‘La Encina’ de 4,7 millones de euros

La casa más cara de Cantabria, según el ranking de Idealista, se ubica en Pérez Galdós

'La Encina' se sitúa en la calle Pérez Galdós de Santander.
'La Encina' se sitúa en la calle Pérez Galdós de Santander. / R. Ruiz/Sane/J. Rosendo
ANA DEL CASTILLOSantander

Quién le iba a decir a doña Manolita que, 34 años después, su casa -a la que bautizó como ‘La Encina’ en homenaje al árbol que tenía su abuelo en la finca familiar de San Felices de Buelna- iba a multiplicar por 26 su valor. Según el ranking de las viviendas más exclusivas de España elaborado por el portal inmobiliario Idealista, la suya es la casa más cara de Cantabria con un precio de venta de 4,7 millones de euros. Otra cosa muy distinta es que sea el precio objetivo de mercado, ya que estuvo en venta durante un año a menor cantidad, y no encontró comprador, en la agencia cántabra Mikeli, destinada a la venta de viviendas de lujo, y que acaba de vender el piso de Carmen Martínez-Bordiú, en la avenida Manuel García Lago, por dos millones de euros.

‘La Encina’ se ubica en la avenida Pérez Galdós. Tiene más de 600 metros cuadrados, piscina climatizada, sauna, gimnasio y en su porche huele a mar. Y a salitre. Por el «exclusivo chalet individual», tal y como describen en el portal inmobiliario ideapisos.com, han pasado al menos tres propietarios. «Mi hermana se lo vendió a un ingeniero que vino de Burgos y éste a su vez a un empresario vasco amenazado por ETA que quiso traer aquí a la familia», cuenta la hermana de Manolita, Ana María Gutiérrez, que también vivió en la casa durante cinco años. «Oí decir que habían hecho mucha obra en la casa de los guardeses para hacer una piscina cubierta», explica.

Por ese valor, -más de cuatro millones y medio de euros-, uno imagina que en su interior no falta una cocina equipada con la tecnología más puntera, muebles de diseño vanguardista, parking robotizado o cuantas cosas seamos capaces de idear. Pero nada más lejos de la realidad. La vivienda conserva un llamativo estilo rococó, con paredes de papel, alfombra persa sobre peldaños de madera y recargados dormitorios, propios del Palacio de la Magdalena.

En el segundo lugar del ranking se encuentra el chalet que fue del cántabro Alfredo Valdés, en la calle Santos Mártires de Noja (cerca de la playa de Ris), y que ahora tienen en herencia sus siete hijos. Piden 4.200.000 euros, «pero lo que vale no es la casa, que aún así es preciosa, construida de piedra y mármol, sino la finca para urbanizar que la rodea. Ya no quedan terrenos como éste. Se pueden hacer apartamentos pegados a la playa», explica a este periódico un miembro de la familia. La vivienda se construyó hace 60 años y lleva en venta cuatro. No encuentra comprador. «Un particular no la va a adquirir, tiene que ser una constructora. Hemos atravesado una mala crisis, a ver si ahora sale algún comprador».

Chalet y finca en Noja. 4,2 millones. / R. Ruiz/Sane/J. Rosendo

Valdés, según cuenta la familia, fue quien descubrió las algas para el tratamiento de agar agar (algas marinas indicadas para la higiene intestinal) en farmacia. «Era un fuera de serie, el primero que hizo cultivos marinos en Tina Menor. Muy adelantado a su época. Su casa también lo era».

El tercer puesto lo ocupa un majestuoso conjunto palaciego formado por la vivienda principal, capilla y edificios anejos en el barrio Las Cuevas de Roiz (Valdáliga). Se construyó en 1636 bajo la orden del indiano Juan Vélez de las Cuevas.

Palacio en Roiz. 3,9 millones. / R. Ruiz/Sane/J. Rosendo

Tiene nueve dormitorios, cuatro baños y «necesita restauración», aparece escrito en la explicación de la inmobiliaria Engel&Voelkers. Los propietarios, una familia cántabra de hermanos que heredó el conjunto, piden 3.995.000 euros y podría ser el lugar perfecto para montar un negocio de hostelería.

Prosigue la descripción: «Un jardín lineal flanqueado de árboles centenarios enmarca el camino de acceso al conjunto histórico residencial».

«Se vende finca urbanizable en el mejor sitio de Castro Urdiales», dice el anuncio del pareado que se sitúa en la cuarta posición del ranking. Se trata de otra herencia familiar. «Era de mis abuelos. Vivían en la casa -en la que ahora residen mis tíos- y en la parte de atrás tenían una conservera. Pero eso fue hace muchos años, yo no les llegué a conocer», dice al otro lado del teléfono Álex Zaballa, nieto de los primeros propietarios.

El valor de la vivienda y la antigua conservera, que se ubica en pleno centro del municipio, en la calle La Ronda, es de 3.870.000 euros. «Está situado en muy buen sitio, a 18 minutos de Bilbao y 35 de Santander, y puede levantarse un edificio de seis plantas con locales comerciales y garajes. O un Corte Inglés», cuenta Zaballa. La vivienda tiene 13 habitaciones y aunque siguen residiendo, «la parte de abajo está muy vieja».

Pareado en Castro Urdiales. 3,8 millones. / R. Ruiz/Sane/J. Rosendo

El palacio de Ricardo León

Y en el quinto lugar, un palacio. En concreto, el de Velarde, también conocido como el Palacio de las Arenas. Una muestra arquitectónica de transición del gótico al Renacimiento donde poder sentirte como un rey si desembolsa los 3.750.000 euros que piden por el recinto. La propiedad -único bastión señorial que resistía junto con la Casa Palacio de Torres Quevedo a la decadencia del señorío y los linajes de Santillana del Mar- cuenta con dos parcelas adyacentes: una rústica de 9.930 metros cuadrados y otra urbana de 541 metros cuadrados, «que van dentro del mismo precio», explican en idealista.com.

No es la primera vez que el anuncio circula por los portales inmobiliarios de Cantabria. En 2008, el propietario por aquel entonces, Francisco Guerra Pérez-Carral, médico de Torrelavega, decidió ponerlo en venta por nueve millones de euros (1.500 millones de pesetas). Desde que falleció en 2011, pertenece a sus seis hijos, fruto de tres matrimonios.

Palacio de Velarde. 3,7 millones. / R. Ruiz/Sane/J. Rosendo

El palacio se sitúa en la plaza de las Arenas, junto a la Colegiata de Santa Juliana. Se construyó a mediados del siglo XVI por Alonso Velarde (miembro de una notable familia de la época). Con los años, pasó a manos de María García de la Llata, que a su vez lo vendió por 15.000 pesetas al escritor catalán Ricardo León. El novelista no pudo afrontar la obra de rehabilitación por sus moderados ingresos. Cuentan que la villa cántabra inspiró a León para una de sus obras literarias más conocidas: Casta de Hidalgos. Los siguientes propietarios fueron los Duques de Parcent, que lo salvaron de la ruina, hasta que pasó a su yerno, el príncipe Hohenlhoe.

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