Doctorados en resignación

Atascos en el Paseo Pereda de Santander provocados por las obras del Centro Botín
Atascos en el Paseo Pereda de Santander provocados por las obras del Centro Botín / Luis Palomeque

La entrada por Vizcaya y el cruce de autovías de Torrelavega concentran los atascos que sufren miles de conductores

ABEL VERANO/ DANIEL MARTÍNEZ

Entrar a Cantabria desde Vizcaya por la autovía A-8 una tarde de viernes de verano puede convertirse en una tarea casi imposible. Lo comprobaron los conductores que hace una semana tuvieron que soportar hasta 20 kilómetros de atascos desde las 17.00 horas y prácticamente hasta que cayó la noche. «La causa única y exclusiva es la acumulación de vehículos», señala el director de la Dirección General de Tráfico en Cantabria, José Miguel Tolosa, quien descarta que otras circunstancias a las que apuntan los usuarios como los radares o la reducción de los límites de velocidad en algunos tramos tengan culpa alguna.

El máximo responsable de la DGT en la región, al que ese día también le pillaron las retenciones, lo primero que hizo el lunes siguiente al llegar a la oficina fue mirar los índices de intensidad de la circulación. A las cuatro de la tarde estaban pasando 3.700 vehículos por hora por el punto kilométrico 144, a la altura de Castro Urdiales. Una cifra que permaneció prácticamente fija durante toda la tarde y que volvió a repetirse el domingo. «Son parecidas a las de todos los fines de semana de verano y están a la altura de las autovías de las grandes ciudades», detalla. Este año, el número de usuarios en la A-8 ha crecido un 5% y la tendencia al alza –con excepción del periodo de la crisis– es constante desde hace años.

La DGT explica que se trata de retenciones con «movimientos de acordeón» –arrancar y parar cada poco tiempo– que suelen generar pequeños golpes por contacto a causa del nerviosismo, lo que provoca que esos atascos se acentúen aún más. En cuanto a los radares, Tolosa no sólo piensa que no son un problema, sino que ayudan a homogeneizar la velocidad. «La prueba es que hay problemas antes, pero también después de estos dispositivos», razona. Los técnicos de Tráfico tienen comprobado que, a la vuelta, la meteorología es un factor clave. Los días de mal tiempo los conductores no alargan tanto su estancia en Cantabria y el regreso es más escalonado.

Soluciones

Tanto los usuarios habituales de la autovía como la DGT consideran que la mejor solución para acabar con el colapso de la vía en los momentos más críticos es la construcción de un tercer carril entre Laredo y la entrada a Vizcaya. El proyecto, una de las demandas históricas de la zona oriental de Cantabria, está ya entre los planes del Ministerio de Fomento –todavía en fase de elaboración–, pero no será una realidad a corto plazo. «Hoy por hoy, es la única medida posible, pero cuando se ponga en marcha, con esta frecuencia de circulación, habrá momentos que seguirá habiendo atascos. Ni con cuatro carriles se solucionaría», señala Tolosa. El principal temor es la repercusión negativa que puedan tener las futuras obras de esta ampliación de la carretera. Un nuevo obstáculo antes del alivio casi definitivo.

La otra solución que proponen algunos conductores, que se habilite un carril reversible los viernes y domingos por la tarde, está prácticamente descartada. Hace casi una década ya se puso en marcha una experiencia piloto de este tipo en la A-8 durante varios fines de semana de verano y los resultados fueron negativos. La mayoría de los usuarios no lo utilizaba y muchos de los que sí entraban, después tenían problemas para volver a su lado de la carretera y abandonar la autovía en la salida que necesitaban. A ello se suma que empezaban a aparecer retenciones en el sentido contrario. Los cántabros y asturianos que entraban por Vizcaya sólo tenían un carril y en ocasiones era insuficiente.

Lo que sí está dando resultados positivos –según Tráfico– es la prohibición de circular a vehículos de más de 7.500 kilos para no ralentizar el ritmo. Hasta ahora, no podían utilizar la A-8 los domingos por la tarde. La novedad introducida este año es que, en fechas concretas, como las de la operación salida y regreso, tampoco podrán hacerlo los viernes por la tarde ni los sábado por la mañana. Y también la mayor presencia de la Guardia Civil y la señalización en los paneles para que «no pille de sorpresa y el enfado sea mayor».

Retenciones en Torrelavega

El otro punto cántabro del que suelen hablar los locutores de radio en los boletines informativos de tráfico es Torrelavega. Ocurre prácticamente lo mismo que a la altura de Castro Urdiales. Aquí, más que el gran volumen de vehículos, que también, el problema es que hay un tramo de cerca de un kilómetro en el que la autovía del Cantábrico (A-8) y la de La Meseta (A-67) comparten trazado. Los viernes por la tarde, los conductores que vuelven a casa desde Madrid se juntan con los turistas castellanos en busca de un fin de semana de playa y ven como, hasta que no pasan el túnel o cogen el tramo Torrelavega-Solares, no recuperan la velocidad normal. Cuando regresan hacia el interior, ya el domingo, les pasa lo mismo.

«Hemos observado que aquí los atascos se producen un poco más tarde que en el límite con Vizcaya. Alrededor de las seis de la tarde de los viernes. El motivo es simple: el origen de su viaje está más lejos y tardan más en llegar», detalla Tolosa. Hasta que se construya la variante de Sierrapando que separará ambas autovías, hay pocas soluciones. «Paciencia y sangre fría»por parte de los que sufren las retenciones, auténticos doctorados en resignación.

Mateo Sainz de la Maza | Línea Bilbao-Santander «Los últimos atascos en la A-8 se deben a los radares»

Si hay alguien que conoce muy bien la autovía A-8 y ha sufrido numerosos atascos ese es Mateo Sainz de la Maza. Este conductor de autobuses de la empresa Alsa, residente en Ampuero, lleva 35 años transportando pasajeros a diferentes destinos, todos ellos con salida o llegada a Bilbao. «La principal causa de los atascos son los choques entre vehículos. Eso es lo que provoca las retenciones. Porque cuando hay salidas o entradas masivas al País Vasco la circulación es lenta, pero al final llegas al destino, aunque sea con algo de retraso».

Este veterano conductor, de 57 años, cree que los últimos atascos producidos en la A-8 se deben a los radares. «La gente mayor pisa demasiado el freno y circulan a 50 o 60 kilómetros por hora, lo que hace disminuir la velocidad del resto».

En su día a día, Mateo ve como muchos pasajeros no entienden el retraso que sufren algunos autobuses. «Hay que resignarse. Mucha gente opta por desviarse por la carretera nacional, pero al final se generan más retenciones por los semáforos y los pasos de cebra. Lo único que podría paliar el problema es el tercer carril».

Fernando Ayllón | Vecino de Bilbao «La solución es habilitar el tercer carril hacia Vizcaya»

Cada fin de semana miles de vecinos del País Vasco cogen el coche con destino a Cantabria, donde tienen su segunda residencia. Todos ellos son los principales afectados por las retenciones. Fernando Ayllón es uno de ellos. Residente en Bilbao desde hace 48 años, viaja hasta Ramales, su pueblo natal, todos los fines de semana del año. Dice que los viernes, a partir de las 19.00 horas, es el peor momento para coger el coche con destino a Cantabria. Por eso, opta por tomar las carreteras secundarias. En su caso es más fácil porque vive en Ramales y puede usar la nacional que transcurre por Carranza. El problema, según señala, lo sufren los que tienen su vivienda en Laredo, Noja o Isla. «La solución es habilitar un tercer carril en todo el tramo, no sólo en las subidas como está ahora».

Fernando también cree que la limitación de velocidad de los radares a 80 km/h provoca retenciones. Por eso defiende que habría que elevar hasta los 100 km/h la velocidad del trayecto entre Castro y Vizcaya. Este vecino de Bilbao de 68 años dice que cada vez que viene a Cantabria se informa del tráfico a través de la radio.

Sergio Santamaría | Camionero cántabro «El problema es que hay demasiados vehículos»

Sergio Santamaría es otro de los que conoce de sobra lo que es toparse con una retención de camino al País Vasco o en sentido contrario. Trabaja desde hace 16 años como transportista y ya está «acostumbrado a ello». En la actualidad se dedica a transportar productos a los supermercados y trabaja de tarde hasta la madrugada, incluidos los domingos. Aunque evita los desplazamientos a primera hora, asegura que por la tarde también se encuentra alguna retención, sobre todo los domingos. «La circulación se complica en verano. El problema que veo es que hay demasiados vehículos».

A diferencia de otros conductores, Sergio cree que habilitar un tercer carril no es la solución. «Habría que crear una carretera nueva». Lo que sí cree que podría facilitar la circulación en caso de accidente es la puesta en marcha de un carril reversible. «Porque si coges la carretera nacional al final acabas atascado también».

Sergio no entiende cómo se producen tantos accidentes en el tramo de la A-8 comprendido entre Castro y Vizcaya. «No sé si es por el firme o por los despistes, no lo entiendo».

Guillermo Gómez | Vecino de Castro «Si trabajas en Bilbao sufres retenciones casi cada día»

Los que como Guillermo Gómez cogen la A-8 cada día por motivos laborales saben que las retenciones no son sólo cosa de los fines de semana. «Las sufrimos casi cada día», señala. En este caso, los atascos se producen por la gran cantidad de trabajadores que circulan hacia Bilbao a primera hora del día. Los que salen de la zona oriental de Cantabria y los que se incorporan a la autovía de los pueblos vizcaínos. «La gente piensa que sólo hay problemas los viernes y los domingos, pero no», afirma.

Entre las 7.40 y las 8.00 es la peor hora. Mucha gente entra a las ocho y media y «por eso pasa lo que pasa». Tiene que salir de su casa en Castro Urdiales una hora antes. «A la vuelta, el mismo camino lo hago en 30 minutos. Esa es la mejor prueba», detalla. Ahora, en verano, la carretera está más tranquila a esa hora. A estos afectados, en la mayoría de las ocasiones las colas no les pillan ya en territorio cántabro, sino justo después de pasar el límite del País Vasco. En cambio, tiene conocidos que hacen el camino contrario, de Bilbao a Cantabria, y ellos no se encuentran con problemas.

«Desde la Meseta sólo hay problemas en Torrelavega»

Los cántabros que como Antonio de Ceballos residen en Madrid por motivos laborales y vuelven a casa de forma periódica relativizan el problema de los atascos en la entrada a Torrelavega. «Es verdad que solemos encontrar retenciones cuando venimos un viernes por la tarde a la altura del túnel de Las Carmencitas –en Sierrapando– porque ahí te juntas con la A-8 y sólo tienes un carril, pero el resto del camino es muy tranquilo. Nada comparado con la capital», destaca. Aunque esta autovía que utilizan miles de castellanos y madrileños deseosos de playa tenga margen de mejora, todavía recuerda cuando para llegar a la región desde la Meseta había que atravesar Las Hoces. En su caso, solía optar por el puerto de El Escudo. «Se ha ganado en rapidez y seguridad, pero también se han reducido los atascos. Aquellas carreteras estaban siempre en obras. El problema era mucho mayor», recuerda.

En sus estancias en Cantabria frecuenta las playas de Suances. «Ahí sí que hay atascos. La solución es coger la alternativa por Santillana del Mar y Camplengo, que está muy bien y mucha gente no conoce», cuenta.

«Será clave la construcción de la variante de la A-67»

Si los conductores de autobús que transportan viajeros entre Bilbao y Santander están acostumbrados a los atascos, los de la línea que une Torrelavega con la capital también. Lo confirma José Antonio Hernández:«Los domingos por la tarde en verano son algo totalmente habitual». Explica que la hora crítica suele ser las 17.30 horas, pero el tiempo es un factor determinante. Por eso, cuando hace bueno, lo normal es que las retenciones comiencen algo más tarde. «La gente quiere apurar más el día. Con lluvia o si está nublado la salida es más escalonada», detalla. Y en invierno, total tranquilidad.

Hernández tiene comprobado que el punto conflictivo es la entrada a Torrelavega. Allí, la autovía se divide y se queda sólo un carril para los que van hacia Oviedo y otro para los que encaran la Meseta. «La mayoría son turistas madrileños o de Castilla y León, así que el de la Meseta se colapsa. No es suficiente. La variante de la A-67 será clave», sentencia. Mientras tanto, le toca calmar a los pasajeros y explicar que «no queda otra que esperar».

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