Españoles de corazón

Cinco pasiones. Son solo una muestra de los 470 alumnos extranjeros que este verano estudian el idioma de un país al que adoran por su paisaje, su forma de vida y su gastronomía

Collage de países. De izquierda a derecha, arriba, Elena Engel y Yanling Han. Debajo, Miho Matsumoto, Emmanuel Richard-Bréauté y Giulia Rizzo / María Gil Lastra
José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

A la inmensa mayoría de los alumnos extranjeros que durante este verano estudian español en la UIMP los mueve una motivación personal. «He venido siguiendo a mi novio, que también es de China, pero que desde hace un tiempo trabaja en Cantabria, en la fábrica de Bosh de Treto», explica Yanling Han (23 años), de Chongqing. Hay más ejemplos: «Nací en Chicago, en EEUU, pero cuando tenía 8 años mi familia se mudó a Valencia y estuve viviendo en España dos cursos y medio. Desde entonces vengo todos los veranos», explica Elena Engel (19 años) de la Universidad de Denver . Adoran la lengua y también la cultura de un país que admiran sobre todo por el paisaje, la gastronomía, y una forma de vida «mucho más tranquila, pacífica y campechana», coinciden.

«Santander es muy diferente a Chicago. Aquí puedo dar un paseo a las once de la noche sin temer que me pase algo» Elena Engel. EEUU

Para otros la excusa es profesional: «Soy abogada, y para mi profesión ya sé que será fundamental que me defienda bien en este idioma», remarca la italiana Giulia Rizzo (23 años), de Palermo. Incluso hay quien sencillamente quiere conocer mundo: «Me encantaría recorrer Latinoamérica. Es un continente con una cultura muy rica y allí es fundamental hablar bien español», detalla el francés Emmanuel Richard-Bréauté (18 años), de la Universidad de París-Descartes. Esa idea coincide con la de la japonesa Miho Matsumoto (21 años) de la Universidad de Seisen, cuando explica que «lo fundamental en el mundo de hoy es que las fronteras ya son muy difusas y tienes que aprender a manejarte allá donde vayas».

Su tiempo en Santander depende de la naturaleza de sus estudios. «Hay cursos de varios tipos, más intensivos y otros más extensos», detalla Teresa Rodríguez, directora de toda esa programación en el campus que la universidad tiene en Las Llamas, y que se mantiene activo durante todo el año. «Incluso ofertamos talleres de cultura española, de gastronomía, de cine, de danza, etc». Porque el planteamiento es arropar el conocimiento lingüístico con un acompañamiento cultural que ayude a comprender mejor el país y a su gente.

«En España la gente es más campechana, más alegre y feliz y es un rasgo cultural que envidio para China» Yanling Han. China

A las 13.30 horas de un viernes, el bullicio colma los pasillos de las aulas en Las Llamas. Los alumnos dan carpetazo a la vertiente más teórica del aprendizaje y comienzan con la práctica. Hacen excursiones, visitan la ciudad y aprenden los unos de los otros. Como ocurre cada año, es ahí, en la relación interpersonal, que se convierte en intercultural, donde alimentan su curiosidad.

«Es interesante conocer otras formas de hacer las cosas. Te das cuenta de que todos somos muy diferentes porque venimos de lugares distintos, pero en el fondo tenemos muchas más cosas en común de lo que creemos». La primera, las ganas de aprender español», explica Giulia Rizzo. «Hemos probado la gastronomía de muchos países diferentes y tengo que decir que todo el mundo adora la pasta italiana», cuenta. Para ella el espíritu festivo tan propio de los españoles no es una novedad. Al fin y al cabo es algo común a todos los pueblos mediterráneos;pero para otros el contraste es sorprendente.

«Estudio español porque quiero recorrer Latinoamérica. Me parece un lugar con un mosaico muy rico de culturas» Emmanuel Richard-Bréauté. Francia

Otra forma de vivir

«Aquí la gente es mucho más campechana, más alegre, más feliz. Allí, en China, todo parece estar mucho más estructurado, más medido. Por eso me gusta mucho este país», celebra Yanling Han. «Me encanta la fiesta. La que he podido vivir en Santander, donde la gente sale mucho, como la que he visto y vivido también en Pamplona con los Sanfermines. Aquello fue muy grande pero me ha encantado».

«Es bueno conocer gente de otras culturas porque te das cuenta de que tenemos muchas cosas en común» Giulia Rizzo. Italia

España tiene virtudes que no pasan desapercibidas. «Aquí es normal poder dar un paseo a las once de la noche sin miedo a que te atraquen o te disparen», explica la norteamericana Elena Engel. «Santander es una ciudad muy diferente a Chicago, no tiene nada que ver y para muchas cosas la prefiero». Sobre todo cuando va a la playa:«Me encanta», remarca. Y es ahí cuando entra en juego el deporte de moda, el surf.

«Me apasiona, cada vez que lo pruebo lo paso muy bien», matiza la china Yanling. «Desde que le quité el miedo lo paso muy bien y me parece que es una forma maravillosa de disfrutar del paisaje, de la naturaleza, de las playas estupendas que tiene Cantabria y de un clima que envidio para mi país. Porque en la zona de la que vengo podemos llegar a tener más de cuarenta grados en verano y es agotador. Aquí no necesitas aire acondicionado y es muy cómodo, perfecto», resume.

Los cursos de idioma se completan con talleres de danza, cine e incluso gastronomía española

Solo en verano, pasarán por Santander más de 470 estudiantes extranjeros para estudiar español. Yen un balance general de todo el año, probablemente superen los 1.000. «El campus de Las Llamas mantiene la programación de actividades y docente durante todo el curso. Y gracias al apoyo que tenemos del Instituto Cervantes cada vez hay más matriculados en el examen de español DELE e incluso la prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (CCSE), que se precisa para lograr la nacionalidad española», detalla la directora de los cursos, Teresa Rodríguez. «Nuestra oferta se distingue sobre todo por la calidad;y también porque entendemos que el conocimiento lingüístico debe ir acompañado del cultural, porque en el fondo son la misma cosa».

«Lo más difícil del castellano es el subjuntivo»

Tiene toda lógica que la alumna japonesa sea la que lidere el lamento: «Es muy complicado para mí entender las expresiones porque los sonidos son completamente diferentes a los de mi idioma, y los símbolos de escritura no tienen nada que ver», explica Miho Matsumoto. También existen dificultades comunes a todos los alumnos extranjeros. «Les cuesta comprender el verdadero sentido del subjuntivo, la pronunciación de la letra ‘r’ y por qué hay que diferenciar entre los verbos ‘ser’ y ‘estar’», resume la directora de los cursos, Teresa Rodríguez. «Lo bueno que tienen es que viven en una ciudad donde pueden tener una inmersión lingüística completa porque al ir por la calle solo escuchan gente hablando español».

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