular embarazada de nueve meses, así que si me coincidía un congreso dejaba a mi hijo al cuidado de las enfermeras de la Residencia Cantabria, me iba al congreso y cada tres horas salía para darle el pecho y volvía», cuenta Hurlé, para quien la conciliación ha supuesto un problema. «Por lo menos en mi generación, las responsabilidades familiares recaían casi siempre en las mujeres, la mayoría de ellas abocadas a tener que elegir», dice.

«Nos tomamos muy en serio este asunto»

El actual vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Cantabria, Ernesto Anabitarte, que reconoce que los datos hechos públicos «constatan un hecho objetivo», asegura que el equipo directivo lleva un año trabajando a fondo en un plan de igualdad.

Mediante ese conducto, afirma, «estamos introduciendo las medidas correctoras precisas para tratar de revertir esta situación en un plazo de diez años». Una de ellas, explicó Anabitarte, viene ya reflejada en la oferta de empleo público de 2016 y 2017, «en la que se establecen crite-rios de discriminación positiva, sin que ello signifique que nadie vaya a acceder por ser mujer». Ello velando por la igualdad, que en la Universidad de Cantabria «nos tomamos muy en serio».

Con todo, la doctora, que reprocha al conjunto de los hombres «la escasa ayuda prestada a esa vida de responsabilidades familiares», confía en que las medidas aplicadas «surtirán efecto y ayudarán a recortar esa desventaja», aunque advierte de que ningún plan de igualdad será suficiente si, al mismo tiempo, no cambian algunas otras actitudes. «La carrera universitaria se ha convertido en una carrera de obstáculos en la que estamos seleccionando a unas mujeres extraordinariamente competitivas y agresivas. Y a mi modo de ver eso no es bueno. Más que masculinizar a las mujeres, habría que feminizar a los hombres», concluye.

«Yo, a diferencia de otras compañeras, no llego a casa a las siete y me pongo a cuidar niños»» Margarita Serna, Catedrática de Derecho Privado

Cargas familiares

Aunque no es su caso, porque ella se casó con un profesor universitario pero el matrimonio no ha tenido descendencia, Margarita Serna, catedrática del departamento de Derecho Privado, también cree que las altas responsabilidades familiares, y la mayor tendencia de las mujeres a hacerse cargo de ellas, han supuesto una importante cortapisa en la progresión de ellas hacia los altos puestos universitarios.

«A mi modo de ver, estas cifras se deben a la confluencia de varias causas atribuibles a distintos sujetos». A saber, a la propia estructura de la Universidad, a sus compañeros varones y a ellas mismas.

«Las medidas para la igualdad se han adoptado en otros ámbitos antes que en el universitario, donde no han empezado a aplicarse hasta que alguien se dio cuenta de que no existían y había que incorporarlas», explica Serna, que, por otro lado, reprueba a aquellos colegas varones «que se piensan que las obligaciones familiares impiden a la mujer acceder a este tipo de altos cargos» y a aquellas de su propio género «que dicen 'no' a un puesto de responsabilidad precisamente por razones familiares».

Serna, que recuerda que a diferencia de otras de sus compañeras, «yo no llego a casa a las siete y me tengo que poner a cuidar niños», lo cual le ha permitido concentrarse exclusivamente en su carrera, confía, como Hurlé, en que las políticas de igualdad ya en marcha «darán sus frutos».

«Entraba a las ocho de la mañana y salía a las once de la noche; sólo paraba para comer» Cristina Pérez, Catedrática de Matemáticas

Lo mismo que Cristina Pérez, catedrática del departamento de Matemáticas hasta la semana pasada. Acaba de colgar la toga con los honores de haber sido la primera mujer catedrática de esa especialidad en la Universidad de Cantabria, logro obtenido con un enorme sacrificio personal y familiar.

«Entraba a las ocho de la mañana y salía a las once de la noche parando únicamente para comer», recuerda de aquel entonces Pérez, que apenas tenía tiempo para su novio. «Porque era físico y entendía mi situación... Si no...» a la matemática se le hubiera hecho cuesta arriba. «A las mujeres, por lo general, nos resulta mucho más difícil compatibilizar las responsabilidades familiares con el esfuerzo que supone alcanzar los méritos necesarios para ser catedrático».

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