Diciembre salvó un año de sequía

Aspecto del Pantano del Ebro el pasado mes de octubre, en el entorno de la localidad de Horna/Javier Cotera
Aspecto del Pantano del Ebro el pasado mes de octubre, en el entorno de la localidad de Horna / Javier Cotera
María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

Cantabria ha dejado atrás un año negro por la escasez de agua, que ha sido especialmente grave en la zona del Ebro, Campoo y Liébana, con un 45% de déficit en sus reservas. Las condiciones meteorológicas no fueron favorables, con un invierno seco y cálido en el que se instaló un frente siberiano que arrojó temperaturas incompatibles con la nieve, tan necesaria para los acuíferos.

Además, el año que ha acabado registró el sexto mes de abril más seco desde 1971 y el tercer mayo más caluroso. En primavera, la situación llegó a poner «muy nerviosos» a los expertos de Aemet y a todos los que viven del campo. En verano, la nefasta situación se agudizó «al no caer ni una gota en el interior de Cantabria del 1 de junio al 25 de agosto».

El cambio de tendencia llegó con las primeras nieves de noviembre y diciembre, que mejoraron las reservas. «No estamos en la normalidad, pero sí recuperándonos y hay buenas perspectivas en los próximos meses», señaló José Luis Arteche, delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología, que insistió en que la región arrastraba una sequía desde el verano de 2016 con un déficit del 8% y que la situación es «de contrastes» entre las distintas zonas.

El balance anual de Aemet destaca la temperatura de diciembre de 2016, enero y febrero de 2017. «Un enero muy frío y húmero, pero sin nieves, lo que nos ha hecho pagar la sequía posterior».

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Marzo fue un mes cálido y seco, en el que el balance hidrológico sitúa las reservas de agua en negativo, en el 28%, sobre todo en la zona costera. En mayo, una baja térmica trajo valores altos en toda la región. En concreto, el 25 de mayo, Ramales y Cabuérniga registraron 35 grados, la máxima de la provincia.

El verano dejó precipitaciones débiles en la costa y nada en el interior. Un total de 46 días de lluvia en la franja litoral, algo más que la media establecida en 12 días al mes. «Esta lluvia ligera enmascaró la sequía, al recuperarse parte del verdor de los prados y darse bien la cosecha de maíz», explica Arteche. Pero era algo superficial, el problema seguía latente.

El 21 de junio se registró una máxima en Ramales de 37,3 grados y 38 grados en Terán de Cabuérniga, «una fecha muy temprana para tener ola de calor». En estas fechas estivales, el observatorio de Liébana registró un déficit del 44% en sus reservas, Valderredible un 34% y Santander se mantuvo en un 25%.

La llegada del otoño rompe un poco la racha, al traer nieve en noviembre. Pero octubre fue caluroso y seco. El resultado fue una ligera mejoría en la costa, pero la situación se agravó en Mataporquera y Tama, con un 46% y un 44% de déficit respectivamente.

En diciembre llegó el cambio de tendencia, al traer un clima muy húmedo y frío. «Con la nieve y la lluvia hemos invertido la tendencia con nevadas en la zona de Matamorosa, donde hace mucha falta». Dos estaciones marcaron récord de acumulación de lluvia en los últimos 40 años. Terán de Cabuérniga, donde se recogieron 272 litros por metro cuadrado y Tama, con 172 litros.

La situación actual es de superávit del 15% en las reservas de agua en la costa; Liébana se recupera, con más lluvia del promedio de otros diciembres; y Campoo sigue necesitada, con un déficit del 37% en la localidad de Castillo, Valderredible.

La Aemet nacional informó por su parte de que 2018 ha comenzado con lluvias por encima de lo normal (datos hasta el 11 de enero). Destaca «los 100 litros por metro cuadrado que se han superado en puntos aislados de Pontevedra y La Coruña, en áreas de Cantabria y al norte de Guipúzcoa y Navarra».

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