Un tercio de los ayuntamientos cántabros necesita un pacto para nombrar a su alcalde

Íñigo de la Serna, ayer por la noche.
Íñigo de la Serna, ayer por la noche. / Andrés Fernández
  • PP, PRC y PSOE encaran una compleja negociación en más de una treintena de localidades donde su lista ha ganado, pero sin margen suficiente para gobernar solos

Si se pudiera extraer una opinión colectiva de cuanto dicen las urnas, el mandato que habrían enviado los cántabros a quienes pretenden administrar sus leyes y su dinero en la región hasta 2019 es que dialoguen, en lugar de tirarse los trastos a la cabeza. Hasta 37 de los 102 municipios de la comunidad necesitan un pacto de cualquier tipo, de investidura o de gobierno, para sacar adelante un alcalde. En proporción, son uno de cada tres, o un 36%.

El PP fue la lista más votada en 58 ayuntamientos, pero únicamente en 34 disfruta de mayoría suficiente para navegar solo, caso de Potes. Le quedan otros 24 por negociar, y de enjundia: Bezana, Piélagos, San Vicente, El Astillero, Camargo o Santander (si el escrutinio final, paralizado ahora al 92%, no altera el reparto que deja a Íñigo de la Serna compuesto pero sin novia). En Los Corrales, el Partido Popular incluso podría quedarse sin bastón de mando aun encabezando el recuento de anoche.

Al PRC, que venció en 29 localidades, le faltan votos para aupar a su candidato como regidor en seis, Comillas y Reinosa entre ellos.

Los socialistas tienen tantas mayorías simples (Laredo) como absolutas (Colindres), seis en ambos casos. En Noja, quedando terceros en respaldo popular, son sin embargo los que moverán la balanza de poder. Por último, en dos municipios han vencido con rotundidad candidaturas independientes, por uno (Castro Urdiales) donde deberán coaligarse de algún modo.

La propaganda deja pues paso a la diplomacia, que tradicionalmente ha sido más propicia en el ámbito local que en el autonómico. Sin embargo, la posibilidad de un cuatrienio donde la palabra moción de censura ocupe los titulares día sí y día también sobrevuela este escenario. Torrelavega, que ya cambió de alcalde en el mandato que ahora expira al rebelarse al alimón su oposición, va a necesitar casi una intervención de la ONU para amigar alguna coalición entre seis formaciones donde las diferencias y afinidades superan el ámbito de las siglas. Y lo mismo, en Cabezón de la Sal.

Paradójicamente, la incertidumbre de muchas de estas localidades choca con la claridad que anoche pareció despejarse en el Parlamento. Ignacio Diego, antes incluso de conocer el 100% del escrutinio, se salió del posible tablero de juego, mientras que Miguel Ángel Revilla lo ocupaba de inmediato y casi repartía ya consejerías con el PSOE. No obstante, también en la casa autonómica necesitarán escuchar a Podemos y Ciudadanos, noveles en este juego, pero con el peso suficiente como para derribar o enrocar fichas y proyectos. Se avecinan cuatro años entretenidos, en cualquier caso.