Los expertos creen que las medidas para frenar a los kamikazes son suficientes

Una señal de tráfico en la salida de la A-8 a la altura de Beranga indica que el carril es de sentido contrario. /Roberto Ruiz
Una señal de tráfico en la salida de la A-8 a la altura de Beranga indica que el carril es de sentido contrario. / Roberto Ruiz

Dudan de la eficacia de los sistemas de barreras para impedir prácticas temerarias como la que causó la muerte de tres personas en la A-8 y recuerdan que no hay más casos que años atrás

DANIEL MARTÍNEZ SANTANDER.

Los expertos en seguridad vial reconocen que episodios como el que el pasado viernes conmocionó a toda Cantabria cuando un conductor, que entró en sentido contrario en la autovía A-8, chocó contra un turismo en el que viajaba una joven pareja con resultado de muerte para los tres implicados, producen un gran impacto en la sociedad, pero también que son casos muy puntuales y «bastante residuales» en relación a otras causas de fallecimiento en carretera. Por eso, dudan de que sea necesaria la puesta en marcha de nuevas medidas.

«El peligro que puede provocar un kamikaze es enorme, pero también hay que decir que hoy no hay más que hace años. Lo que ocurre es que es algo muy noticiable», señala Tomás Santa Cecilia, responsable del área de Seguridad Vial del Real Automóvil Club (RACE). Según la estadística judicial española, en 2016 -el último año analizado- se emitieron 101 sentencias condenatorias en todo el país contra personas que infringieron el artículo 381 del Código Penal, el que sanciona con hasta cinco años de cárcel a quien «con manifiesto desprecio por la vida de los demás» realiza una conducción temeraria. Fueron menos que en los cinco años anterior y una cifra sólo superior en la serie histórica a la de 2011, cuando hubo 78 condenas.

«Las mejores medidas son la concienciación para extremar la seguridad y una buena indicación» Tomás Santa Cecilia, dir. de Seguridad Vial del RACE

En el caso concreto de Cantabria, en 2014 y 2015 no hubo ninguna sentencia condenatoria, pero en 2016 la cifra ascendió hasta las cinco. Entre ellas no se encuentra la del hombre que provocó la muerte de otro conductor que se dirigía a su trabajo, tras impactar de frente contra él en la Autovía A-67 a la altura de Barreda en agosto de 2016. Tras comprobar que conducía bajo los efectos del alcohol, el pasado año un juzgado de la capital del Besaya decretó para él prisión provisional a la espera del juicio tras imputarle un delito de homicidio imprudente.

Mario Arnaldo, presidente de la Automovilistas Europeos Asociados (AEA), coincide con su compañero y pone sobre la mesa las tres causas más habituales en episodios como el del pasado viernes. «La mayoría de ellos son personas que están desorientadas porque han consumido alcohol o drogas o por otro tipo de circunstancias», señala Arnaldo, quien apunta a que el 80% de los hechos analizados responde a este perfil. Otro grupo incluye a los que buscan suicidarse y, por último, están «los que quieren vivir la experiencia». De hecho, el experto recuerda que este tipo penal se creó en 1989, cuando se puso de moda realizar apuestas y competiciones para ver quién era capaz de conducir más kilómetros en sentido contrario. Una práctica ahora extinta.

«El perfil habitual es el de una persona desorientada, casi siempre por consumo de sustancias prohibidas» Mario Arnaldo, automovilista europeos Asoc.

¿Qué hacer?

«La seguridad total no existe. Hay unos sistemas de barreras que se activan cuando detectan a un conductor entrando en dirección contraria, pero sería algo muy complejo y habría que ver la eficacia de la medida en relación con su coste», afirman desde AEA, donde también apuntan que, desde el punto de vista presupuestario, es muy difícil instalarlo en todos los puntos en los que un potencial kamikaze puede actuar. Porque según los datos, en cada diez kilómetros de autovía hay de media cinco salidas. Más viable y económico sería dar facultades a los médicos para que informen a las autoridades cuando una persona no está capacitada -por edad, enfermedad o por el consumo de un medicamento- para conducir. Ahí entran en conflicto el derecho a la seguridad vial y la privacidad del historial médico, por lo que algo similar tendría que ser regulado con una Ley Orgánica.

Para Santa Cecilia, el camino a seguir es mucho menos imaginativo: «Concienciación para que los conductores extremen las precauciones y miren dos veces en caso de duda y exigencia a los propietarios públicos o privados de las autovías para que indiquen de forma más explícita que el carril es de sentido contrario si no queda claro y es necesario».

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